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20 de mayo 2022 - 21:59hs

El presidente de Chile, Gabriel Boric, comenzó muy rápido el descenso al infierno, lo que se contrapone abiertamente con su vertiginoso ascenso en la política. El adalid de un proyecto político que generó demasiadas expectativas en sus votantes, pierde popularidad por las inconsistencias y desatinos de su administración, alimentando así un ambiente de desesperanza.

Los estudios de opinión pública muestran que el presidente más joven del mundo prácticamente no tuvo la esperable luna de miel. Los números se parecen al de un gobernante con mucho más tiempo de gestión.

Por ejemplo, la encuesta de mayo de Pulso Ciudadano mostró que 61,1% de los chilenos desaprueba la forma en que Boric conduce el Poder Ejecutivo, mientras que un 24% lo aprueba.

También son mal evaluados los ministros: un 63,2% de la población rechaza la gestión de los secretarios de Estado, mientras que un 19,4% los apoya, según este sondeo, difundido el domingo 15.

Un castigo popular tan pronunciado, es una señal de  impaciencia o de desconfianza en  que las políticas públicas o anuncios del gobierno sean apropiadas para encaminar las problemáticas que más aquejan a los chilenos: la delincuencia y la marcha de la economía, particularmente la inflación.

Esta semana, el gobierno no tuvo más remedio que firmar un decreto de estado de excepción constitucional, desbordado por la situación crítica de inseguridad pública en una región del centro y en otra del sur del país, los que nos habla de una conducción sin autoridad y errática.

En el aspecto económico, se proyecta una brutal desaceleración del PIB, a 1,5%, después de un crecimiento de 11,7% del último año de la administración de Sebastián Piñera, inédita suba de la actividad,  aunque la comparación sea con un año anterior recesivo por la pandemia del covid-19.

La inflación anual a marzo subió a 9,4 %, la más alta en tres décadas, una tendencia mundial que afecta especialmente a Chile, sin descartar componentes endógenos.

No somos optimistas en que el capitán del barco trasandino tenga la pericia necesaria ni las ideas acertadas para sortear la primera tormenta de su gestión.

Y no será la única porque se avecina una tormenta perfecta si avanza y luego se aprueba en plebiscito - el 4 de setiembre -  el proyecto de reforma de la carta magna que la Convención Constitucional entregó el lunes pasado para su revisión, antes de enviarla al Poder Ejecutivo.  

Entre las propuestas de más controversia, pero en sintonía con las promesas de Boric, se incluyen: transformación de Chile en un “Estado Plurinacional e Intercultural”; la creación de un sistema de justicia indígena; un Poder Legislativo como un “Congreso de Diputadas y Diputados”; y el establecimiento por ley de un sistema de seguridad social público, que acaba con el régimen imperativo de ahorro individual.

Una mayoría de los chilenos rechaza el proyecto, aunque es clave la votación de los indecisos, según surge de la mencionada encuesta. Pero lo más sorprendente, por las supuestas ilusiones de los chilenos en acabar con la Constitución de la época del dictador Augusto Pinochet, es que 59,9% de los encuestados declara que tiene nada o poca confianza en el trabajo de los convencionales.

Parecería que Boric y su gente necesitan urgentemente un baño de realidad.

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Member Opinión El Observador

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