2 de octubre de 2014 19:12 hs

Hace 20 años Catupecu Machu explotaba en el under porteño con un grito de guerra. Con Dale! convocaron y arengaron a todo un público que venía desde diferentes lugares y tribus urbanas. Todo se unía en el pogo.

Con sucesivos trabajos, la banda de los hermanos Ruiz Díaz se transformó en una de las más importantes de Argentina, tocando en el exterior y ganando premios. Pero con el éxito consolidado, recibieron el golpe más difícil: Gabriel, el hermano mayor, sufrió un grave accidente automovilístico que le produjo pérdida de masa encefálica. Hoy Gabriel está en silla de ruedas, pero lejos de ser el de antes.

A pesar de perder a su hermano, Fernando Ruiz Díaz mantuvo el proyecto vivo y festeja este mojón con una gira que incluye Montevideo y un completísimo box set titulado Veinte Años - El Grito Después, que incluye dos CDs y dos DVDs con un documental que recopila material inédito filmado por la banda.

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Previo a su show del viernes en La Trastienda, Ruiz Díaz habló con El Observador sobre los comienzos de la banda y por sobre todo la música.

Empezaste a tocar la guitarra a los 8. ¿Pediste una guitarra o te la regalaron?

En realidad mi viejo siempre nos daba un libro o algo que estaba más allá de lo que podíamos hacer en ese momento. Calculo que era para motivarnos a subir un escalón más. De chico me regalaba microscopio, herramientas, cosas así. Y en un momento apareció la guitarra. No me acuerdo si me preguntó algo o no. Me gustaba mucho la música. Me regaló una guitarra que estaba buenísima, una Antigua Casa Nuñez Medio Concierto. El instrumento cuando es bueno suena mucho mejor y te da otra cosa. Todo eso desemboca hasta nuestros días.

¿Te acordás de las primeras canciones que sacaste?

Ahí improvisaba yo. Después empecé con un amigo de la primaria que se llamaba Alejandro y su hermano mayor tenía las letras de las canciones y les agregaba los acordes. Los primeros dos acordes que aprendí fueron La menor y Mi mayor. Y después agregué el Re menor. Ahí empezamos a tocar temas de Charly García, una de Spinetta que se llama Durazno sangrando, que es un temazo y de León Gieco. Todos artistas de acá. Siempre estaba experimentando solo.

¿Después fuiste a clases?

Sí, con Gaby íbamos con una profesora que se llamaba Dora Sara que vivía por ahí cerca donde está nuestro estudio. Y me pasaba que, como tengo mucha memoria, yo me aprendía la partitura de oído y no practicaba la lectura. Hacía que la leía. Y no aprendí mucho más que eso. Antes que existiera Catupecu fuimos a un conservatorio. Gaby, más allá que también empezó solo con la guitarra y esas cosas, le dio más bola al estudio. El leía música y era más músico académico. Alguna vez me puse a estudiar guitarra eléctrica y me di cuenta que era lo mismo que ya hacía. Como que se me develaba el misterio.

¿Preferías dejarlo por lo mágico digamos?

Sí. Yo siempre flasheo con que están las musas, la música está en el aire y uno la baja. Te convertís como en un medio. Y eso es la mitad de todo esto. Nosotros somos una banda que crecimos tocando en vivo. Cada vez que tocás son interpretaciones que siempre tienen algo diferente. Y eso depende de tantos factores. De la gente, del lugar, la efusividad del público, lo que a uno le llega.

¿Cuál fue el momento que dijeron con Gabriel, “vamos a hacer una banda”?

Yo tocaba y mis amigos siempre me decían que tenía que tener un grupo. Yo siempre era el músico invitado de sus bandas. Gabriel tenía su banda y todo el mundo me preguntaba “por qué no tocas con ese animal”. El ya era así desde que empezó. Llegado el momento le dije “che, podríamos hacer algo” y ahí él me dijo la famosa frase “yo ya estoy, faltas vos”. Ahí arrancamos a armar nuestro estudio para vivir un poco de eso. Así empezó todo un universo nuevo. Alquilábamos nuestra sala de ensayo, y un año después nace Catupecu. Y después pasó todo este ruido que hicimos y seguimos haciendo.

Su nuevo box set se llama El grito después. Dale!, su primer disco, ¿sería el primer grito?

Sí, de alguna manera tiene ese sentido. “El grito después” es una frase que me surgió escribiendo el tema del tema nuevo del compilado. Dale! justamente tenía la consigna “escuchá, mirá, gritá”. Y sí, este es el grito después de 20 años. Es nuestra forma de gritar.

¿Qué te acordás de esa época, de los primeros shows en vivo?

Fue muy copado, muy alucinante nuestro inicio. Recuerdo mucha energía. Éramos una de las bandas que más tocábamos en todos lados. Apenas empezamos nuestros shows empezaron a dar que hablar, por así decirlo. Nos llamaban de lugares chicos para pedirnos que no vayamos porque llevábamos demasiada gente. Nosotros nos criamos entre el estudio y el show en vivo. Tuvimos una sala incluso antes de tener a Catupecu. Fue alucinante porque se iba pavimentando todo junto. El vivo se metía en la grabación. Creo que ahí sucede algo muy particular de Catupecu.

Me contaron que había graffitis de Catupecu incluso antes de que saliera el disco.

¡Sí! Era simpático. Teníamos la consigna de pintar en paredes que ya estaban pintadas. Salíamos de noche con el auto o Gaby en bicicleta. Hay algunos que siguen estando. Era alucinante. Para nosotros esto siempre fue algo serio, en el sentido de la dedicación. No es que las cosas se dieron. Cada estación del viaje, sea escribir, grabar, tocar, las vivimos como algo profundo. Serio en ese sentido.

¿Profesional?

Sí, creo que lo profesional surge de la dedicación. Vivimos lo que hacemos de una manera grossa. Al ser así se profesionaliza porque querés ahondarte y llegar más a la raíz, sonar mejor, comprar más instrumentos para tener más posibilidades. Profesional significa que te dedicás a tu profesión. Y esto es mucho más que eso. A las musas les importa encontrar un buen lugar para vivir. La música parece tener muchas ganas de estar con nosotros, porque sino no hubiera pasado tanto tiempo con nosotros. Hay tanta gente que sigue descubriendo a Catupecu incluso con nuestros últimos discos.

Pasando a Cuentos decapitados, el siguiente disco. ¿Qué tan importante fue para ustedes el video de Y lo que quiero es que pises sin el suelo?

Nosotros somos de una época en la que el video era incuestionable. Nosotros lo tratamos de ver siempre desde el lado artístico. A veces lo logramos, a veces no, tanto en los videos como en las canciones. Con Y lo que quiero… fue en realidad muy loco porque cuando salió fue muy controversial, porque era un tema al palo con un video que no arrancaba nunca (risas). Entonces la gente flasheó y nos re puteaban. Cuando salió Cuentos decapitados la gente esperaba Dale! 2 y en realidad fue ahí cuando cimentamos la base de lo que somos, que es hacer siempre algo diferente. El primer corte fue Perfectos cromosomas y la gente decía “che, ¿ésto cómo se baila?”. Hoy en día es un tema increíble y de hecho lo vamos a tocar en La Trastienda. Y cuando sale el segundo corte que fue Y lo que quiero… no lo pasaban las radios y recién al año siguiente gana todas las encuestas como tema del año y video del año. Y cuando salió no lo entendía nadie y nos re puteaban. Ganó hasta el astronauta de MTV, fue muy loco lo que pasó. Pero el tema que explota en ese disco es Eso vive, ahí fue algo imparable y descomunal. No nos tomó tan por sorpresa porque desde que empezamos llevábamos mucha gente y nuestros discos se vendían, pero fue tremendo. Ahí cobró más importancia Y lo que quiero… y son temas que es imposible no tocar en vivo.

¿Ahí fue la primera vez que tocaron en Obras Sanitarias?

Sí, a fines de 2002 tocamos en Obras, que era el templo del rock. Si llegabas ahí eras grossísimo. En ese momento todos los artistas cancelaban las fechas por la crisis, y nosotros íbamos a hacer dos shows. Terminamos haciendo uno porque la gente estaba comprando entradas. Quedó documentado en el DVD Eso vive, justamente. Ahí después nos fuimos en nuestra primera gira. El primer país a donde fuimos a tocar afuera fue Uruguay.

Su primer show fue en Plaza Mateo, en 2001.

Recién había salido el video de Y lo que quiero… exactamente. Fue increíble. La gente se acuerda de ese show más que nosotros. Yo me acuerdo de subirme arriba de unos techos con Gaby. Somos muy amantes de Uruguay, de hecho lo único que nos queda pendiente es hacer un viaje en moto. Plaza Mateo era un lugar hermoso, cada vez que paso y lo veo vacío me pregunto por qué no lo arreglan y hacen un centro cultural. Y después tocamos en una discoteca por ahí.

En W.

Exactamente. Tenía un escenario hermoso. Después tocamos también en el Pilsen Rock (de 2007), que tocaban un montón de bandas. Con Gaby tocamos en un lugar alucinante en La Pedrera (en Festival Vox Pop). Fue el último show que hizo en Uruguay. Fue muy lindo. Tantos recuerdos hermosos. En un cumpleaños mío después del accidente tocamos en Punta del Este. Cayeron mis amigos de sorpresa y fue un momento increíble. Me gusta tocar en mi cumpleaños y era el primero que lo pasaba sin Gaby.

Ya en Cuentos decapitados introdujeron el factor electrónico, que se consolida con Cuadros dentro de cuadros. ¿Fueron muy duras las críticas?

Sí, imaginate. Cuando salió Cuadros dentro de cuadros nos habíamos separado de Abril (Sosa), cambiamos de baterista, a Gabriel se le ocurrió no tocar más el bajo y encima usábamos máquinas. Nos dieron con un caño mal. Cuando sale un disco nuevo salen hordas de personas diciendo “esto no es Catupecu”, y después termina viniendo cada vez más gente (risas). Esa fue la vez que más nos criticaron. Al año se decía que si no habías entendido Cuadros dentro de cuadros eras un boludo. Eso me lo dijo un periodista de acá de mucho renombre. A la gente le cuesta. Hay mucha música que está hecha para vender y no hecha desde la esencia del espíritu. Por algo Arjona acá llena tantos estadios. Ojo, son enfoques diferentes de la música. Nosotros estamos más ligados a otro tipo de manifestación artística. Son dos cosas diferentes. Me gusta que el público cuestione todo y diga lo que le gusta y lo que no.

Luego de El número imperfecto es que sucede el accidente de Gabriel. Unos meses después sacaron el video de Plan B: Anhelo de Satisfacción, que refleja muchísimo el estado de la banda.

Sí. Ese video lo grabamos un tiempo después del accidente. Por lo que sucedió con este gran tema de Massacre y la repercusión de la gente, quisimos sacarlo como corte. Justamente una de las personas que estuvo esa última noche con Gaby fue Ivan Gierasinchuk, el director de fotografía del video, gran seguidor de Catupecu. Nosotros no sabíamos pero siempre nos iba a ver y se paraba al lado de Gaby. Esa noche casualmente se cruzaron y hablaron un montón. Y ahí le cuenta la idea para un video. Nos imaginaba como dos samuráis. Él evolucionó esa idea y se le ocurrió hacerlo en desierto. Fue muy extraño para mí hacerlo, porque era muy reciente al accidente. Carlos le dijo a todo el mundo que me dejara solo. Ese video ni siquiera tiene una actuación. Son imágenes mías en el desierto con el samurái, y era eso: batallar en el medio del tormento. Creo que es video que más refleja un momento instantáneo de Catupecu. Empecé esto con Gaby y en ese momento no podía estar con él.

Ese grito de “me haces falta” es desgarrador.

Sí, es terrible. Hay tantas cosas que parecen que fueran premonitorias. Fijate que la letra de Batalla, de Cuadros dentro de cuadros, que parece haber sido escrita después del accidente. Nosotros vivimos una vida extrema con esto que hacemos. Parece un deporte extremo. En este tiempo falleció el Negro García López que es una tristeza enorme. Falleció Gustavo (Cerati), y antes Gaby tuvo el accidente. Lo que hacemos tiene un nivel emocional que es fuertísimo. Es nuestra manera de vivir la vida. Por eso será que después del accidente igual seguimos.

¿En algún momento te planteaste parar?

No porque no podía. Sería parar el mismo pulso de la vida. Es como decirle a una chita que corra despacio, a un hipopótamo que no nade o a un pájaro que no vuela ni cante. Por eso te digo que esto es mucho más que una profesión para nosotros. Es algo sincero. Y justamente eso se vio más después del accidente. Esto no es una estrategia para vender discos y yo sé qué hay que hacer para lograrlo, pero sería deshonesto con la manifestación artística. Y para eso ya hay un montón de pseudo artistas.

¿Y qué es Catupecu hoy?

Somos un grupo de personas que fue mutando siempre, como un mutante tipo X Men. Que va viajando por universos desconocidos, y que captura energías que se manifiestan en música. Siempre fuimos muy inquietos y ávidos de conectar. Y creo que la música es eso, la conexión. Por eso en los grandes shows es cuando se da una ceremonia alucinante entre la gente y el artista.

Después de 20 años y siete discos, ¿qué les faltaría?

Nos pasamos estos 20 años tocando en todos lados, y nos gustaría poder llegar a Europa. O ir a La luna también (risas). Gaby en el documental aparece diciendo “¿te imaginás un salto en la luna? Arrancás hoy ¿y cuando terminás?”.

Las entradas para el show del viernes están a la venta en Red UTS y boletería de la sala a $600 las generales y $800 las preferenciales.

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