Opinión > Editorial

El mensaje de Francisco

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10 de febrero de 2020 a las 05:00

Un discurso del papa Francisco en torno a la buena política  económica, el miércoles 5, se transformó rápidamente en un asunto de interés mundial y de controversia en centros de poder sobre el que vale la pena reflexionar.

El Santo Padre, en una intervención en el Taller Nuevas Formas de Solidaridad, organizado por la Pontificia Academia de las Ciencias Sociales, en el que participaron representantes de organismos internacionales y líderes financieros y económicos del mundo, habló de la enorme injusticia que supone la “inequidad universal” en un mundo paradójicamente rico –donde millones de personas sufren calamidades y violaciones a derechos humanos básicos–, sobre lo cual todos tenemos la responsabilidad de hacer algo. 

Compartimos con el papa de que son problemas posibles de resolver –porque no se trata de falta de recursos sino de una actitud equivocada ante el drama social–, atacando las “estructuras del pecado” que hieren el valor del bien común.

Por ejemplo, como dice el pontífice, políticas de recortes de impuestos que solo favorecen a sectores de ingresos altos; la existencia de paraísos fiscales; y la corrupción.  Esas medidas desatinadas o de  notorias malas conductas golpean ingresos fiscales de los Estados que podrían destinarse a mitigar la desigualdad. 

En ese marco, Francisco planteó “exigencias morales” que son necesarias atender y específicamente se refirió al pago de la deuda externa, sin que ello signifique “sacrificios insoportables”. El pago de la deuda –dijo– debería incluir medidas de “alivio” o de “reestructuración” cuando pueda provocar una asfixia económica que desemboque en males mayores. 

Es por eso que pidió a los organismos multilaterales de crédito que cuando asesoren a los gobiernos incluyan los conceptos de justicia fiscal, de presupuestos públicos responsables en su endeudamiento y la necesidad de la integración efectiva de los más pobres a la sociedad.

En Argentina hubo una lectura parcial de las palabras de Francisco al ponerse solo énfasis en la necesidad de negociar el pago de la deuda, algo que fue muy bien recibido por el ministro de Economía, Martín Guzmán, presente en la cita, cuyo gobierno está en plena renegociación de sus obligaciones con el Fondo Monetario Internacional (FMI).

Pero el papa también planteó una crítica a las administraciones insensatas sobre la que nadie se quiere poner el sayo: gobiernos con una política fiscal irresponsable y de un plan de endeudamiento inarmónico en relación a los ingresos del Estado.

El mensaje completo del papa fue profundo y ecuánime respecto a la inacción o mala gestión de la política. Quizá ello explique el reconocimiento explícito que hizo Kristalina Georgieva, directora gerente del FMI, al Santo Padre durante su intervención en el taller.

“En palabras del papa Francisco, ‘la primera tarea es poner la economía al servicio de los pueblos’”, dijo Georgieva, y ello hoy significa crecimiento inclusivo, integración mundial justa y acciones por el clima.

Y la primera tarea empieza por casa: gobiernos con una política económica responsable en términos fiscales; un plan de igualdad de oportunidades; y el combate frontal a la corrupción. 
Son tres acciones de una verdadera cultura de la solidaridad que también comparte el papa Francisco.

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