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El miedo a volar se puso de moda

Dos accidentes catastróficos pusieron a prueba la credibilidad de Boeing y de las aerolíneas

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27 de marzo de 2019 a las 05:04

Siguiendo una lógica si se quiere extrema, que a más de uno podrá inquietar, o bien generará comentarios de los que ustedes dejan debajo de esta columna, me animo a afirmar que para las mayoría de las aerolíneas del mundo la prioridad principal es generar ganancias, mantenerse a flote en un difícil negocio caracterizado por la volatilidad, eso, antes que garantizar la seguridad absoluta de los pasajeros. Los dos accidentes sin sobrevivientes, ocurridos en un corto periodo de tiempo entre uno y otro, y que tuvieron como fatal protagonista al modelo Boeing 737 MAX, destaca a primera vista negligencia de ambas partes, las aerolíneas y la fabricante de los aviones considerados hasta antes de los accidentes mencionados, como los más seguros del mundo.

Con una presión enorme por parte de los accionistas, que no solo exigen supervivencia comercial sino también ganancias al por mayor, las aerolíneas están haciendo todo lo posible para minimizar pérdidas y maximizar la entrada de divisas. Ya sea cobrando tarifas insólitas a los pasajeros por las maletas despachadas o por el más mínimo sobrepeso que pueda haber en ellas; cobrando fortunas por hacer un cambio de fecha o de vuelo en el mismo día (aunque las aerolíneas puedan destratar al pasajero con impunidad sin pagar ningún tipo de indemnización); eliminando casi por completo el servicio a bordo de comida y bebidas; y utilizando aviones de dos turbinas para vuelos largos, transatlánticos, algo que en la década de 1970 se consideraba como imposible, y que podría acarrear riesgos de seguridad.

El relato, sin embargo, ha cambiado, y la mayoría aceptó mansamente, porque no había otra, que los grandes y en ocasiones turbulentos aires transoceánicos podían se cruzados con aviones bimotores. Si fuera verdad que es tan seguro hacer largos viajes con naves de solo dos motores, el presidente estadounidense volaría en aviones Boeing 767 o 777, y no en un 747 que la empresa Boeing seguirá fabricando especialmente para él, pues encima del Air Force One se siente más seguro que en el bunker de la Casa Blanca, tal como se sintió George W. Bush a los pocos minutos de que le informaran de lo ocurrido en su país el 11 de septiembre de 2001. El presidente chino Xi Jinping solo viaja en el Boeing 747 que por fuera tiene el logo de Air China, yAngela Merkel utiliza un A340-300 VIP Airbus, también de cuatro motores.

La coartada –una a la que yo no le creo-, sirvió para adelantar la eutanasia del avión más seguro que se ha fabricado, el Boeing 747, fortaleza aérea que no solo ofrece confort y amplitud interior, sino que convence a las primeras de cambio de que es garantía de seguridad en las alturas. Viví varias peripecias no demasiado agradables encima de diferentes Jumbo Jet de Pan Am debidas a las condiciones climáticas, entre otras una terrible tormenta en el Caribe, y de cada una de ellas entré y salí con la convicción de que a la nave, por su sólida estructura y por las cuatro turbinas que tenía, nada iba a sucederle, como no sucedió. Con ningún otro avión he sentido esa seguridad.

Sin embargo, el magnífico 747 es ya historia. Las pocas aerolíneas que todavía lo utilizan y que figuran entre las mejores del mundo –British Airways y Korean Air, dos de ellas- lo irán retirando de servicio a corto plazo. No hay que culpar al costo del combustible por el final de una era marcada por la seguridad aérea.

Con modelos como el 747, el 707, el 727, el 737 y el 757, Boeing construyó durante décadas un prestigio único y extraordinario que ha rozado lo inmaculado.  Desde que William Boeing la fundara en 1916, el objetivo principal de la empresa ha sido la excelencia en todos los rubros, sobre todo, garantizar a la humanidad que podía sentirse segura al subir a cualquier avión de la marca, sea para realizar un viaje corto o uno largo de los que parecen interminables.

Fueron décadas y décadas de labor pionera y creíble, que convirtieron a la Boeing en una de las 20 empresas del mundo “más admiradas”, según la revista Forbes. Con los avances tecnológicos, pareció que dicho prestigio sería para siempre. Hasta que pasó lo que acaba de pasar y que ha dejado una mancha enorme, tanto en la empresa fabricante, como en las aerolíneas, pues ninguna detectó a tiempo el problema que en los controles presentaba el flamante modelo, el cual salió al mercado con el aura de ser una de las maravillas tecnológicas más recientes, por representar confort, seguridad y eficacia, y sin embargo, miren lo que ha sucedido.

La credibilidad de Boeing, como la de las aerolíneas, ha quedado seriamente afectada. Llevó más de un siglo convencer a los incrédulos que el avión es el medio más seguro de transporte, pero una barrabasada realizada en complicidad por varias partes, tiene a la mitad más uno del mundo nerviosa, temiendo que el próximo avión en el que va a viajar, por más nuevito que parezca, puede estrellarse en cualquier momento.  Deberá pasar tiempo, creo yo bastante, antes de que ese negativo sentimiento colectivo desaparezca.

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