11 de abril de 2011 18:58 hs

Por Martín Olaverry, especial para Observa

Hace poco más de veinte años, Chile exportaba semillas por U$S 5 millones de dólares. Hoy la cifra trepó a U$S 218,5 millones a lo que se deben sumar unos U$S 120 millones de producción para el mercado interno.

¿Cuál es el secreto? Todos coinciden en señalar a la interacción que han logrado alcanzar el sector público y el privado.

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Mario Shindler, de la Asociación Nacional de Productores de Semillas de Chile (Anpros), explicó que el despegue de la producción de semillas en su país fue producto de la interacción de empresarios chilenos con empresas extranjeras y el apoyo recibido desde el sector estatal.

“En el hemisferio sur podemos producir a contra estación, eso le sirve a las empresas del hemisferio norte y encuadra en sus esquemas de producción. Chile no tiene lluvias en el verano y las condiciones de humedad ambiental son muy bajas. Hay poca presencia de enfermedades y la lluvia que se acumula en la cordillera en forma de nieve permite tener un riego seguro todo el año”, indicó.

Explicó que Chile definió una estrategia basada en las exportaciones, fundamentalmente las agropecuarias, desde hace mucho tiempo. “El gobierno y el sector privado en Chile son socios. Cumplen el mismo objetivo y es que el país pueda exportar más. Hay agilidad de trabajo, cumplimiento de plazos y metas comunes”, dijo.

Los únicos transgénicos permitidos son para la producción de semillas. Shindler explicó que la agricultura de semilleros es en general de contrato, y también hay empresas multinacionales que contactan a empresas productoras de semillas y éstas hacen los contratos con los agricultores.

En cuanto al volumen de exportación, señaló que el 53% corresponde a las multinacionales y el resto a la nacional. Anpros unifica a más del 90% de los productores de Chile.

Por su parte Rodrigo Villaseca, de Monsanto, dijo que en el sector privado “se han aprovechado las oportunidades que ofrece Chile desde el punto de vista ambiental y normativo. Eso hace que la inversión allí sea muy atractiva. También ofrece por su estructura la posibilidad de trabajar a través de las empresas locales y reducir así la inversión directa. Es un modelo que permite a una transnacional acercarse al país, tomar contacto con productores, realizar sus proyectos y después levantar estos productos del mercado nacional”, sostuvo.

“Tenemos una conversación franca, directa y cooperativa con el gobierno de Chile”, dijo. Consultado sobre Uruguay, sostuvo que el país tiene “todo el potencial”. “Hay normativa adecuada, la institucionalidad tendrá que adaptarse para funcionar mejor y tal vez falte capacidad instalada. Hoy día Uruguay es una oportunidad clara que queremos explorar”, afirmó.

El Ing. Daniel Bayce, de la Cámara Uruguaya de Semillas, dijo que lo que ocurre en Chile “da un poco de envidia” pero es viable en Uruguay. “El tema hoy es posicionar a Uruguay como un país confiable y catapultar a las semillas para la exportación, y para eso la confianza es la pieza clave. Sin confianza, por mejores condiciones que se ofrezcan, no hay forma”, dijo. “Tenemos que aprender porque Chile ofrece confianza”, remató.

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