14 de noviembre de 2014 20:41 hs

El efecto del sol fuerte en Maroñas hace que dentro del stud esté oscuro. Y dentro de esa oscuridad se mueve otra, equina y sutil. El caballo muerde un poco el freno y mueve un instante la cabeza. Entonces, una pizca de luz le hace brillar un ojo.

Su entrenador toma las riendas y la hace salir del box. El cuerpo uniforme toma sus líneas y ya se recorta la figura del potrillo. Las herraduras chascan el piso de cemento del stud, hasta que el animal atraviesa la puerta y queda expuesto a la luz total: es un zaino (del árabe sain, negro) elegante, alto y con unos cuartos traseros poderosos, que exhibe toda su belleza en la tarde de Maroñas. Es Sir Fever, el nuevo campeón de la Triple Corona, el mejor caballo que ha dado Uruguay en muchos años.

Desde la reapertura del Hipódromo de Maroñas en 2003 no ha habido otro caballo que haya tenido los récords y las marcas de Sir Fever, que ha logrado superar a nivel interno incluso al gran campeón Invasor.

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Hace una semana, Sir Fever obtuvo la Triple Corona, por haber ganado las tres exigentes carreras que lo componen: la Polla de Potrillos, el Gran Premio Jockey Club y el Gran Premio Nacional.

Es el caballo del momento, es un diamante negro de todavía no se sabe cuántos quilates, sostenido con firmeza por cuatro largas patas que culminan en vasos brillantes a la luz.

El caballo es un potrillo. Mientras posa para la cámara tira mordiscos, zoncea con el freno y juguetea mostrando en la sonrisa sus dientes pequeños, buscando algún mimo. Es que tiene apenas tres años y es como si fuera un cachorro de perro. Uno de los herreros le afila las herraduras, para evitar el riesgo de resbalar en el piso húmedo.

Pero apenas hay tiempo para algunas pocas fotos, porque el esmero es extremo. Según los cuidadores el sol le eriza el pelo oscuro a Sir Fever y lo despeina, y entonces debe volver a la sombra.

Pero, ¿cuál es la historia de este caballo adquirido por US$ 7.400 en uno de los tantos remates que se realizan en Maroñas y que hoy sus dueños cotizan en US$ 1,5 millones?

Intuición y fortuna

Sir Fever nació en 2011 en el haras NA, ubicado en la zona de Sauce de Mansavillagra, en Florida.

El año pasado, en el marco de uno de los remates que se realizan en el salón Tattersall del Hipódromo de Maroñas se encontraba el domador melense Edinson Cor, alias “Calunga”.

Según confesó a El Observador, de sus 33 años de vida, Cor, hermano de dos jinetes, ha estado “más de treinta arriba de los caballos”.

Con esta sapiencia de la experiencia, apenas tomó a Sir Fever de las riendas, Cor notó algo especial. “Le vi algo al caballo, un no sé qué que me llamó la atención porque era distinto a todos los caballos”, cuenta.

En ese momento, Sir Fever era un potro todavía salvaje, sin domar. Enseguida Cor se lo ofreció a Jorge Avelino Píriz, exjockey y actual entrenador, responsable del stud Oro Negro, donde Píriz trabaja con sus hijos, toda la familia oriunda de San Carlos.

“¡Loco, tú me querés hacer la doma!”, le dijo entonces Píriz a Cor, aduciendo que quería ganarse unos pesos por ese caballo. Píriz ya había comprado otros ejemplares y no le hizo caso. Pero Sir Fever sí llamó la atención de Paola Rosas, pareja de Federico Píriz, jockey de Oro Negro e hijo de Jorge Píriz.

Hija de un empresario que tiene canchas de fútbol 5 y una tienda de video juegos, Raúl Games, en 8 de Octubre y Serrato, Paola Rosas, de 25 años, no es una experta en caballos. Si bien concurre desde hace casi una década a Maroñas como aficionada (allí conoció a Federico) Sir Fever es su primer caballo y se puede decir que sacó la lotería. Lo pagó US$ 7.400 y le otorgó la doma a Cor, que lo llevó a un campo en Pando.

“Es un caballo dócil, de una calidad bárbara, que aprendió rápido a frenar”, explica el domador. Basta con mirarlo dentro del box del stud. Es un gigante un poco infantil, vivaracho pero enseguida calmo, como tomándole el tiempo al aire que respira en la penumbra.

El debut de Sir Fever fue el 6 de enero de 2014, la célebre fecha del Gran Premio Ramírez, pero corriendo en una carrera tempranera, bastante antes del glamour.

Ese potrillo cruzó como una ráfaga oscura bajo el sol de enero y por apenas 10 décimas de segundo no bajó el récord de los 1.000 metros, que está sobre los 56 segundos.

Eso fue hace solo 11 meses. Parece mucho pero es muy poco tiempo. Luego, entre el otoño y el invierno la serie de victorias fue en escalada. En el premio Criterium logró batir el récord de Maroñas.

Y la primavera siguió floreciendo con más victorias para el zaino de Florida.

Siempre con la monta de Federico Píriz, Sir Fever se adueñó de la Triple Corona, cosa que muy pocos caballos han logrado en Uruguay.

Según su entrenador, Jorge Píriz, Sir Fever es un caballo “completo”, que posee una gran zancada y que es capaz de correr bien en cualquier sector de la pista, desde los palos a la tercer línea exterior, o sea por afuera, y son muy pocos los capaces de aguantarle las arremetidas.

La rutina del campeón

Sir Fever se despierta todos los días muy temprano. Apenas comienza a clarear y sus orejitas atentas salen por el box.

Todos los días sobre la hora 6.30, Jorge Píriz lo saca del stud y lo lleva a la pista para trotes de práctica y sus galopes.

“Elegimos esa hora porque hay pocos caballos en la pista y se puede trabajar con mayor comodidad”, cuenta.

Luego de la práctica el caballo vuelve a su box y come: maíz, alfalfa y avena componen su dieta.

Una vez a la semana lo varean para que no pierda el ritmo ni la energía previa a las carreras.

Claro que hay otros cuidados, como los que le brindan los veterinarios, los herreros y otros jockeys.

El caballo duerme desde la hora 19 hasta el amanecer del otro día, cuando realiza los mismos movimientos, con una gracia casi inigualable.

Como es un caballo muy joven, todavía necesita tiempo para desarrollarse, para que terminen de crecerle los huesos y el potencial de músculos. Pesa 540 kilos y aún tiene tiempo de ganar en potencia y por ende en velocidad.

Píriz padre quiere que el caballo corra el premio Comparación en diciembre como la mejor forma de prepararlo para el premio gordo y el mayor motivo de desvelo de los burreros en Uruguay: el Ramírez, para el que hoy Sir Fever es favorito absoluto.

Pero ni Paola Rosas ni Federico Píriz quieren que corra el Comparación. En ese particular triángulo entre padre, hijo y nuera el caballo se mantiene en medio a la espera de que lo hagan correr, como un niño a la espera de un chupetín. Tienen entre manos una mina de oro pero deben saber administarla, porque siempre existen riesgos. Los caballos son seres muy frágiles: se pueden quebrar como agujas o pueden morir de un infarto por exceso de esfuerzo.

Sir Fever está a la venta si alguien pone un millón y medio de billetes verdes. Puede aparecer un árabe, como con Invasor. O no.

En este momento de encrucijada se encuentra el mejor caballo en varias décadas.

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