En el parque Lecocq hay una cebra llamada Conflicto y otra Gremial. Sin embargo, fueron los babuinos los que se organizaron, tomaron el control de su jaula y dentro de un mes serán reubicados hacia nuevas y más grandes instalaciones.
Los cuidadores ingresan al encierro todas las mañanas para dejarles la comida, pero intentar tocar a uno de los animales puede resultar fatal. “Son agresivos. Si necesitás agarrar alguno porque está enfermo, la población entera te ataca”, contó Álvaro Modernell, veterinario del parque Lecocq.
Por eso, el nuevo encierro incluye cinco habitaciones destinadas a enfermería e internación, los cuales tienen una puerta de hierro que conecta directamente con el espacio a cielo abierto donde habitarán los monos.
La otra novedad es un espacio cerrado y techado, con piso de cemento, donde los cuidadores podrán colocar la alimentación de los monos, integrada principalmente por carne, leche, frutas, verduras, harina y alimento balanceado de perro. Después de dejar la comida, los funcionarios dejarán entrar a los simios, por lo que se limitará su contacto directo con el grupo.
Además, cuando los babuinos terminen el banquete y se retiren, el espacio podrá asearse sin dificultad.
Momento crítico
Modernell es uno de los que está planificando la mudanza de los babuinos. La obra del nuevo encierro, para el cual se realizó una licitación de casi $5 millones a fines del año pasado, está en los últimos detalles. Lo más grande que le está faltando es la electrificación de la reja interna y la colocación de las piedras.
Esas rocas dispuestas en forma piramidal no solo son el refugio de los animales, sino un hogar que refleja “la estructura jerárquica que tienen los distintos harenes dentro de esa ciudad”, explicó Modernell.
Esa misma estructura de convivencia es lo que dificulta el traslado. La idea es construir una jaula adentro del encierro actual con alimentos, para que los animales entren de a grupos a comer. El problema es que no da igual qué monos entran en cada tanda ni cuántos días pasan entre que comienza la mudanza y termina.
La unidad social básica de los babuinos es el harén, formado por un macho líder que ejerce el control sobre una cantidad de hasta 10 hembras y sus crías. Si en la mudanza se coloca a un macho dominante con otro, se pelearán y lastimarán. Si se separa a una hembra de su harén, otro la tomará como propia y habrá un nuevo conflicto cuando llegue el resto del grupo.
“No te podés equivocar”, dijo Modernell, quien contó que están planificando el traslado para que dure menos de una semana.
Una de las primeras medidas que tomarán los funcionarios tras la mudanza será el control de natalidad, a través de castraciones, vasectomías y hasta píldoras anticonceptivas. La idea es ir disminuyendo la población hasta llegar a 60 ejemplares, cantidad suficiente para tener garantizada la variabilidad genética por unos 100 años, contó el director del Lecocq, Eduardo Tavares.
En breve se sabrá qué tanto les gusta su nuevo hogar. Por lo pronto, en el anterior se sintieron tan a gusto que, a pesar de estar lejos de su África natal, en 30 años la cantidad de babuinos aumentó 400% y se convirtieron en los reyes de Santiago Vázquez, a escasos metros de los reyes de la selva. $ 40 cuesta la entrada al parque Lecocq en auto. Para los visitantes a pie, es gratis