24 de mayo de 2014 20:53 hs

Cruzar la calle sin mirar, a mitad de cuadra entre vehículos o con el semáforo en rojo, casi siempre corriendo porque se llega tarde; o llegar en moto o en bicicleta sin casco son las conductas de riesgo más extendidas entre los escolares. A esto se suma una congestión importante frente a los centros educativos y una escasez de estacionamientos que hacen más difícil la entrada o la salida de clases.

En 2013, 62 menores de 18 años perdieron la vida en siniestros de tránsito. Si bien los datos recabados por la Unidad Nacional de Seguridad Vial (Unasev) no permiten realizar una asociación directa con el entorno educativo, muchos peatones y pasajeros de motos murieron en horarios que pueden dar la idea de que ése fue su punto de salida o era su destino. De aquellos, cuatro fueron peatones, dos viajaban en bicicleta y 10 iban como pasajeros en una moto.

“Los niños diariamente están expuestos a la imprudencia de los mayores”, afirmó Paola Diegues, líder de Relaciones con el Gobierno y Nuevos Proyectos de 3M Argentina, en el panel Vías de tránsito y movilidad más seguras del Primer Foro Internacional de Seguridad Vial Infantil (Fisevi), donde se debatió la seguridad del entorno escolar.

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Una visita a la hora de entrada de la escuela Nº 230 de Paso Carrasco da un ejemplo: varios niños llegan en moto sin casco; muchos con sus hermanos a bordo del vehículo, o en bicicletas.

Uno de los problemas que encuentran los especialistas en infraestructura y seguridad vial que expusieron en el Fisevi es que los barrios han crecido alrededor de las escuelas, por lo que se aumentó el flujo de vehículos y, con esto la velocidad, sin que se adecue la red vial para hacer más seguro el camino de los niños. En Montevideo, la única medida que se adopta es la colocación de los eternos (y abollados) carteles de Alejandro Vascolet.

“No podemos poner un inspector en cada escuela”, dijo a El Observador el director del Departamento de Movilidad Urbana de la Intendencia de Montevideo, Néstor Campal, quien reconoció que el tránsito se vuelve caótico pero que solo tarda media hora en disiparse el efecto. Por el momento, no se estudia ninguna intervención ya que, a juicio del jerarca, gran parte del problema es de índole cultural. “Los padres estacionan en cuarta fila”, comentó.

No obstante, los expertos consideran que se pueden implementar varias medidas, incluso de bajo coste, para garantizar la seguridad.

Un factor de riesgo asociado al tránsito hacia las escuelas y liceos es el horario. La hora de entrada a la mañana, en especial en invierno, es uno de los momentos de menor visibilidad del día; al tiempo que el tamaño de los niños no los convierte en sujetos “visibles” para los conductores.

En otras ciudades se recomienda a los peatones a usar material reflectivo tal como se exige ahora a los motociclistas. En la pequeña localidad de Nerón, en el norte de España, recientemente se ordenó a los adultos mayores a portar algún elemento reflectivo con el objetivo de reducir el índice de fallecidos por atropellamiento. En la calle Cavia, donde funcionan cinco colegios en una cuadra, todos los alumnos llegan a sus clases tras transitar por la misma vía. “A las 8 de la mañana y a las 4 de la tarde es imposible”, dijo un portero. En esas horas no hay lugar para estacionar. Tampoco existen espacios para garantizar un cruce seguro ni semáforos en las esquinas.

El ingeniero vial Lucas Facello tiene experiencia en diseñar entornos escolares seguros en las provincias argentinas de Córdoba y Santa Fe. Un caso exitoso es la reforma del colegio cordobés Gabriel Taborín donde se modificó toda la circulación de los vehículos para el ascenso y descenso de los alumnos.

Consultado por El Observador, explicó que cualquier proyecto depende de la ubicación del instituto, el tipo de la vía de acceso, la cantidad de alumnos y los horarios de funcionamiento, entre otras variables, pero que todo cambio debe iniciarse con un curso de educación vial para docentes y encuestas a todos los involucrados para conocer las buenas y malas prácticas de quienes acuden allí a diario: desde los padres y el transporte escolar hasta “el quiosco de enfrente”.

Una vez que se obtiene esa información se puede diseñar un plan que puede incluir la racionalización de la señalización hasta el cambio de los horarios de entrada y salida de los centros de estudio; o que se conserve la puerta principal para la salida pero que el acceso de los alumnos sea por una calle lateral; además de la instalación de vallas en las puertas de acceso y el pintado de cebras en las esquinas

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