"Doctor, ¿usted sabe que se descubrió un tratamiento para el reflujo?”, pregunta la paciente, mientras agita frente a los ojos del gastroenterólogo un papel en el que imprimió el último gran avance que encontró en internet. En otro consultorio, otro paciente consulta al oncólogo qué opina sobre la homeopatía que le recomendó una vecina. Aunque ya empezó a tomarla, aún le importa lo que le diga el médico.
La túnica blanca y los ocho, 10, 12 o 15 años de formación universitaria aún pesan. Pero los médicos saben que sobre su terreno vienen avanzando algunos fenómenos contemporáneos a los que parece necesario poner freno.
Esta semana hubo varias noticias en ese sentido. El lunes, luego de que El Observador informara que el Ministerio de Salud Pública (MSP) había prohibido la comercialización de las gotas GS (ver apunte), la cartera anunció que antes de que culmine el período de gobierno habrá una ley que regulará el ámbito relativo a la homeopatía y las tinturas madre que se usan para elaborarla.
Al día siguiente el Colegio Médico del Uruguay (CMU) lanzó el debate sobre la recertificación, con el que en 2014 se intentará acordar un sistema que utilice un único criterio para asegurar que un médico se mantiene actualizado en sus conocimientos, ya sea a través de congresos, trabajos científicos, cursos o jornadas académicas.
Esa misma noche el Sindicato Médico del Uruguay (SMU) inauguró la novena Convención Médica. Los médicos se proponen trabajar durante el año próximo para sugerir al sistema político ideas sobre cómo mejorar la calidad de la atención. Los ejes de discusión serán cómo saber cuáles son las técnicas más actualizadas, cómo mejorar la formación de los médicos, en qué condiciones están trabajando y qué insumos informativos faltan para tomar decisiones al respecto.
En tanto, el martes se presentaron los resultados de una investigación sobre el acceso, uso racional y dispensación de medicamentos, coordinado por la Organización Panamericana de Salud. El estudio mostró que uno de cuatro medicamentos que necesitarían receta médica para ser adquiridos en las farmacias se compra sin ese requerimiento. El dato evidencia la falta de control y fiscalización, a la vez que refleja otra preocupación médica: la automedicación. La directora general de Salud, Marlene Sica, anunció que tomará la cifra como insumo para las políticas que se diseñen en el MSP.
La consulta en la web está vinculada a la automedicación. “Es preocupante”, dijo a El Observador el profesor de la cátedra de Farmacología, Gustavo Tamosiunas. Hay una “intoxicación” de información en internet. “Una cosa es que el paciente se informe y otra es que dé crédito a todo lo que lee”.
A la tentación de poner en el buscador la palabra clave (“psoriasis”, “acidez”, “tortícolis”) y adoptar el “tratamiento” indicado, se le agrega el estímulo de la publicidad. “Es claro que se sugiere la automedicación cuando aparecen actores, artistas o comunicadores diciendo que tienen en su cartera tal o cual medicamento”, advirtió Tamosiunas. Para él sería bueno que la autoridad sanitaria “evaluara la pertinencia de la publicidad”. A él le quedan dudas sobre si debería existir.
En todo caso, entra en el terreno de lo que es “fácil de regular”, según el especialista. Pero la afluencia de artículos sobre salud en internet no tiene marcha atrás. “La red no es regulable. Simplemente circula información. La pretensión del médico no puede ser otra que analizar lo que el paciente ha leído y establecer qué es de calidad y qué no”, señaló a El Observador Óscar Cluzet, cirujano, consejero del Colegio Médico y miembro de la Academia Nacional de Medicina.
Los médicos dicen que lo de internet es parte de un “empoderamiento del paciente” y que no hay que echar culpas sobre la red. Para Cluzet, la gente compra medicamentos sin receta más allá de lo que encuentre allí. “Antes se hablaba del efecto pernicioso de los libros. Ahora, de internet. Es solo un canal”, alegó.
En su discurso, los profesionales celebran el derecho del paciente a saber y a informarse sobre la enfermedad y las opciones terapéuticas que existen. Sostienen que la “medicina paternalista”, en la que el médico ordenaba al paciente determinada conducta y no le explicaba por qué, quedó atrás. También coinciden en que es parte de un cambio cultural global contra el que no hay que rebelarse.
Sin embargo, critican la “falta de veracidad” de la información que leen los pacientes. Cluzet afirmó que de 100 artículos en internet, 60 son “discutibles” o incluso “perjudiciales”, y solo 40 están comprobados científicamente. Eso lleva a que el paciente llegue al consultorio con una “información completa” sobre lo que le pasa, pero que a veces tenga en su mente alternativas irreales. “Lo ideal sería que la información se la diera el médico”, consideró Gerardo López Secchi, urólogo y consejero nacional del Colegio Médico.
Con todo, los médicos insisten en que no lo sienten como una amenaza. Si el paciente prefiere hacer caso a lo que lee en internet, o si desconfía de los conocimientos del profesional que lo atiende, eso se debe, según López Secchi, a un “deterioro de la relación médico-paciente” que viene de hace muchos años y que afecta tanto a uno como a otro. Recomponerla es responsabilidad –según él– no solo del médico y del paciente, sino de los medios de comunicación y la sociedad en general.
¿La o las medicinas?
El oncólogo pediátrico Ney Castillo contó que más del 50% de sus pacientes recurren a algún método alternativo al convencional. Quien padece de cáncer busca todas las opciones para aferrarse a la vida y por lo general sabe de yuyos, mieles, gotas y un sinfín de recursos con los que algún conocido “anduvo bien”.
No hay cifras que den cuenta de este fenómeno, al cual los médicos ven de cerca pero miran de lejos. Todos los especialistas consultados para esta nota reconocieron no tener “ni idea” sobre “medicina alternativa”. En la Facultad de Medicina no se menciona su existencia porque, según entiende Cluzet, ya bastante tienen como la medicina tradicional y sus incesantes cambios.
La postura de los especialistas ante el uso de otros métodos con fines terapéuticos generalmente coincide: mientras los pacientes no abandonen el tratamiento convencional, y mientras lo que consuman no interfiera con el mismo, no les preocupa. Ambas medicinas pueden convivir.
Susana Falero es médica internista e infectóloga, pero ha ejercido principalmente como homeópata. “Cuando conocí la homeopatía, me atrapó. Quedé maravillada con los resultados. La homeopatía no son yuyos”, advirtió Falero a El Observador.
Como ella, hay cientos de profesionales que después de haber conseguido su título enFacultad de Medicina realizaron un curso privado sobre homeopatía –hay varias escuelas– y se dedicaron a ejercerla. Falero, quien ya está jubilada, trabajó años en su consultorio atendiendo a adultos y niños con distintas patologías.
Falero está de acuerdo con la intención del MSP de regular la venta de homeopatía porque reconoce que “hay chantas” en el entorno y porque –reivindica– la homeopatía es desde 2001 un acto médico. Lo mismo sucede con la acupuntura. Significa que para ofrecer estas técnicas es necesario tener un título de doctor en medicina o de odontología.
“No hay una medicina alternativa. La medicina es una sola, con diversas vertientes terapéuticas que se complementan. A veces se elige una técnica y a veces otra”, apuntó Falero.
Cuando recibe a una persona en su consultorio, el médico homeópata pregunta por los síntomas pero indaga también sobre “las comidas, los deseos, la transpiración”, y después pasa a “lo mental”: qué cosas enojan a la persona, si tiene celos... Obtener esa “imagen completa” le lleva al menos una hora. “El médico tradicional no le da bolilla al factor emocional como desencadenante. Nosotros tratamos de no curar solo la enfermedad, sino al paciente”, explicó la homeópata.
Mientras Falero asegura que la homeopatía “tiene base científica” y por eso se puede considerar medicina, el profesor de Farmacología, Tamosiunas, plantea que “sería bueno” que todas las técnicas, incluso “las más aceptadas” como la homeopatía y la acupuntura, “se sometieran al mismo tamiz” que la medicina tradicional “basada en la evidencia”. Él no descarta que algunas puedan tener algún efecto, pero reclama un “control de calidad”.
Una vez más, Tamosiunas advierte que aquel que quiera “chequear curas milagrosas”, consulte a su médico. El de la túnica blanca quiere seguir aconsejándolo.