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El placer de la lentitud

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21 de febrero de 2018 a las 05:00

La idea motriz en los deportes es, cuanto más rápido se juegue, mejor. El entrenador le dice al futbolista que se desprenda pronto del balón; pasa lo mismo en básquetbol, en hockey sobre hielo, en balonmano. A los juegos olímpicos invernales de Corea del Sur los estamos viendo con la expectativa de que los atletas sobre el hielo o deslizándose por la montaña hacia abajo vayan a la mayor velocidad posible, para intentar romper así el récord anterior.

La modernidad ha estado acompañada por los usos cambiantes de la velocidad, algo que se ve en las formas de transporte; los autos y los aviones van más rápido que antes, que hace más de un siglo atrás cuando comenzaron a tener uso universal. La llegada de nuevas formas de entretenimiento, como los videojuegos, radicalizó aún más la percepción de que todo debe ir muy rápido, como si cada ser humano debiese ser una versión de Speedy González.

En ese contexto, en el cual incluso a los momentos de placer los obligamos a ir de prisa, el béisbol ha ido quedando como último deporte en donde la lentitud puede triunfar, mejor dicho, cuando más lento sea, mejor. Los buenos partidos pueden durar más de seis horas, y la calidad de cada entrada (inning) depende en ocasiones de la duración de la misma. Si dura mucho, es porque es reñida y con movimiento en el marcador.

Pero las autoridades que rigen la MLB, la principal liga de béisbol del mundo, se dieron cuenta que la duración de los partidos iba en aumento y que el incremento puede afectar los ratings televisivos: en 2015 cada partido duraba promedio 2 horas 56 minutos; en 2016, tres horas; y en 2017, 3.05. Por lo tanto, por razones que involucran a las trasmisiones televisivas, la MLB anunció antes de ayer cambios para acelerar los partidos, aunque por el momento no introducirá el uso del reloj como en los demás deportes.

El béisbol se juega sin la tiranía del cronómetro, siendo este uno de los aspectos mágicos que lo definen y sin el cual dicho deporte no sería todo lo original y artístico que ya lo es, y cuya estética de la lentitud le ha permitido ser usina de grandes historias, pues de ningún otro deporte, con excepción del boxeo tal vez, el cine de Hollywood ha hecho tan buenas películas.

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