Antes –en la era de lo inaccesible, lo lento, lo pueblerino, en la era preinternet, no mucho más allá de 20 años atrás–, la aproximación a la pornografía era una tarea titánica. Había revistas enfundadas en un nylon negro en los kioskos, apartados en los videoclubes, alguna que otra tienda especializada, un puñado de cines XXX con olor rancio. Eso era todo. Y, parece, era suficiente. Hoy, en la era del acceso total, lo veloz, lo voraz, lo globalizado, solo alcanza con conectarse a internet. No hay que esforzarse mucho. Basta con entrar al gigante de la pornografía Pornhub o hacer un goolgeo mínimo o esperar a que el (o los) "proveedor" de confianza se active en el grupo de WhatsApp y empiece la catarata de videos, imágenes y gifs. En el siglo XXI el porno no tiene horario ni lugar. Compartir porno en los grupos de chat forma parte del vínculo entre hombres, según testimonios y especialistas.
El porno en tiempos de acceso total
El consumo de pornografía por parte de los uruguayos varía según edad y etapa de la vida sexual; los menores de 30 son menos dependientes