El potencial de la automatización

Se estima que los empleos minoristas podrían caer de 3 millones a 2,1 millones dentro del transcurso de 10 años

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20 de agosto de 2018 a las 05:00

Por Adair Turner

En toda la economía global, el potencial relativo a la automatización aparenta ser enorme. La "Speedfactory" de Adidas en Bavaria empleará a 160 trabajadores para producir 500 mil pares de zapatos cada año, una tasa de productividad cinco veces más alta en comparación con las tasas en las fábricas típicas actuales.

El British Retail Consortium estima que los empleos minoristas podrían caer de 3 millones a 2,1 millones dentro del transcurso de 10 años; y, solamente una pequeña fracción de dicha cantidad de empleos sería reemplazada por nuevos empleos en el comercio minorista en línea. Muchas empresas de servicios financieros ven el potencial de reducir los empleos de procesamiento de información a una pequeña fracción de los niveles actuales.

Y, sin embargo, a pesar de todo esto, el crecimiento medido de la productividad en las economías desarrolladas se ha desacelerado. Una posible explicación, recientemente considerada por Andrew Haldane, economista jefe del Banco de Inglaterra, es que mientras algunas empresas captan rápidamente las nuevas oportunidades, otras lo hacen sólo de manera lenta, produciendo una amplia dispersión de productividad, incluso dentro de un mismo sector. Pero, la dispersión por sí sola no puede explicar la desaceleración del crecimiento de la productividad: tal desaceleración requeriría de un aumento en el grado de dispersión.

Sin embargo, si uno se centra en cómo se aplica la tecnología a los empleos existentes, ello sería estar buscando en el lugar equivocado, ya que la clave de la paradoja de la productividad puede encontrarse en las actividades a las que se trasladan los trabajadores desplazados. David Graeber de la London School of Economics sostiene que hasta un 30% de toda la actividad laboral que se realiza se la lleva a cabo en "empleos inútiles", mismos que son innecesarios para producir bienes y servicios verdaderamente valiosos, pero surgen de la competencia por el ingreso y el estatus.

Graeber, de manera práctica, ve al mundo desde la perspectiva de un antropólogo, no desde la de un economista. No obstante, su frase "empleos inútiles" y el hecho de que él centra su atención en los trabajadores desmotivados que realizan trabajos sin sentido pueden desviar la atención del cambio evolutivo esencial: los trabajadores de manera individual pueden considerar que muchos empleos son estimulantes y valiosos, mismos que en su conjunto no pueden contribuir al bienestar total.

Supongamos, por ejemplo, que usted se preocupa apasionadamente por los objetivos de una organización benéfica en particular, que usted tiene talento para recaudar fondos y que logró aumentar la cantidad de donaciones disponibles para dicha organización benéfica. Probablemente, usted se sentiría bien y motivado, incluso si todo lo que hubiese hecho fuese desviar dinero que se dirigía a otra organización benéfica por la cual otro recaudador de fondos se siente igualmente motivado y apasionado.

La interrogante económica de crucial importancia, por lo tanto, no es si los empleos de manera individual son "inútiles", sino si ellos desempeñan cada vez más una función distributiva de suma cero, por la que la dedicación de más habilidades, esfuerzos y tecnología no puede aumentar el bienestar humano, dada la habilidad, esfuerzo y tecnología aplicadas en el otro lado del juego competitivo.

Numerosos empleos caen en esa categoría: los delincuentes cibernéticos y los expertos en cibernética empleados por las empresas para repeler los ataques de los primeros; los abogados (tanto personales como corporativos); gran parte del comercio financiero y la gestión de activos; contadores de impuestos y funcionarios de ingresos; publicidad y marketing para construir la marca X a expensas de la marca Y; los activistas de políticas rivales y los tanques de pensadores; incluso, los maestros que buscan garantizar que sus estudiantes alcancen los grados relativos más altos, mismos que apuntalan el éxito futuro.

Medir qué parte de toda la actividad económica es suma cero es intrínsecamente difícil. Muchos empleos implican ambas actividades: las verdaderamente creativas y las meramente distributivas. Y, las actividades de suma cero se pueden encontrar en todos los sectores; las empresas manufactureras pueden emplear contadores fiscales para minimizar los pasivos y altos ejecutivos quienes se centran en ingeniería financiera.

Pero las cifras disponibles sugieren que las actividades de suma cero han crecido significativamente. Como señalan Gary Hamel y Michele Zanini en un reciente artículo de Harvard Business Review, aproximadamente el 17,6% de todos los empleos en Estados Unidos, que reciben el 30% de todas las compensaciones, se encuentran en funciones de "gestión y administración" que probablemente involucren una actividad significativa de suma cero.

Mientras tanto, el empleo en empresas financieras y de "servicios comerciales" ha crecido desde una participación del 15% a una del 18% entre todos los empleos estadounidenses durante los últimos 20 años, y la producción medida creció del 20% al 24%.

Hamel y Zanini argumentan que si solamente podríamos eliminar empleos administrativos innecesarios, la productividad podría dispararse. Pero, el crecimiento de las actividades de suma cero puede ser más inherente de lo que creen. A medida que el progreso tecnológico nos enriquece en términos de muchos bienes y servicios básicos – ya sean automóviles o electrodomésticos, comidas de restaurantes o llamadas de teléfonos móviles –puede ser inevitable que la actividad humana se dedique más a la competencia de suma cero por los ingresos y activos disponibles.

A medida que aumenta nuestra capacidad de producir productos de mayor calidad con menos personas, el valor puede llegar a depender cada vez más de marcas subjetivas, y las empresas racionales dedicarán recursos a actividades como el análisis de mercados, la ingeniería financiera y la planificación fiscal.

Con el pasar del tiempo casi todos los empleos humano podrían dedicarse a actividades de suma cero. Ya sea que los robots alguna vez alcancen o que nunca puedan llegar a alcanzar una inteligencia de nivel humano, es esclarecedor considerar cómo sería una economía si pudiéramos automatizar casi todo el trabajo necesario para producir los bienes y servicios que el bienestar humano necesita.

Hay dos posibilidades: una es un aumento dramático en el ocio; el otro es que cada vez se dedicará más trabajo a la competencia de suma cero. Teniendo en cuenta lo que sabemos sobre la naturaleza humana, es probable que la segunda opción juegue un papel importante.

Como sostuve en una conferencia reciente, una economía de este tipo probablemente sería muy desigual, con un pequeño número de expertos en TI, diseñadores de moda, creadores de marcas, abogados y comerciantes financieros que obtendrían enormes ingresos. Paradójicamente, lo más físico de todo – la tierra deseable por su ubicación – dominaría el valor de los activos, y las reglas sobre la herencia llegarían a ser un determinante clave de la riqueza relativa.

En palabras de John Maynard Keynes, puede que se haya resuelto "el problema económico" de cómo producir tantos bienes y servicios como quisiéramos, pero enfrentaríamos las interrogantes más difíciles, y esencialmente políticas, sobre cómo lograr significado en un mundo donde el trabajo ya no es necesario, y cómo gobernar de manera justa la tendencia humana inherente hacia la competencia por el estatus. Tratar de resolver estos desafíos mediante un desarrollo tecnológico acelerado y un crecimiento más rápido de la productividad sería como perseguir un espejismo.
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