En el pasado mes de abril, el presidente
Trump difundió una primera propuesta de rebaja de impuestos para su discusión pública. Hace dos meses, esa propuesta, con algunos cambios, fue sometida a la consideración del Congreso. Hace dos semanas, el Senado aprobó por 51 a 49 votos una resolución presupuestal que permitirá votar el proyecto de reforma antes de fin de año, siempre que los republicanos de ambas cámaras puedan unificar sus respectivas posiciones.
A estos efectos, la deducción para los solteros aumentará de US$ 6.350 a US$ 12 mil anuales y para los matrimonios de US$ 12.700 a US$ 24 mil.
A su vez, habría tres franjas para el pago del impuesto a la renta de las personas, dependiendo del monto de sus ingresos: 12%, 25% y 35%, en vez de las siete franjas existentes en la actualidad, que tienen una tasa máxima del 39,6%. Resta por definir los límites de las nuevas franjas.
Otra iniciativa relativa a los individuos es la eliminación del impuesto sobre las herencias, que en la actualidad se aplica para más de US$ 5,5 millones para los solteros y US$ 11 millones para los casados.
Otro objetivo importante de la reforma es el de mejorar la competitividad de las empresas. Con este fin, la tasa del impuesto sobre sus ganancias sería rebajada del actual 35% al 20%, además de fijar una tasa del 25% para ciertas empresas de propiedad personal, que en la actualidad pagan el
39,6%.
La intención es fijar una tasa comparable con la que existe en la mayoría de los países desarrollados.
En la actualidad, aunque la tasa del 35% tiene varias deducciones y excepciones, es una de las más altas entre los países desarrollados.
Con un cambio más de fondo, la propuesta busca terminar con el sistema actual de gravar a las ganancias de las empresas en el exterior para pasar a un sistema territorial, en el que la mayoría de los beneficios obtenidos fuera del país quedarán exentos de impuestos. Bajo el sistema actual se estima que las empresas americanas tienen unos US$ 2.600 millones retenidos en el exterior para preservarlos del pago del impuesto. Con el cambio propuesto, se busca favorecer su repatriación, contra el pago de un impuesto por una única vez a una tasa muy "competitiva", que se estima será de 10%.
Además de esta eventual recaudación de carácter extraordinario, otra de las medidas que permitiría financiar la baja proyectada de impuestos es la de eliminar la deducción actual de los impuestos estaduales y locales sobre la propiedad inmobiliaria, aumentando por tanto la carga impositiva en especial sobre los residentes de las regiones más ricas, como California, Nueva York y New Jersey.
Hay dos cuestiones fundamentales en la discusión del proyecto.
Aunque sus votos no parece que habrán de incidir en el resultado final, los demócratas están planteando su oposición con el argumento de que la iniciativa favorece en mayor medida a los sectores de altos ingresos. Algunos de los estudios conocidos en estos días sostienen, en efecto, que en términos porcentuales, el proyecto habrá de permitir un aumento del ingreso promedio de los contribuyentes del 1% superior que será más importante que el del ingreso promedio del resto.
Está también en debate el efecto del proyecto sobre el
déficit fiscal y la deuda pública. La mayoría de la opinión especializada sostiene que de ser aprobada, la iniciativa habrá de aumentarlos en los próximos años. En respuesta, el gobierno considera que esta predicción no tiene en cuenta el efecto de estímulo que la baja de los impuestos tendrá sobre el crecimiento de la
economía y por lo tanto sobre la recaudación.
Es una controversia que se reitera cada vez que se plantea una rebaja de impuestos. En esta ocasión, como en las varias que ocurrieron en el pasado, buena parte de la respuesta final dependerá de la evolución del gasto público que se decida en las próximas instancias presupuestales. En principio, nada bueno podría resultar de la combinación de menores impuestos y un mayor gasto.
Desde otro punto de vista, varios sectores se están movilizando en contra de la posible derogación de algunas de las deducciones que benefician. Entre ellos están el agro, las empresas que exploran yacimientos de petróleo y gas natural, las empresas tecnológicas, los "private equity funds" que toman deuda para financiar la compra de empresas, y la construcción, para mantener las deducciones del costo de los créditos hipotecarios para la compra de viviendas y del impuesto sobre la propiedad inmobiliaria.
Aunque a lo largo de presidencia de Trump los republicanos no han coincidido en el apoyo a algunos de sus proyectos más importantes, se espera que ahora, ante esta propuesta de baja de los impuestos, ella pueda ser finalmente aprobada. Ello ha reforzado la expectativa favorable de las empresas sobre el futuro de sus negocios y explica por tanto el impulso al alza del mercado accionario de estos días, en confirmación de la tendencia de los meses previos. De todos modos, es muy posible que el debate parlamentario y la presión de los intereses sectoriales puedan introducir algunos cambios en el proyecto original.