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Se estrena hoy El Quijote del Plata, la ambiciosa apuesta del BNS

La nueva producción de la compañía nacional  cuenta con la coreografía de la destacada creadora española Blanca Li 

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25 de octubre de 2018 a las 17:35

Desde la dirección de Julio Bocca hasta la incorporación del actual director, Igor Yebra, el Ballet Nacional del Sodre (BNS) se supera año a año y eso se refleja en los estudios que constataron que el número de espectadores crece de manera sostenida (está por alcanzar el millón) y el público es, cada vez, más diverso, rompiendo con viejos estigmas de que este tipo de propuestas se corresponden con personas adultas y de estratos sociales altos. Con todos estos vientos a favor, la dirección del BNS redobló las apuestas con el estreno de El Quijote del Plata; la obra hecha íntegramente desde cero en dramaturgia, coreografía y puesta en escena supone una pieza excepcional que, a partir de su estreno el jueves 25, formará parte del acervo cultural uruguayo y se proyectará al mundo.

La gala que estaba prevista (por Bocca) para esta época del año no pudo realizarse por problemas técnicos, por eso y con motivo del Festival Cervantino –que se desarrolla en Montevideo entre octubre y noviembre–, nació la idea de crear una pieza de ballet que mezclará elementos enmarcados en este festival pero desde el ojo uruguayo. El hidalgo caballero Don Quijote de la Mancha y el uruguayo Arturo Xalambrí –el mayor coleccionista cervantino de América Latina–confluyen y se encuentran en el punto de partida que da origen a El Quijote del Plata.

El lecho de muerte de Xalambrí –un hombre con tanta pasión como obsesión por los libros, sobre todo, de Cervantes– es el puntapié que da inicio a la historia. Sus hijas Wilborada (como la Santa Patrona de los libros) y Cecilia Teresa, le leen fragmentos del Quijote para mantenerlo en vida y esto lo introduce a él (y al espectador) a un mundo de aventuras que, entre molinos de viento, damas idílicas, quema de libros y fiestas españolas, confunde realidad con fantasía en un mismo acto que fluye durante una hora y media. Dos mundos y dos personajes que aparentan ser disímiles en tiempo y espacio  –lejos de separarse–, terminan fundiéndose con cada movimiento.

Para llevar adelante esta idea quijotesca se necesitó de fuerzas que, además de estar abiertas a la capacidad de crear, no le temieran a la presión del calendario, pues esta ambiciosa pieza tuvo que desarrollarse en pocos meses. Para Igor Yebra, conjugar distintas disciplinas artísticas en un mismo proyecto es fundamental; por eso ante la idea de recrear la historia del coleccionista uruguayo dio a parar con el nombre de uno de los dramaturgos locales más destacados en las artes escénicas. Santiago Sanguinetti se convirtió en la primera pieza de este ensamble, encargado de la base narrativa y de la construcción ficticia de Xalambrí, un personaje hasta ahora desconocido. Con esa construcción en camino y la necesidad de montarla visualmente, fue esencial contar con Hugo Millán, responsable desde hace cinco años de la escenografía y vestuario de distintos proyectos del BNS. El tercer vértice de esta triangulación perfecta llegó desde España; con la incorporación de la coreógrafa y bailarina Blanca Li, la compañía uruguaya recibe a una de las artistas más relevantes de la danza contemporánea a nivel mundial.

Con este plantel de creadores, una gran historia por contar y los bailarines en su punto de madurez, el círculo se cierra con la participación de la Orquesta Sinfónica del Sodre que actuará en vivo en cada función con una complejísima selección de composiciones que varían en tiempo y estilos y recorren desde el barroco –con el alemán Georg Philipp Telemann– hasta finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX –con compositores rusos como Nikolái Rimsky-Korsakov y Aleksandr Glazunov–.

La historia

Lo que se verá en el escenario del Auditorio Nacional del Sodre es la última escena que Santiago Sanguinetti había planeado para la obra. El actor, profesor y actual director de la Escuela Multidisciplinaria de Arte Dramático carga con una larga lista de creaciones pero ninguna de ellas está asociada al ballet. Esto supuso todo un desafío para quien tiene, por lo general, la palabra y el diálogo como medios primeros para transmitir y con El Quijote del Plata tuvo que resumir toda una historia en poco menos de cinco páginas.

El dramaturgo coincidió a principios de junio con Blanca Li en París y le contó su idea. Según contó a El Observador, se trataba, en sus inicios, de una historia de aventuras donde Xalambrí recorría el mundo obteniendo de forma legal e ilegal distintos libros. La primer escena ilustraba al coleccionista desmedido escapando de la policía en Kyoto, tras haberse robado de la Biblioteca Nacional la versión japonesa del Quijote samurái (una de las ediciones más excéntricas que consiguió en vida). Frente a ese panorama, Sanguinetti creó la idea ficticia de que cada libro generaba una aventura particular. A Blanca Li la idea le resultó interesante aunque demasiado narrativa y difícil de llevar a una coreografía. Por eso, decidieron quedarse con el episodio final de la historia más global y así llevar al centro del espectáculo la biblioteca que guarda la diversidad de versiones de El Quijote de la Mancha; de esta manera los libros actúan como nutrientes de cada movimiento que fluya en escena y son los nexos conectores entre Xalambrí y Don Quijote.

Don Quijote es un personaje clásico y, por lo tanto, fácil de reconocer de manera universal, sin embargo, el uruguayo Arturo Xalambrí apenas figuró en los círculos académicos. Yebra junto al director del Instituto Nacional de las Artes Escénicas, José Miguel Onaindia y al director del Centro Cultural de España, Ricardo Ramón, le dijeron al dramaturgo lo siguiente: “Tenés esta figura de Xalambrí, ahora es necesario crear una historia”. Para darle vida al coleccionista, Sanguinetti encontró su inspiración yendo al Centro de Documentación y Estudios de Iberoamérica (CEDEI) de la Universidad de Montevideo donde actualmente está guardada la colección cervantina. Al encontrarse con particularidades –como réplicas a mano del Quijote en neolatín–, el dramaturgo supo enseguida que se trataba de un hombre con “una personalidad excéntrica como motor de su comportamiento”. 

Lo contemporáneo en lo clásico

Una de las puntas fundamentales de esta ambiciosa creación es la presencia de la multifacética y talentosa coreógrafa, Blanca Li. La española fue convocada por el director del BNS para llevar adelante la coreografía de este espectáculo que exige, también en la danza, la necesidad de contar la historia del Quijote desde el elemento nuevo que inserta la figura de Xalambrí.

Al superponer el historial de Li con la estructura clásica del BNS, es posible preguntarse ¿cómo una compañía con un evidente énfasis en lo clásico se puede amalgamar con un estilo tan contemporáneo y descontracturado? En diálogo con El Observador, la coreógrafa explicó que ser bailarín contemporáneo no significa solo “bailar descalzo y tirarse al suelo” y ser clásico no supone solo bailar un ballet creado en el siglo XVIII o XIX.

El rol de Li era esencial para esta pieza, sin embargo, hasta el 24 de setiembre, cuando tocó suelo uruguayo, los bailarines del BNS no tuvieron contacto con ella presencialmente. Por la presión del calendario, la coreógrafa contó que trabajó sin mucha antesala. “Preferí adaptarme a ellos y trabajar a partir del clásico para luego sí ir dando mis pinceladas, trayendo mi manera de ver las cosas”, expresó.
El Quijote del Plata tendrá ciertos toques añadidos por la coreógrafa que tienen que ver con la manera en que ella trabaja con los brazos, la utilización de los cambrés (inclinación del torso hacia atrás), algunos trabajos de torso poco usuales para los bailarines y la manera de tirarse al suelo.

Para Li, “la técnica es un medio para llegar a la libertad” y “el ballet tiene que librarse de la técnica para transmitir emociones”. Por eso su apuesta está puesta en la interpretación de cada personaje para que el baile pueda comunicar. Según la coreógrafa, la danza “sirve para contar la historia, y no solo para decir, ‘mirá que bien bailo’”.
“Con los bailarines hay mucho intercambio. Les digo ‘te doy esto pero ¿tú cómo lo sientes en tu cuerpo?’. Me gusta que ellos me cuenten, verlos bailar, entender quiénes son y que me propongan cosas”, contó. “Esto es un poco sorprendente para ellos porque no tienen costumbre de improvisar o de aportar,  pero cada día que pasa están más libres, juegan conmigo, reímos e improvisamos. Se dejaron llevar por la aventura”, comentó.

“Ser contemporáneo es renovar la tradición”, dijo Li. Por esta línea, entonces, va El Quijote del Plata que Li define como “un ballet contado desde el hoy”.

Clave de diseño

De arriba para abajo ultimando detalles, peleando por un espacio en el escenario para probar la puesta en escena, agotado, pero sobre todo, emocionado, Hugo Millán no para ni un segundo la maquinaria que alimentará de color y texturas a este ballet. “La adrenalina forma parte de esto”, dijo el artista, que comenzó con el diseño de escenografía y vestuario hace poco menos de cuatro meses.

  

“Cada uno hizo su película a distancia pero después hubo que juntarlas”, expresó Millán. Según el escenógrafo y vestuarista el punto de encuentro con Li fue muy intenso por el entusiasmo de la coreógrafa –que es algo nuevo para él– y por los plazos acotados que cargaron de vértigo a este proyecto. “Estamos todos cansados pero la vorágine forma parte de este trabajo”, señaló.

Los trajes del vestuario despliegan un mar de incertidumbre porque están en un diálogo constante con variables como los requisitos de la coreografía, los tiempos de cambio (que en este caso se acortan por tratarse de un único acto), los bailarines que harán uno u otro personaje y pueden rotar a último momento, y la utilización de accesorios que no pueden entorpecer los movimientos. 

   

Millán explicó lo siguiente: “Hay personajes más caricaturescos o naif –que son los más cercanos al Quijote–, después hay otros que empiezan a ser más fantásticos cromáticamente que es cuando Xalambrí empieza a delirar más. Porque los delirios del Quijote por los libros de caballería y de Xalambrí por su colección se dan en paralelo y, a medida que esto sucede, el vestuario va subiendo de color y se hace más lúdico”. El tutu figura, por ejemplo, como pieza clave del mundo de fantasía que viste a las mujeres como ninfas.

 

Algunas de las novedades de este vestuario tienen que ver, según explicó su creador, con la elasticidad –por ser una coreografía menos estructurada–; por eso habrá mayor presencia de la lycra y de telas con rebote. Además, se verá más piel que lo que se acostumbra en los espectáculos de la compañía. 

En cuanto a la escenografía, el diseñador contó que lo primero que creó fue el espacio de acción que supone el mundo visual que se levanta con la biblioteca de Xalambrí; allí el libro es el elemento central del diseño. En lo que respecta a los colores, el espectador se encontrará con una tonalidad neutra enmarcada en lo arena y lo sepia, sin estridencia de colores pero en relación directa con la luz que puede cambiar su destino. 

Escenografía, vestuario, dramaturgia y danza se hicieron eco del lema de vida de Xalambrí que suponía que los libros eran la escalera al cielo. “Les aseguro que se irán con ganas de leer”, dijo en conferencia de prensa hace unas semanas Blanca Li.

Música

La lista total de músicas incluirá composición de Telemann, Koechlin, Debussy, Ravel, Glinka, Saint- Saens, Chabrier, Rimsky-Korsakov y Glusunov.

La cita

Las funciones se realizarán en el Auditorio Nacional Adela Reta, desde el 25 de octubre hasta 4 de noviembre. Las entradas –entre los $ 60 y $ 890– se pueden adquirir a través de Tickantel, Abitab, RedPagos, Tienda Inglesa y boletería del Auditorio.

Luego de las funciones en Montevideo parte de la compañía se irá de gira por el interior del país y otra parte por España.

Blanca Li y un historial de proyectos
La granadina Blanca Li es, además de coreógrafa, bailarina y cineasta, un torbellino de creatividad que carga con casi 30 años de trayectoria. Es responsable de coreografías en la industria cinematográfica, la musical y la publicitaria con diversidad de estilos, fines y medios. Puede pasar perfectamente de una coreografía de ballet a otra contemporánea, de hip-hop o de flamenco y a todas ellas añadirles su toque particular. A su vez, tiene a cargo hace 25 años su compañía homónima con la que ha montado cerca de una veintena de espectáculos distintos.
Blanca María Gutiérrez Ortiz (su nombre real) fue la responsable de la coreografía del video que lanzó a la fama a Daft Punk, Around de World. Coreografió el video de Coldplay, True love; Dance Tonight de Paul McCartney; Heard’em say de Kanye West; y Music is my radar de Blur. También realizó coreografías de actuaciones en vivo para Gorillaz y Lily Allen. La española estuvo involucrada en la realización de importantes videos publicitarios donde trabajó con diseñadores como Jean Paul Gaultier y Stella McCartney; y con distintos artistas como Beyoncé y Katy Perry. En cine, trabajó para Pedro Almodóvar, en la película Los Amantes Pasajeros;  Michel Gondry en La espuma de los días; y Josiane Balasko, en Cama para tres. Entre sus obras más excéntricas se encuentra Robot que, con el fin de remarcar el complejo vínculo del hombre y la máquina, hace interactuar en el escenario a bailarines con robots.
 
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