Opinión > OPINIÓN / NELSON FERNÁNDEZ

El riesgo de salir a la cancha contra "todos los que rajen"

El FA se fija objetivos múltiples, sin priorizar el objetivo de ganar la elección

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11 de agosto de 2018 a las 05:00

En política hay objetivos y estrategia para cumplirlos, lo que se da con un marco político ideológico para el que toma decisiones. La confusión sobre las metas o respecto a la prioridad del objetivo principal, puede conducir a una frustración severa.

El oficialismo apareció una vez más en un enredo de prioridades.

La izquierda uruguaya considera que el sistema electoral debe permitir el voto desde el exterior, por lo que en 2009 impulsó una enmienda constitucional –que no tuvo apoyo popular–, y ahora promovió una ley para hacerlo de otra forma.

En aquel octubre de 2009, con un total de 2.304.686 votantes, 862.454 pusieron la papeleta blanca del "Sí" a esa propuesta, lo que significó el 37,4% del total y entonces fue rechazada.

El mensaje fue fuerte, porque en esa misma elección, el Frente Amplio fue votado por 1.105.262 uruguayos, lo que significa que una parte importante de su propio electorado estaba en contra de esa reforma.

Eso no significa que el tema haya quedado muerto para siempre, y como además aquel rechazo puede interpretarse como desagrado con el "voto por carta", la posibilidad de un voto hecho en consulados podría mantenerse como una meta.

Muchos uruguayos tienen desprecio al voto por carta, debido a experiencias corruptas que han visto con emigrantes europeos que entregaban sus sobres abiertos para que alguien los "ayudara" a elegir. Pero pudiera ser que con un debate de argumentos y acuerdos políticos amplios, los uruguayos consideraran posible el voto en sede diplomática. La Constitución exige una mayoría especial para normas de tipo electoral.

El Frente sabía que no tenía los votos de la oposición para sancionar una ley de esta naturaleza, y aunque se tratara de una norma previa a la definitiva, el paso era simbólico y no efectivo.

¿Por qué hacerlo?

Una explicación está en querer exponer a los partidos opositores como responsables de negar el derecho a votar a los uruguayos residentes en el exterior, sin necesidad de viajar.

Como se supone que en algún momento ese derecho pudiera ser consagrado, luego, aquellos emigrantes tendrían en cuenta al partido que siempre batalló por reconocerles como votantes.

¿Ese era el objetivo?

El caso es que en política no solo se trata de un objetivo y de una estrategia, sino de la definición de prioridades: una meta central y otras que podrán ser complementarias, pero no contradictorias.

Senadores del Frente Amplio han dicho que la intención de esta ley es la de habilitar ese voto en el exterior para 2024 y no ahora. Por lo tanto, la votación forzada de esta semana implica que el Frente actúa como que la meta política central sea una elección lejana, y no la más próxima.

¿En qué afecta esta acción polémica a la meta más cercana y fundamental, que es la de ganar las elecciones de 2019?

El resultado de la movida fue el de "juntar a la oposición" de un mismo lado; una más de tantas acciones que derivan en "acorralar" al resto, como si el Frente Amplio hubiera desechado la política de alianzas para acumular, y prefiriera jugar en soledad y amontonar a todos los demás.

En los picados de fútbol de barrio era usual la expresión "contra todos los que rajen", como una demostración de superioridad, de confianza tal en sí mismo, que permitía enfrentar al que fuera y como fuera. A todos "los otros".

Eso puede hacerse cuando hay una fuerza propia como para convencerse de una victoria asegurada, lo que no es el caso de la izquierda uruguaya hacia 2019.

El éxito del Frente ha estado en la combinación de unidad de su diversidad, y en la capacidad de sumar sectores y dirigentes de otros partidos, pero eso se ha debilitado en los últimos tiempos.

La dirigencia del oficialismo nunca fijó como objetivo tejer acuerdo con el Partido Independiente (PI) que era una meta posible, ya que esa corriente política tiene una identificación de izquierda en sus documentos y proviene del socialcristianismo y la socialdemocracia con raíz común en el Frente Amplio.

¿Pudo hacerlo? ¿Puede hacerlo todavía?

No puede saberse si pudo, porque no lo ha intentado, pero la segunda pregunta es más fácil de responder: altamente improbable. Los hechos políticos de estos años han distanciado al PI del FA.

El PI era un objetivo alcanzable para un Frente que se hubiera comportado con flexibilidad y valoración del factor "diversidad". Pudo integrarlo a un gabinete ministerial, con lo que aumentaba la bancada de respaldo al Ejecutivo, salía del corsé del voto 50 por algún rebelde interno y miraba al futuro con mayor base electoral.

Pero en estos años, el FA priorizó concentrarse en el "marco" ideológico de su mayoría interna y no en abrirse a alianzas más amplias. Eso no sería solo de gesto sino en invocar el espíritu fundador de la coalición, de ser habitable para expresiones tan diversas como ampliamente posible.

Uno de los tantos ejemplos es el del voto en el Senado de este proyecto de voto en exterior (que incluso no tiene un sentido práctico).

Algunos legisladores frentistas critican al PI por entender que se ha "corrido" a la derecha, por "hacerle el juego" a los blancos y colorados, pero no consideran por qué ha pasado eso.

El objetivo del PI para 2014 fue llegar al Senado, y tras conseguir una banca en la Cámara Alta, era obvio que para la elección siguiente no se iba a conformar con un senador más, sino que iba a buscar "entrar" al gobierno.

Y para un partido que se llama "independiente" eso podía hacerse con la corriente política que le facilitara la decisión, desde el punto de vista ideológico y práctico.

No asombraría que el PI mirara con equidistancia al FA o los partidos fundacionales.

Pero como el PI tiene una definición de "izquierda", lo que no es una etiqueta sino que está fundamentada en su programa de principios, la decisión pudiera haber sido más fácil hacia una coalición con un candidato frentista moderado que con uno nacionalista liberal.

Pero el FA se fastidió con el PI y lo desechó. Y no sólo lo dejó de lado: lo empujó (sin darse cuenta, o subestimando la capacidad de adversarios).

Y en el PN, tanto Lacalle Pou como Larrañaga, vieron al PI como un buen aliado, al que no hay que coaptar sino integrar, y para integrar hay que buscar coincidencias programáticas primero y acuerdos políticos después.

El FA se fija objetivos múltiples, pero actúa sin priorizar el objetivo de ganar la elección y cuando asume el desafío de salir a competir contra "todos los que rajen", complica más una elección que ya la tiene complicada.

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