Camilo dos Santos “Si vos ves las estadísticas de las encuestas a niños menores de edad y de barrios periféricos, donde el 79% dice que cuando sean grandes quieren ser narcos, ahí tenés un contrapeso en la sociedad. Eso son encuestas reales y verificables. Ahí tenés un problema grande. Estos chiquilines no ven como alternativa el estudio o el trabajo. Ven el delito, porque es fácil, porque es rápido, porque no te obliga a pensar ni a leer ni estudiar ni a hacer una cuenta y te pagan mucho más que el que se levanta a las seis de la mañana con un jornal de $800. Esta es la otra cara", dice el histórico sindicalista Richard Read, coordinador general de estos centros, y se lanza a conversar con El Observador.
Mientras habla, en el centro ubicado en Abayubá y Grito de Asencio, un grupo de niños mejora su lectura y otro -de niños más pequeños, que están en primero y segundo de escuela- aprende a jugar ajedrez en el mismo salón donde, también, se enseña robótica. La concentración es ejemplar y el saludo al unísono hacia quien se acerca habla de buenos modales.
A casi diez kilómetros de ahí, en el otro centro impulsado por el sindicato en Montevideo, donde Mendoza e Instrucciones se cruzan en el límite del barrio Casavalle, dos mellizos provenientes del asentamiento Antares van por su tercer año consecutivo en el centro.
Cuando Read cuenta sobre el contexto donde estos niños viven, su voz ronca se apaga y lo asemeja a los campos refugiados de Beirut. Cuando habla de lo que han logrado esos mismos chicos en los últimos años sus ojos brillan e inspira esperanza.
Uno de ellos fue encontrado, allá por el 2017, encerrado junto a un compañero en un baño, sorprendidos por como funcionaba una cisterna, eso que en su rancho de chapa nunca hubo.
Los centros educativos se mantienen abiertos aún en vacaciones de semana santa, de julio y setiembre. Esos días, además de brindar el desayuno o merienda, le dan a sus pequeños alumnos el plato de comida que la escuela, al estar cerrada, no le puede dar.
Ese mismo niño, que entró cuando estaba en cuarto de escuela y ahora cursa sexto, encontró en el centro educativo un particular interés por el ajedrez. Hace un mes, le pidió a la coordinadora de su centro un tablero prestado porque había conseguido la autorización de la directora de su escuela para, un día por semana, poder enseñarle ajedrez a sus compañeros.
“Yo llamé a Roberto, que es el director de ajedrez de todo los centros y me dijo: 'despegado está, despegado. Tiene una cabeza que vuela. Cada 15 minutos te saca una jugada. Es un gran creador de jugadas y movidas’", cuenta Read.
“En el asentamiento donde vive, en la putísima vida hubiera visto un tablero de ajedrez, seguramente dentro de un año estuviera preso, pero el guacho arrancó para ahí”, agrega, orgulloso del proyecto que lidera.
Diego Battiste Read no quiere hablar de política y, según dice, ya ha negado varios llamados. No quiere opinar sobre la propuesta del colorado Ernesto Talvi de replicar centros educativos modelo en contextos críticos de todo el país (una propuesta similar a su obsesión), porque entiende que si lo hace “entraría en otro terreno”. De todas formas, sueña con que estos cinco se multipliquen por cientos en todo el territorio nacional.
"Con 30 millones de dólares anuales, con un tercio de lo que costó el Antel Arena, vos sacas de contexto crítico a 8.000 chiquilines. Con ANCAP se fueron 1.000 millones. (Con ese dinero) hubiera posibilitado que 48.000 chiquilines por año, durante 5 años, estén en esto", dice, calcula y se lamenta.
Financiamiento
Cuando a Read se le pregunta como se financia este proyecto, agarra el celular, entra a la sección “Consejos de Salarios” del sitio web del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, hace click en el grupo 1 (de alimentos y bebidas) y luego entra al punto 9.1 (bebidas sin alcohol y cervezas). Una vez allí, hace click en el documento que corresponde a la séptima ronda del año 2018. Y lo muestra.
En el texto, se especifica cuánto dinero debe aportar cada empresa, según el tamaño, para esta causa. En febrero de 2019, por ejemplo, las empresas de más de 330 empleados, debían aportar $13.860.000 por tres años.
"Esa plata tendría que estar acá", dice y se toca el bolsillo. "Y en la de aquel, y en la de aquel, y en la de aquel", señala como si al lado hubiera colegas del sindicato. “Es plata de los consejos salarios que, en vez de ir a un salario, a una partida fija, al doble aguinaldo, va destinada a los centros educativos”, explica y destaca que el manejo del dinero es transparente.
Tanto es así, que desde el sindicato solicitaron los servicios de la empresa CPA Ferrere para que auditara el dinero que circula con este fin. “Nadie puede decir que esto es 'todo joda o curro'. Esto también es una forma de educar, es decirle a todos que se pueden hacer las cosas con transparencia, honestamente”, remató.
Escuela de oficios en Paysandú
El sindicato de la bebida decidió este año ir por una apuesta mayor: volcar dinero y esfuerzos para combatir el número de reincidencia de privados de libertad. Por eso, el viernes 26 de julio inauguró en Paysandú una escuela de oficios para jóvenes liberados del sistema carcelario.
"Le da la alternativa al que sale de enganchar para el laburo, porque si no, lo están esperando en la esquina la barra de amigos, eh, para darle un porro, una chechita, 500 mangos, te veo en la noche, en la noche vamos y en la esquina, un trago, un vino, pim, pum, pam, vamos a buscarla, salen de caño, y al otro día caíste de vuelta en cana. Nuestra propuesta es: antes de ir a la esquina, vení para acá y estudiá con nosotros".
El proyecto, que cuenta con el apoyo del Instituto Nacional de Empleo y Formación Profesional (INEFOP), se divide en cuatrimestres y se orienta en enseñarle a los ex presos construcción seca, carpintería, electricidad, robótica, ajedrez e inglés.