13 de diciembre 2020 - 5:00hs

Sebastián Olivera es contador, MBA y fundador de la Cámara Fintech de Uruguay. Llegó a Europa en 2018 y su primer destino fue Estonia, una exrepública soviética, de solo 1.300.00 habitantes, que es referente mundial en el rubro fintech. Tras casi un año en ese país trabajando en la empresa AskRobin —un buscador de productos financieros— Olivera decidió trasladarse a España, otro de los epicentros fintech del mundo. Desde junio de 2020 se desempeña como country manager de la empresa británica TaxScouts en Madrid, su primera filial fuera del Reino Unido de un plan de internacionalización. “Para mí es una gran oportunidad y un desafío porque no existen muchos country manager latinos para empresas fintech en Europa”, cuenta Olivera, quien forma parte de un equipo pluricultural con personas de España, Estonia, Letonia, Portugal, Reino Unido y Rumania.

TaxScouts es una plataforma digital que conecta a personas que buscan asesores fiscales que los ayuden a hacer sus declaraciones de renta con los propios expertos. “Es como un Airbnb de asesores fiscales. Los asesores son independientes a TaxScouts, pero tenemos un contrato comercial con ellos”, explica Olivera y señala que la declaración de impuestos en Europa es particularmente complicada, por eso, las personas físicas suelen recurrir a asesores, pero no siempre tienen las garantías de sus credenciales, referencias o incluso, si les están cobrando bien, incertidumbres que TaxScouts ofrece resolver.

Sebastián Olivera está encargado de que la plataforma crezca en España y a su vez, sigue involucrado a la distancia en varias organizaciones del rubro donde trabaja, como la Cámara Uruguaya de Fintech, la red iberoamericana de mujeres WeFintech, Findexable y FinTech Iberoamérica.

En todas las iniciativas en las que participa intenta ser un promotor de Uruguay como exportador de talentos y captador de inversiones, ser un habilitador de puentes que conecten América Latina con Europa y Australia —donde tiene la mayor cantidad de contactos— y un impulsor de proyectos que promuevan la diversidad y rompan estereotipos.

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¿En qué consiste su rol en TaxScouts?

TaxScouts recibió hace poco una inversión de siete millones de euros y el primer mercado que se eligió para su internacionalización en Europa fue España, donde lanzamos en octubre.

Mi rol es el de country manager e implica desarrollar el mercado para el producto, contratar y coordinar al equipo para generar todas las operaciones, desarrollar el negocio local (incluyendo promoción y difusión) y elaborar la planificación estratégica, financiera, comercial y operativa. 

¿Tuvo que capacitarse en algo puntual para poder asumir el rol?

Afortunadamente, el sistema fiscal español y el uruguayo son bastante similares. Al ser contador de profesión, y por mi historia laboral personal, ya conocía el sistema fiscal español de antemano, lo que fue una ventaja para mí. Además, saber manejar herramientas de marketing digital, de big data, de procesamiento de datos y de volumen de información, también me ayudó bastante a la hora de ocupar este rol.

¿Cuáles son los mayores desafíos a los que se enfrenta como country manager?

Algunos de los desafíos que tengo son comunes a los de cualquier startup y particulares a este rol. Abrir una empresa en época de pandemia conlleva lidiar con la burocracia habitual pero incrementada. La economía también se vio afectada, por lo que, en términos de mercado, la captación de nuevos clientes va a estar afectada para todos los sectores.

En lo personal, lo vivo con mucha alegría pero también con mucha responsabilidad. Al repasar el ecosistema emprendedor, financiero y fintech de Europa, los niveles de diversidad no son los ideales. Soy un agradecido de que me hayan dado esta oportunidad aunque no sea europeo y de tener la posibilidad de demostrar que en Latinoamérica tenemos talento, que somos capaces de liderar y de hacerlo de forma eficiente y eficaz. Cada paso que doy o cada cosa que hago intento hacerla triplemente bien para sentar buenos precedentes.

¿Cómo le afectó la pandemia a nivel personal?

Lo viví con mucha preocupación y ansiedad en lo personal, porque en España tuvimos un estado de alerta y de encierro con imposibilidad de circular libremente. Fueron momentos angustiantes y seguimos preocupados porque aún está mal la situación. Además, ahora ya no tengo la tranquilidad y la alegría que tenía por mi familia y amigos en Uruguay por el rebrote de casos, que también me preocupa, sobre todo, por mis abuelos. Aquí la población quizá subestimó el virus y las consecuencias están a la vista. Para amortiguar los efectos de esto, que es una cosa seria, la única forma de salir adelante es trabajando en equipo. 

¿Qué papel desempeña en las diferentes organizaciones fintech de las que forma parte?

Lo que sigo haciendo desde afuera es tratar de hacer de business developer, de embajador y abogar por el sector tecnológico financiero y emprendedor de Uruguay en el exterior. En la Cámara Fintech soy el secretario y mi rol activo es el de estar siempre disponible para dar una mano en el desarrollo de negocios internacionales y en la vinculación con otras instituciones.

En febrero de 2020 junto a Liliana Fried y Paula Cárdenas tuvimos la iniciativa de lanzar la alianza iberoamericana de mujeres en fintech para atender la problemática de la poca representatividad y disparidad de género en el sector. La red agrupa a todas las mujeres que tienen participación en las Cámaras Fintech de Latinoamérica y trabaja sobre iniciativas de recolección de información, de propuestas y de articulación con el fin de lograr la promoción y reconocimiento del rol de la mujer en el área. Tenemos un acuerdo con ONU Mujeres para realizar actividades en conjunto.

¿Qué es lo que más extraña de Uruguay?

De Uruguay extraño pocas cosas que valen mucho. Para empezar, la cercanía con mi familia, sobre todo, con mis abuelos. Eso a veces hasta hace replantearme la posibilidad de volver. Después extraño el asado, la rambla, juntarme con mis amigos del Rotary Club Aguada y extraño una tontería, que es el olor a zaguán húmedo de mi querido barrio La Comercial. 

Pero lamentablemente, las oportunidades que tengo aquí en Europa no las tengo en mi país ni las voy a tener en el corto plazo y a veces uno tiene que ser práctico. Me encantaría encontrar un proyecto que me permitiera irme a Uruguay con el nivel de calidad de vida que tengo acá y sé que es muy difícil. La añoranza y la ilusión de volver siempre están.

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