Desde Beirut viajé hacia Tiro en un pequeño autobús pasando por la capital provincial Sidón. Sidón fue una importante ciudad de Fenicia, fundada en la misma época que Tiro, Biblos y Beirut, en el III milenio antes de Cristo. A medida que uno se va adentrando en el sur comienza a percibir cómo van cambiando los aromas, el paisaje y los colores. Siguiendo 40 kilómetros por mi ruta llegamos a Tiro, mi destino final donde pasé dos meses conviviendo con una ciudad llena de historia.
“Usar el velo es una piedra angular de nuestra fe. No puedes aceptar algunas cosas y rechazar otras… No es algo que nosotros hagamos forzadas, es una creencia y convicción que tenemos” dice Hanan Saleh.
Tiro, que significa “roca”, fue la más importante de las ciudades de Fenicia y surge sobre el 1300 antes de Cristo. Allí me esperaba la familia Saleh, quienes me hospedaron y me enseñaron las principales tradiciones. La casa era amplia y recuerdo los desayunos en familia. La mesa se llenaba de un tipo muy pequeño de pepinos que con el calor de esa región resultaban muy refrescantes, tomates frescos, aceite de oliva y pan árabe. Todo esto acompañado siempre de labneh, un queso con textura pastosa elaborado con leche de cabra o cordero en la región del norte del Líbano. Y por supuesto hummus, una pasta de garbanzo elaborada con jugo de limón, una pasta de sésamo y condimentado con pimentón. El aroma se iba impregnando en el ambiente.
Su hogar se encontraba situado a pocos metros del arco de triunfo de Tiro, realizado en el siglo II por los romanos. Camino por este arco, por sus calles empedradas e imagino las miles de personas que por allí habrán pasado. Mercaderes y comerciantes de Oriente llevando sus mercancías hacia el antiguo continente. El comercio del mundo antiguo era almacenado en Tiro, ciudad disputada históricamente por los grandes imperios.
Parece que esta tradición de comerciantes sigue confluyendo por todas las calles y el mercado está impregnado de esta tradición. Los mercados son bellos, muy angostos y los rayos de luz se cuelan entre las ancestrales piedras. Los aromas fuertes de las especies de Cercano Oriente próximo, cardamomo, canela y pimentón se combinan con todo tipo de mercancías: ropa, dulces y prendas.
Allí llamó poderosamente mi atención las mujeres y su velo. Un abanico de colores, texturas y finas sedas combinadas perfectamente con el resto de la vestimenta. Las tiendas encargadas de vender los velos tienen infinidad de modelos, géneros y combinaciones de colores, algunos presentados en cabezas de maniquíes un poco destruidos. Los velos pueden rondar entre unos pocos dólares hasta 150 dependiendo del tipo de tela y origen del mismo.
Dentro del islam encontramos diferentes tipos de velos. Las mujeres jóvenes los usan para cubrir su cabello como la tradición islámica manda pero combinados con vaqueros ajustados y prendas “modernas”. En de mi recorrido por conocer las costumbres y tradiciones del sur visité la universidad islámica de Tiro. La mayor del sur donde concentra estudiantes de ambos sexos. No todas llevan velo pero sí son la gran mayoría.
Me cuenta que incluso usan vestidos muy cortos y confiesa que las mujeres más religiosas, aquellas que usan el chador, son las que gastan más dinero en lencería íntima.
Le pregunto a Hassan, un joven estudiante de la universidad, si podría salir o tener una novia que no cumpliera la tradición musulamana y su respuesta es muy clara. Me dice: “podría tener una novia que no usara el velo pero para casarme prefiero una que lo lleve”. Dentro de sus costumbres y hábitos la castidad se debe guardar hasta la boda. Las relaciones extramatrimoniales están prohibidas.
El velo y la tradición
Caminando por la costa durante un atardecer, observo que muchas parejas se sientan a mirar el mar. Veo que una pareja no muy joven se abraza de una forma poco habitual. Poco a poco me acerco para tomarme una foto y salgo caminando tranquilamente. De pronto siento algunos gritos en árabe y cuando me giro hacia atrás el hombre me seguía porque le había tomado una foto. Como si me tuviera que rendir cuentas o fuera una autoridad religiosa comenzó a explicarme de forma un poco trabada y nerviosa que no estaban haciendo nada malo y que pronto se casarían. Que por favor le mostrara las fotos o las borrara, a lo que le dije que borrarla no era posible pero que podía mostrársela. Al comprobar que no se veía su rostro se fue un “poco” más tranquilo.
Alejandra es uruguaya y vive en Remeich, un pueblo cristiano que se encuentra muy cerca de la frontera con Israel.
Ella está casada con un libanés que conoció en el Congo cuando estaba realizando una misión de paz para las Naciones Unidas como casco azul miembro del contingente uruguayo. Me dice que “las parejas en Líbano son como en cualquier parte del mundo, solo que nunca se darían un beso en público ni van a tener una demostración de afecto”. En general en Occidente tenemos una visión muy limitada del mundo musulmán, generalmente asociada a estereotipos y prejuicios. Si bien en el Líbano hay mujeres que usan el chador; un velo usualmente negro que cubre de la cabeza a los pies, hay muchísimos matices de respetar la ley religiosa.
Las niñas y adolecentes usan principalmente un velo llamado Al-amira. Velo compuesto de dos piezas, con un gorro o banda que se ajusta a la cabeza y un pañuelo de forma tubular por encima.
Los velos más coloridos son los hijab usualmente realizados en telas muy finas como la seda. En las fiestas y bodas incluso se combinan con vestidos muy elegantes. Recuerdo el primer día que asistí a una boda musulmana, fue en un lugar bellísimo emplazado en la costa de Tiro. Era la boda de Hanan, una amiga que conocí durante el conflicto del 2006. Las novias, como en cualquier parte, van vestidas de blanco pero la diferencia en este caso es que cubren su cabello con un velo blanco. Las mujeres se ponen su mejor velo, siempre combinado a la perfección con el vestido. El hijab cubre la cabeza y orejas pero deja el rostro al descubierto. La mirada de estas mujeres puede ser misteriosa al mismo tiempo que seductora.
Las niñas y adolecentes usan principalmente un velo llamado Al-amira. Velo compuesto de dos piezas, con un gorro o banda que se ajusta a la cabeza y un pañuelo de forma tubular por encima. En la escuela pública de Tiro, solo para niñas, me encuentro con Aya. Estaba en el recreo tomando algunas fotos cuando una adolecente de 13 años me preguntó de dónde era. Le respondo en inglés: “I am from Uruguay”, y ella dice: “¿De verdad? Yo nací en Uruguay y viví allí hasta los 7 años”. Sus padres originarios del Líbano decidieron regresar a sus raíces y radicarse en la ciudad.
Recorriendo el sur hasta la frontera con Israel voy descubriendo los motivos porque ellas deciden usar el velo. Hanan Saleh asegura que “usar el velo es una piedra angular de nuestra fe. No puedes aceptar algunas cosas y rechazar otras… No es algo que nosotros hagamos forzadas, es una creencia y convicción que tenemos. Nosotras nos sentimos cómodas usándolo en la vida cotidiana. Nos brinda confort, fortaleza y nos distingue del resto.”
Hanan es una de mis guías para conocer otras mujeres y poder retratarlas. Ella ejerce de traductora al árabe. Recuerdo el día en el que estaba realizando un retrato a una mujer en su habitación y entraron a la casa, de forma repentina y violenta, un grupo de cuatro jóvenes soldados de Hezbollah. Me sacaron la cámara de las manos y comenzaron a hablar en árabe, ninguno de ellos hablaba inglés si bien uno balbuceaba algunas palabras. Estaban interesados en saber por qué estaba en el sur del Líbano desde hace un mes y medio. Sabían exactamente cuándo había llegado y en las ciudades del sur que previamente había estado. En inglés les explico mi proyecto, les muestro las fotos que tenían en la cámara mientras Hanan les muestra mis acreditaciones de prensa y carta de un diputado del partido Amal; el cual es un aliado de Hezbollah. En sus caras había desconcierto, su expresión lo decía todo. No entendían porque estaba retratando mujeres cuando la “importancia” y el foco de las noticias estaban asociadas a su grupo. Finalmente me devuelven la cámara y continúo con mi trabajo. Desde el interior
Sigo mi recorrido con Hanan y vamos al supermercado. Allí las cajeras y las demás mujeres que trabajan en el supermercado usan velo. Hanan se detiene en la góndola que tiene tinta para el pelo, elige uno y lo compra. Y pregunté: ¿para qué cuidarlo si nadie lo ve? Hanan sonríe y me explica que “ellas se cuidan el cabello. En mi casa por ejemplo no uso el velo y tampoco en las fiestas en las que participan solo mujeres”.
Me cuenta que incluso usan vestidos muy cortos y confiesa que las mujeres más religiosas, aquellas que usan el chador, son las que gastan más dinero en lencería íntima. Las tiendas especializadas en este rubro venden piezas de lo más exóticas. Me llamó la atención un conjunto de encaje rojo transparente, entero de pies a cabeza con tres agujeros. Veo salir varias mujeres cubiertas totalmente con una bolsa de la sección de lencería. Miro sus caras y me pregunto cuál habrá
escogido.
Hana afirma que aquí las mujeres tienen muchas libertades, que una gran parte de la “mala fama” que tienen es debido a otros países más cerrados.
Sin embargo, si la mujer proviene de una familia muy tradicional y conservadora no tiene opción de elegir si usar o no el velo. Conocí algunas jóvenes caminando por la “rambla” y cuando les pregunté qué piensan del velo una de ellas contestó: “Si pudiera me quitaría el velo pero mi familia no lo aceptaría”. La hermana mayor la miró de forma incisiva. Ella sonrió y prosiguió. En su caso lo usa porque su padre la obliga. Generalmente las familias más tradicionales son patriarcales y siguen los dictámenes del padre.
He visto mujeres médicas, dentistas, maestras, cajeras y políticas. El velo no es impedimento para realizar actividad alguna. Tras dos meses de estadía en el sur del Líbano me voy con la impresión de que a nosotros, los occidentales, nos queda muchísimo por aprender del mundo árabe. Cada sociedad tiene sus tiempos, y poco a poco las mujeres van encontrando su espacio. Aún queda mucho por cambiar en términos de igualdad de género pero las nuevas generaciones vienen con aires de cambio y progreso.