31 de marzo de 2026 5:00 hs

Rafael Costoya, Pablo Espósito y Julio Guarnaschelli tienen más de dos décadas de experiencia en la industria biotecnológica, pero es la primera vez que se animan a dar el paso de emprender.

En una industria dominada por las multinacionales los tres uruguayos apostaron por crear su propia planta enfocada, en principio, a la industria veterinaria.

Los tres se conocieron trabajando como empleados del laboratorio Prondil que fue adquirido en 2017 por la multinacional MSD, donde los tres profesionales se desempeñaron en puestos gerenciales hasta 2023. "Teníamos trabajos estables, bien remunerados en una multinacional, con muchos beneficios", recuerda Espósito. A pesar de la comodidad, tras más de un año de conversaciones, sabían que había llegado el momento de decidir si continuarían siendo empleados hasta el final de su carrera o se arriesgarían a emprender. El coraje, un poco de inconsciencia y la oportunidad de una industria efervescente ganaron la partida y en 2023 nació Terovet.

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Los empresarios hicieron sus primeras armas como independientes trabajando en consultoría técnica para laboratorios en el exterior, hasta que fue posible apostar a su propia planta de producción.

Para Guarnaschelli su proyecto es "hijo de este tiempo" en el que se comenzaron a divulgar más las capacidades biotecnológicas de Uruguay internamente y hacia el exterior y la calidad del trabajo local. "Nosotros estamos buscando ese nicho de nuevos productos y apoyar a todas estas startups que tenemos acá en la vuelta también que precisan ese pasito de escalado hacia la industria", remarcó Guarnaschelli.

"Pudimos comprobar que el técnico uruguayo es muy valorado en el exterior", subrayó Costoya.

La planta de Terovet está en plena construcción que, estiman, finalizará a mediados de año y sus operaciones comenzarán entre setiembre y octubre del 2026. "Estamos siguiendo un modelo que vimos muy exitoso. Uruguay está desarrollando una cantidad de emprendimientos biotecnológico de pequeña escala, pero no tiene las capacidades para escalar industrialmente, nosotros somos especialistas en esa rama de llevar un piloto a escala comercial industrial", apuntó Costoya.

Su modelo de negocios CDMO (de producción por contrato) se basa en desarrollar y fabricar para terceros, ya sea por licenciamiento de tecnología, como puede ser una startup, o con "marca blanca" y tecnología propia de Terovet para una multinacional. "Con nuestras vacunas podemos fabricar para otros, principalmente este modelo es para multinacionales", explicó Costoya y sostuvo que ya están avanzadas las negociaciones con multinacionales para cubrir desde Uruguay su producción para ciertas regiones del mundo.

"Tenemos preacuerdos con multinacionales para distintas regiones del mundo y estamos hablando con empresas locales para escalar sus producciones de vacunas tanto para ganado como para mascotas", especificó al respecto Espósito.

"Las ventas van a estar en el orden de un 80% u 85% para exportación", destacó Costoya y afirmó que el marketing y la distribución de esos productos correrá por cuenta de las marcas que los contraten puesto que su foco estará en la producción.

Biotecnología para Uruguay y el mundo

La planta de Terovet demandará una inversión de US$ 4 millones -que los fundadores recaudaron mediante fondos propios y financiamiento bancario-. La primera etapa es de un primer módulo de producción, aunque el terreno permite la construcción de seis módulos más. En esta primera fase su capacidad de producción alcanza las 20 millones de dosis de una vacuna compleja que combina 10 antígenos, si son más simples la capacidad aumenta.

En este escenario, y como pioneros en tecnología recombinante, desde Terovet podrían, por ejemplo, llevar a escala industrial la vacuna contra la garrapata que varias empresas uruguayas están desarrollando en la actualidad.

Esta línea de negocio que pretende escalar la producción de startups no tiene competencia local a nivel de producción industrial. "Hay fábricas de producción de vacunas similares a las que nosotros vamos a ofrecer, pero están instaladas en el país en formato de multinacionales, no empresas locales", dijo Espósito. Es el caso de Santa Elena (ahora Virbac) y Prondil (MSD, Merck) que no suelen ser accesibles para empresas locales.

"Nuestra ventaja es que estamos a un golpe de puerta del investigador, nos conocen y estamos en el ambiente. Hay otra fluidez que con una multinacional", finalizó Costoya.

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