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6 de julio 2018 - 5:00hs
Por Ignacio Bartesaghi *

En las últimas semanas la atención internacional ha estado centrada en Rusia, ya no por razones políticas vinculadas con las diferencias de esta potencia con Estados Unidos por las acusaciones de espionaje, las tensiones con Europa por la crisis con Ucrania o el atentado en Reino Unido contra un ex espía ruso. En este caso, las miradas están centradas en la realización de una nueva edición del mundial de fútbol.

Se está frente al principal evento deportivo a nivel internacional, el que más allá de las sorpresas por la eliminación anticipada de grandes potencias como Alemania, Argentina o España, se desarrolla sin sobresaltos y exitosamente.
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En paralelo al avance del mundial, la denominada guerra comercial se consolida entre actores que no forman parte de la competencia, pero que son los que lideran la economía y el comercio mundial. Entre partido y partido, aumenta el nivel de tensión comercial debido a la aplicación de aranceles, lo que ya está impactando en el desempeño de la economía global.

Las primeras medidas proteccionistas de Trump a través de la suba de aranceles, comenzaron con la implementación de salvaguardias a las importaciones de paneles solares y máquinas lavadoras, medida que, si bien golpeó a China y otras economías asiáticas, no tuvo impacto internacional por al menos dos motivos. En primer lugar, se trató de una medida que buscó respetar las reglas de la Organización Mundial del Comercio (OMC). La suba de aranceles estaría permitida en el marco de salvaguardias justificadas por la relación entre el aumento de las importaciones y el mal desempeño de la producción nacional. Por otro lado, el comercio de estos dos productos no es tan significativo.

Como es sabido, distinto es el caso de la suba de los aranceles al acero y al aluminio, el que si bien se ampara en las excepciones relativas a la seguridad del artículo XXI del GATT, la justificación sería infundada y contraviene evidentemente el espíritu de la norma. Además, inicialmente Estados Unidos discriminó a los miembros de la OMC en la aplicación de la medida, implementando la misma a las importaciones originarias de China, pero excluyendo a otros socios como la Unión Europea, Canadá y México. Más recientemente, hizo extensivo el cobro de las tarifas a sus principales socios comerciales, lo que generó una generalización de las medidas proteccionistas.

En paralelo a los reclamos ante la OMC por parte de los socios, los países afectados ya aplican medidas retaliatorias para defenderse de las acciones consideradas ilegales aplicadas por parte de Estados Unidos. Esto llevó a que China y Canadá ya cuenten con aranceles vigentes y otro grupo de medidas para protegerse de las políticas seguidas por la administración Trump. A su vez, este país reacciona aumentando la apuesta, presentando enormes listados de productos a los que se le subirían los aranceles, lo que es respondido en la misma medida por la Unión Europea, China, Canadá e incluso India.

Las tensiones comerciales entre las principales economías del mundo afectan las expectativas de corto y largo plazo para el comercio internacional. La reacción más inmediata se observa en la caída de las bolsas, la evolución del precio de los commodities o las expectativas de inversión de algunas empresas. En el largo plazo, la mayor preocupación está centrada en que esta ola proteccionista impulsada por Trump lleve a un cambio en las reglas de juego que han regulado el comercio internacional en los últimos 60 años. Es por eso que preocupa la noticia sobre la posibilidad de que Estados Unidos abandone la OMC.

Sobre este punto, debe reconocerse que desde un primer momento el presidente Trump mostró su posición contraria a los organismos multilaterales y al libre comercio. De hecho, una vez en el poder se retiró del TPP, propuso la renegociación del Nafta y comenzó a atacar a la OMC y a todos aquellos países con los que registra un déficit comercial. En el plano político siguió el mismo camino, lo que se evidenció respecto a su posición con la OTAN, la salida del Acuerdo de París sobre el Cambio Climático, su posición respecto al conflicto de Medio Oriente, el acuerdo con Irán, o el rol que pretende de las Naciones Unidas y sus agencias especializadas.

Se está frente a un mandatario que se ha despojado de la historia diplomática del país, de los fuertes lobbies internos y, hasta de cierta forma, del rol histórico jugado por los asesores presidenciales. Sustenta sus políticas amparado en una lógica unilateral y sin considerar las limitaciones que le imponen el derecho y la comunidad internacional. Su política exterior es ejecutada hábilmente, con niveles inéditos de pragmatismo, pero con el apoyo de ciertos sectores que comparten los lemas de "Estados Unidos primero" o de "volver a hacer grande al país". No debe caerse en el error de pensar que las acciones de Trump no cuentan con apoyos internos y externos, son estos los que siguen garantizando la viabilidad de sus propuestas.

Parece claro que la denominada guerra comercial disfraza la cuestión de fondo, que es una batalla entre Estados Unidos y China por el liderazgo mundial. A diferencia de los partidos restantes del mundial de fútbol, en este caso ya se sabe el resultado. China emergerá como la nueva potencia internacional, pero tras una transición que Estados Unidos anhela sea lo más extensa posible. En ese marco, se desata un debate que deberá calibrarse adecuadamente por los otros actores internacionales, defendiendo los pilares que han regulado con éxito las políticas comerciales, pero también reaccionando y asumiendo posibles reformas que son claramente justificadas en la OMC.

En los hechos, ¿no es cierto que el Sistema de Solución de Diferencias de la OMC puede ser reformado?, por ejemplo mejorando su eficiencia, rapidez, accesibilidad, entre otros. ¿Puede una organización internacional negociar una Ronda Comercial (Doha) desde el año 2001 sin avances?, ¿no sería el momento de actualizar la agenda de temas que se tratan en la organización?, ¿no es cuestionable el margen de acción de la organización en algunas políticas públicas distorsivas del comercio?, ¿no existe cierta justificación en los reclamos que se le hacen a China en el marco de la organización por parte de Estados Unidos y la Unión Europea?

Como lo reconoció el propio presidente Macron, sí hay espacio para enfrentar ciertas reformas en la OMC, para actualizar sus reglas frente a un comercio mundial que ya no responde a las lógicas del pasado. De cierta forma, hay que aprovechar la ventana de oportunidad que abre las políticas impulsadas por Trump, actuando con pragmatismo para evitar quiebres definitivos en las relaciones internacionales. Ahora bien, este proceso debe hacerse sin presiones exageradas y respetando los pilares centrales que han reglado el comercio mundial desde la Segunda Guerra Mundial.
Si bien los dos mundiales seguirán su curso, uno terminará el 15 de julio, mientras el otro, seguirá durante meses con resultados todavía inciertos.

* Decano de la Facultad de Ciencias Empresariales de la Universidad Católica del Uruguay y director del Departamento de Negocios Internacionales e Integración de la misma Universidad. Doctor en Relaciones Internacionales e integrante del Sistema Nacional de Investigadores.

Twitter: @i_bartesaghi
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