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Elecciones uruguayas: poniendo a prueba los límites de la tolerancia

Todavía no llegó el invierno, pero el bombardeo de información política es ya agobiante

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24 de mayo de 2019 a las 05:02

Aunque no tengo a mano la calculadora, un estimado a vuelo de pájaro permitiría afirmar que más del 60 por ciento de las noticias y comentarios que brindan los medios informativos en estos días, que irán para largo, son relativas a política. Política hasta en el pronóstico del tiempo, en el horóscopo. Por el momento no hay signos de un empacho a la vista, aunque la sobredosis, cuando se acerque el día de las elecciones, puede ser un nocaut poderoso a la capacidad de tolerancia. Periodistas y público en general hablan y hablan, escriben y escriben, de política como si fuera la única realidad conversable.

Este es un país excesivamente recatado, púdico y discreto a la hora de informar sobre los actores de la batalla política en desarrollo. Por lo tanto, no habrá grandes sorpresas noticiosas relativas a posibles descubrimientos y secretos en la vida privada de nadie que aspire al principal cargo. Eso sucede en otras partes, donde el periodista se convierte en fisgón, en detective que debe investigar si hay algún fantasma en el armario, como ser, una doble vida de uno de los candidatos en cuestión, algún o alguna amante, alguna adicción, etc. etc. Aquí todo es muy leve. El escrutinio es solo a nivel del contenido del discurso. Como si fuera poco, entre los candidatos no habrá debate presidencial, por lo tanto, el escrutinio de las capacidades de los contendientes es y será limitadísimo.

Es tan civilizado todo, que termina siendo aburrido, con demasiados momentos que parecen replay de la pedestre polarización entre pitucos y proletarios, que parece venida de una página de la Edad Media, no de un país que en otra época hace mucho se consideró culto, émulo de Suiza. Es tan civilizado todo, que parece un duelo de Lejano Oeste en el cual los cowboys buenos y malos usan revólveres con balas de salva. Todo se reduce a cuestiones ideológicas y políticas que ya las conocemos de sobra y que no cambiarán de aquí a noviembre.  

Por lo tanto, cuando hay alguna noticia nueva sobre Luis Alberto Lacalle Pou, Daniel Martínez, Jorge Washington Larrañaga (tal vez podría mejorar en las encuestas si comenzara a usar su tan uruguayo segundo nombre), Ernesto Talvi (a Sanguinetti lo conocemos bastante como para generar por su lado algo no conocido ya), Carolina Cosse –vaya, una mujer–, Edgardo Novick o Juan Sartori, es figurita repetida. Ya la tenemos pegada en el álbum. La vimos y la oímos de sobra. Por consiguiente, es llover sobre mojado (y no para de llover en este aspecto). Aunque, ¿será tan así?

En verdad, ¿conoce el público general cuáles son los planes en materia económica, educativa, social y de seguridad, que tiene cada uno de los candidatos mencionados? Conjeturo que es una inmensa minoría la que realmente sabe la diferencia profunda a nivel de pensamiento y de ideas elaboradas entre un candidato y otro. Aunque será una elección nacional de inmensa importancia, hay quienes ya tienen decidido el voto sin haber siquiera analizado a fondo las opciones a disposición. La historia vuelve a repetirse. También esta de ahora viene de antes.

Los que quieren ver finiquitado el ciclo del FA en el poder, están requetedecididos a votar a un cocodrilo o a un carpincho en lugar de a Martínez. Por su parte, los frentistas van a votar a su candidato, aunque sea un carpincho o un cocodrilo. O Daniel Martínez, quien buscará convertirse en el primer presidente calvo de América Latina desde los tiempos del mexicano Carlos Salinas de Gortari, a mediados de la década de 1990.

Así pues, en medio de un panorama en el cual los candidatos poseedores de ideas con cierto alcance innovador tienen problemas para comunicarlas bien y para que la gente les preste atención, los uruguayos despiertan cada día acosados por información política, agobiante, sobre todo para la inteligencia. El acoso y bombardeo son continuos, y no hay refugio donde guarecerse. Dice una de las mejores canciones country: “Si pasamos de diciembre/todo va a estar bien, lo sé”. El asunto es llegar a noviembre y recién después ver cómo sobrevivir diciembre.

 

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