Historias mínimas > historias

Elogio de la belleza

Es raro que aún se discuta sobre el tema. Porque no hay dudas: las feas son casi siempre más inteligentes que las lindas. Pero la belleza corre con ventaja. La ciencia y el sentido común lo avalan.

Tiempo de lectura: -'

04 de septiembre de 2012 a las 00:00

Lo raro es que se siga discutiendo sobre el asunto. Porque no hay dudas: los feos y las feas son casi siempre más inteligentes que los lindos y las lindas aunque la belleza corre con ventaja. La ciencia y el sentido común lo avalan. Porque se trata de una cuestión de conveniencia y de supervivencia.

Porque mientras los otros se iban a bailar, los feos se se quedaban leyendo o escuchando música más decente. Pero la belleza física, a diferencia de la inteligencia, no necesita pruebas y por eso siempre será más eficaz a la hora señalada.

Es decir, para anoticiarse de lo bueno, de lo justo, de lo sensible, uno debe observar, sentir o escuchar más de dos veces. Sin embargo, basta con una sola mirada para cerciorarse de lo bello. Lo dicho es, por supuesto, pasto para las feministas radicales que se han cansado de proclamar que esa preciosura exterior que tanto atrae no es más que la consagración de un instante y que la apariencia del cuerpo no siempre es el reflejo del alma.

Claro que la belleza que atrae no siempre coincide con la belleza que enamora. Pero es preciso lo lindo para que uno ingrese rápidamente a ese universo humano donde, tal vez, luego encontremos otras virtudes que pueden enamorarnos.

Esto lo tenía claro Oscar Wilde quien no se contentaba con los estragos injustos que provoca el paso del tiempo. “Es terriblemente triste eso de que el talento dure más que la belleza”, decía el escritor.

Por otra parte, yendo para el lado de la ciencia, se sabe que el hombre se define menos por su aspecto externo que la mujer y ello se debe, entre otras cosas, a la testosterona. Sin llegar a la guarangada esa de que el hombre como el oso cuanto más feo es más hermoso, las investigaciones en laboratorios ha demostrado que la belleza femenina es una especie de feromona visual que moviliza las hormonas sexuales masculinas y hace que los hombres entren en celo.

El psicólogo James Roney ha observado que cuando esto sucede, el hombre se vuelve más ingenioso y más atrevido, y la mujer se ve rodeada de una caterva de cromañones pero también de personas sensibles dispuestas a ver que hay adentro de la piel.

La belleza ya ha le ha dado a esa mujer la posibilidad de quedarse con lo mejorcito de la clase. Si se equivoca, o si tiene un pésimo gusto, no es por culpa de esos ojos preciosos o de esos labios que dan ganas de morder.

Además, un estudio de la Universidad de Valencia demostró que los niveles de cortisol, la hormona que nuestro organismo segrega en situaciones de estrés, se disparan como bala en un hombre que está en presencia de una mujer bella. Es decir, para bien o para mal, la belleza es siempre inquietante y es imposible ponerse a salvo.

Frente a esta realidad, son legión los que pierden el tiempo planteando cosas tales como “la belleza es relativa” o preguntando “a qué se considera belleza”. Como si no supieran que aquel petizo orejudo es feo y por eso es natural que no le den ni la hora –aunque tal vez sea una lumbrera- ,y que con esta señora se babean casi todos aunque se le sospechen pocas habilidades literarias. Es decir, si aquella muchacha no fuera rubia y linda otras serían sus expectativas. Si yo hubiera nacido con otra cara, otra sería mi biblioteca.

REPORTAR ERROR

Comentarios

Contenido exclusivo de

Sé parte, pasá de informarte a formar tu opinión.

Cargando...