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Empresarios que buscan el camino del cannabis en Uruguay

Quienes llevan adelante estas firmas visualizan una industria que podría convertirse en una de las principales del país, y señalan obstáculos que impiden que avance

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17 de abril de 2019 a las 05:03

"Tenemos una ley que es como un Fórmula 1, pero que después te dicen que puede ir en primera. Y ves que todos los demás están calentando los motores y van a salir a 800 por hora”. Así fue como uno de los empresarios de la industria del cannabis, Eduardo Blasina, quiso reflejar el sentir del sector en setiembre de 2018 en una actividad de la que participaron varios actores de la industria en la Universidad ORT.

Siete meses después, aquella comparación no perdió vigencia. Hay una veintena de empresas con distintos negocios que –según la Cámara de Empresas de Cannabis Medicinal (Cecam)– suman una inversión que para fines de 2019 se estima que esté cerca de los US$ 300 millones y está también la certeza compartida de que existe un potencial único y tan grande que, de ser aprovechado, podría llevar a la industria del cannabis a ser una de las principales del país. 

Empresarios que apostaron a esta planta como base de sus negocios contaron a Café & Negocios cómo transitan el camino de llevar adelante una empresa de este sector, con el deseo de que sea visto como una agroindustria más.

Se trata de una industria que está bajo la lupa, según el presidente de Cecam y fundador de CannaPur, Marco Algorta: “Hay un tema cultural que va más allá de la voluntad de uno. Tantos años de prohibición alrededor de la planta ensuciaron el nombre, entonces uno es culpable antes de demostrar lo contrario. El otro día hablaba con alguien de Canadá y decía que para algunos manejar cannabinoides es como manejar plutonio, algo radiactivo. Parece que estuviéramos manejando algo que fuera a contaminar todo, y te chequean como si vinieras del mundo ilegal”, dijo el empresario. 

Uno de los hombres de negocio consultados dijo que si bien existe prejuicio a nivel mundial y varias trabas que dificultan el registro de medicamentos a base de cannabis, en Uruguay “hay una aceptación total” en la sociedad y mucha curiosidad acerca de sus beneficios medicinales. “Más que nada me preguntan muchísimo en todos lados”, agregó.

Algo que salta en las reuniones de la cámara –creada en octubre de 2018 y de la que forman parte 14 empresas– es que los tiempos del cannabis a nivel mundial parecen correr a un ritmo más acelerado de lo normal. “En un mes para el cannabis podrían pasar millones de cosas de lo rápido que se mueve todo en este momento en el sector”, contó Daniel Podestá, secretario de la cámara, asesor de empresas de la industria desde que se aprobó la ley y dueño de la empresa BCBD, que al día de hoy proporciona la materia prima para marcas de yerba mate con cannabis que se comercializan en el mercado. Este empresario cree que el del cannabis es un sector “de los más dinámicos” del mundo. 

Algorta, por su parte, apuntó que en un principio todas las empresas pretendían trabajar toda la cadena de producción, y que ahora “esa verticalidad se está rompiendo y se van sectorizando”. 

En las reuniones entre estos empresarios también se plantea la preocupación de “perder el tren” y quedar fuera de juego. Estos son los principales temores. 

En general preocupa que Uruguay vaya perdiendo poco a poco la ventaja que implica ser el primero en regular, por quedar como uno más del montón entre los mercados que han seguido su ejemplo. “Es un sector que se viene regulando cada vez más a nivel mundial, son cada vez más los países que entran al club”, añadió Podestá. 

Según el presidente de la Cecam, es un sector en formación en todo el mundo y “todos los modelos” tienen sus límites, aciertos y errores. “Necesitamos encontrar cuál es el camino del cannabis. No es un medicamento propiamente dicho pero tampoco fitoterapia, no podemos encasillarlo ni en una cosa ni en otra”, agregó. No obstante, señaló que Uruguay tiende a “jugar al empate, a cuidar más, a no regalarse”. 

“Creo que ahora (las autoridades) tienen que empezar a tomar ciertos riesgos en su regulación de cannabis, eso implica acelerar procesos. Necesitamos que actores políticos se pongan de acuerdo y tengan actitud proactiva hacia la industria”, opinó. 

Obstáculos

Los empresarios de este segmento, para empezar, no pueden abrir una cuenta bancaria asociada a su empresa mientras en Estados Unidos se siga prohibiendo que los bancos trabajen con dinero obtenido del cannabis. 

Algorta dijo que, como en cualquier industria, se necesita de varios servicios alrededor de las empresas, y que en Uruguay “no hay nada”, empezando por el “gran obstáculo” del sistema financiero. “Uruguay, por ser economía dolarizada, no puede prescindir de la compra de dólares a Estados Unidos. A este momento, Uruguay no puede operar con dólares de cannabis porque se cortaría esa compra de dólares y eso generaría otro problema a otra escala”, agregó el empresario. 

Dijo que existen alternativas para operar, “ideas en borrador” y propuestas de especialistas en la materia, pero que el talón de Aquiles es la voluntad política. 

“Esa es la gran negociación, cómo generamos un sistema que nos permita operar. Hay que tener la valentía suficiente para tomar decisiones que pueden ser discutibles, pero la única forma para Uruguay de terminar de posicionarse en esta industria es que se tomen acciones con cierto grado de valentía”, añadió Algorta. 

Por su parte, Podestá se preguntó de qué manera se pagan los salarios de empleados si a su vez está la obligación de hacerlo mediante la inclusión financiera.
Aunque no quisieron mencionar cuáles son esas vías paralelas que encuentran para operar, Podestá dijo que “cada empresa lo maneja internamente como mejor considera”.

En el limbo

La fundadora de YVY Medical Cannabis indicó que la industria está “en un limbo”. Su empresa obtuvo licencia para cultivo de cáñamo y su negocio, en una primera etapa, consistirá en cultivar flores de cannabis medicinal, con la visión a largo plazo de elaborar medicamentos a base de cannabis. “Nuestro modelo de cultivo es diferente al de la mayoría de las compañías, porque nuestra visión no es que cultivemos nosotros, sino que creamos un formato de granja modelo que queremos replicar con granjas independientes. Queremos trabajar con cultivadores, y traeríamos un manual de cultivo para que ellos implementen”, agregó. 

La empresaria vivió 15 años en el exterior –entre Israel y Estados Unidos– y entró al mundo del cannabis desde que notó que era efectivo para la enfermedad autoinmune de su esposo.

"Vimos la oportunidad de entrar en un rubro que para emprendedores es atractivo, pero también de encontrar soluciones para problemas”, señaló. Vinieron a Uruguay en 2017, tras percibir que “la parte recreativa ya estaba establecida” y que se habían empezado a otorgar las primeras licencias de las industrias de cannabis medicinal. “Era temprano, en el sentido de que había mucho por hacer y que falta implementar esa regulación. Pero vimos la oportunidad de ser pioneros en una nueva industria y en ayudar a construirla”, contó. 

Para la fundadora de YVY, el otro freno –además del bancario– al que se enfrenta la industria es la falta de acción del Ministerio de Salud Pública. Dijo que, por ejemplo, quisieron traer reguladores de cannabis de otros países y hacer un evento para ayudar al MSP a desarrollar la parte reglamentaria para aprobación de medicamentos, pero no recibieron respuesta. “Precisamos que el MSP empiece a comunicarse con nosotros para desarrollar la industria. Por un lado Uruguay XXI impulsa inversiones y por otro tiene que haber alguien del gobierno que empuje a salud pública para que haga su parte. Estimulamos inversores en una industria que no va a ningún lado si no se empieza a desarrollar toda la parte regulatoria”, recalcó. 

En ese sentido, Algorta coincidió en que es necesario que el MSP “se meta en el asunto” y que haga una regulación especial para la industria del cannabis. Su empresa, CannaPur, tiene licencia para producción de cannabis para uso medicinal. Además, presentó un proyecto para hacer la extracción posterior a esa producción.

La empresa recibió inversión canadiense de US$ 25 millones y se instalará en Juan Lacaze. Actualmente espera la autorización del gobierno para hacer el cambio de acciones hacia la canadiense. “Presentamos los papeles hace 21 días y las autoridades se toman un tiempo tremendo para dar un sello. Sin ese sello no podemos operar”, señaló. 

Según la fundadora de YVY, lo único que avanza es la producción masiva de flores de cáñamo, algo que no considera innovador, ya que es legal en varios países del mundo. 
“No nos podemos llamar innovadores si producimos cientas de hectáreas de cáñamo. A nivel industria sería una lástima quedarnos en exportación de flores de cáñamo. Si nos quedamos donde estamos hoy, perdemos la oportunidad del siglo”, apuntó. 

En tanto, Cannabis Medicinal, de Blasina, está en etapa de cosecha de flores y a la espera de construir la fase industrial. El empresario cree que hay poca claridad en los pasos a dar para habilitar distintos productos para el mercado interno, y que “es más fácil todavía vender en el exterior”. 

En su opinión, se trata de un sector que en general está en crecimiento y que es una de las principales fuentes laborales para un agrónomo recién recibido. Por otra parte, considera que todavía no se asume del todo que esta planta “tiene un carácter medicinal serio por detrás y que como alimento funciona”. 

“Acá estamos lentos para asumir esta nueva realidad”, dijo. La falta de avance en Uruguay, a su entender, se debe a una razón principal: la falta de tratamiento científico a nivel político. “En política hay pocos a quienes les interesa la ciencia o sean científicos.Entonces el sistema político no es vanguardia en este tema, no quieren abordarlo o lo abordan tratando de asustar a la gente” dijo.

Para el presidente de Innovaterra (Salto), Carlos Rodríguez, el sector “está en una indefinición”: “Las demoras en las licencias nos van haciendo perder competitividad y oportunidades que teníamos frente a otros países. Nosotros estamos prontos para arrancar, están las plantas, la tecnología, los expertos, los equipos y la determinación de hacer un trabajo profesional que cuide todos los detalles, pero todavía no pudimos porque las licencias se están demorando”.

La empresa, creada hace cuatro años, obtuvo la licencia para producción agrícola, es decir, puede vender las flores con bajo contenido de THC. “Estamos a la espera de la licencia del Instituto de Regulación y Control del Cannabis (Ircca) para extracción, que nos permitirá obtener el extracto primario. Luego vamos por la licencia de laboratorio con producto terminado en sus diferentes formulaciones”, explicó.

Rodríguez apuntó que actualmente están “empantanados” por la falta de esa habilitación. “Sabemos que los mercados están altamente demandantes de nuestra producción, pero sin las licencias no podemos hacer nada”, lamentó. Se espera que una vez que la planta comience a funcionar, genere cerca de 70 empleos fijos, con picos de 200 y 300 trabajadores en las cosechas. “Estamos en Salto, en una zona que fue golpeada en los últimos meses en materia laboral, y tenemos gran expectativa de que InnovaTerra haga un buen aporte para el trabajo de las familias de la zona”. 

Por su parte, a Jordan Lewis, CEO de Fotmer, sus conocimientos de medicina –es médico veterinario– le permitieron darse cuenta de los beneficios terapéuticos del cannabis medicinal, “poco explorados”. 

El proyecto de Fotmer, que está en marcha, demandará una inversión de US$ 15 millones y cuenta con casi 200 trabajadores y contratistas, dijo Lewis. Para el CEO de la empresa, Uruguay generó una “gran oportunidad” de desarrollo de la industria del cannabis cuando se convirtió en el primer país en regularizar el mercado. 

Destacó que el país cuenta con profesionales formados y mano de obra calificada para un emprendimiento como Fotmer, considerado como “una gran iniciativa que en este momento está atravesando una etapa crucial que puede marcar la economía uruguaya en las próximas décadas”. Lewis coincidió con el resto de los empresarios al subrayar que todo lo que necesita la industria es “apoyo continuo por parte del Estado”, que permita crecer a la par de la industria mundial. 

El único medicamento
Actualmente, el único medicamento a base de cannabis registrado en Uruguay es de la empresa MedicPlast. La empresa produce por un lado aceite de extracto de cannabis medicinal Epifractán, que se adquiere solo con receta médica, y por otro una crema cosmética, Cannabipiel. La materia prima es importada de Suiza. El director de la empresa, Armando Blankleider, señaló que las ventas crecen a medida que los médicos toman conocimiento de los medicamentos y los indican a sus pacientes.  
“Cuando toman conocimiento del producto y de las dosificaciones, lo recomiendan con más confianza. Esto no se enseña en la facultad de medicina, entonces un médico consciente no te receta algo que no conoce. Pero están tomando contacto constantemente”, apuntó Blankleider. 
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