31 de agosto 2022 - 5:02hs

La globalización no es sólo comercio y tecnología. También tiene que ver con la política. El cambio político, sobre todo el colapso del comunismo, creó las condiciones para una era de hiperglobalización. Ahora el cambio político, sobre todo el aumento del nacionalismo, está amenazando la densa red de lazos económicos desarrollados en las últimas tres décadas.

Los enemigos de la globalización se encuentran en todo el espectro político, desde la derecha nacionalista hasta la izquierda anticapitalista, y desde el movimiento ecologista hasta los servicios de inteligencia.

Es cierto que la desglobalización aún no se ha manifestado realmente en las cifras comerciales. Como señaló recientemente mi colega Alan Beattie, "la mayoría de los parámetros estándar de la globalización –movimientos transfronterizos de mercancías, servicios, capital, datos y personas– van bastante bien".

Una posible conclusión es que las conexiones económicas globales y las cadenas de suministro son ahora demasiado intrincadas para deshacerlas. Aunque exista la voluntad de desglobalizar, no hay una forma real de hacerlo.

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Un repentino retroceso hacia la autarquía económica por parte de las principales naciones comerciales del mundo provocaría sin duda caos y penurias. Pero, a pesar de toda la agitación que conlleva, los vínculos económicos internacionales pueden romperse repentinamente. En los dos últimos años, la pandemia y la guerra de Ucrania han demostrado lo vulnerable que es el comercio internacional a las conmociones inesperadas. Covid-19 paralizó los viajes a nivel mundial e interrumpió las cadenas de suministro. La guerra en Ucrania provocó la ruptura de los vínculos económicos de Occidente con Rusia. Y la combinación de fuerzas políticas y sociales que se oponen ahora a la globalización hace probable que se produzcan nuevos choques.

Hace una década, el proteccionismo era todavía una mala palabra en la política estadounidense. Pero la administración Trump inició una guerra comercial con China y la administración Biden ha mantenido los aranceles. Actualmente, un consenso bipartidista en EEUU está impulsando políticas para reducir la dependencia económica de China y repatriar industrias clave, en particular la de semiconductores. India ha seguido la tendencia de desvinculación, prohibiendo las compañías tecnológicas chinas, como TikTok, en respuesta a las crecientes tensiones con Beijing.

Los propios chinos participan activamente en este proceso de desvinculación. Podría decirse que dieron el primer paso significativo, con una iniciativa para promover la producción nacional de tecnologías clave. La política "Hecho en China 2025" de Beijing se anunció en 2015, antes de la elección de Donald Trump.

Cuando la lógica económica era más poderosa que la rivalidad geopolítica, la pregunta dominante era: ¿dónde es más barato o más eficiente comprar o producir? Eso llevó a la construcción de intrincadas cadenas de suministro transfronterizas. Pero en un mundo en el que las rivalidades internacionales son cada vez mayores, se plantean preguntas diferentes. ¿Dónde es más seguro producir o comprar? ¿Y deberíamos incluso comerciar con naciones que consideramos una amenaza?

La invasión de Ucrania no sólo ha hecho que parezca imprudente confiar en los rivales políticos para obtener insumos económicos clave, sino que también ha permitido que las fuerzas de seguridad nacionales tradicionales de Occidente puedan arrebatarles la autoridad moral a los partidarios del libre comercio. Jens Stoltenberg, secretario general de la OTAN, dice que "la libertad es más importante que el libre comercio". No hay muchas voces influyentes que propongan argumentos contrarios.

Los argumentos políticos y estratégicos para cortar los lazos comerciales se complementan cada vez más con argumentos sobre el medio ambiente y la resiliencia social. Tras la pandemia, los gobiernos se resisten a volver a un mundo en el que la producción de vacunas, por ejemplo, o incluso de guantes de goma, se concentra en uno o dos países. Insistir en las instalaciones de producción nacionales, que antes parecía ineficiente, ahora parece prudente. Como dice un industrial de alto nivel: "Estamos pasando del 'justo a tiempo' al 'por si acaso'".

La vulnerabilidad potencial que les preocupa a los líderes de seguridad nacional de todo el mundo son los semiconductores, que son cruciales para todo, desde los teléfonos móviles hasta los misiles. Según el presidente estadounidense Joe Biden, alrededor del 90 por ciento de los semiconductores más avanzados del mundo son fabricados en Taiwán por un solo productor, TSMC. Un alto funcionario estadounidense afirma que una invasión o bloqueo de Taiwán por parte de China crearía un "invierno nuclear de semiconductores". Rectificar esa situación podría llevar muchos años. Pero el impulso para hacerlo está ahora en marcha con la aprobación de la Ley de CHIPS de EEUU.

EEUU cuenta desde hace tiempo con normas que pueden restringir la inversión interna por motivos de seguridad nacional. La Ley de CHIPS crea nuevas normas que restringirán la inversión en el exterior, desalentando a las empresas estadounidenses a fabricar semiconductores en China.

Los partidarios del enfoque de línea dura con respecto a la seguridad nacional creen que la globalización significó que las democracias occidentales patrocinaron ingenuamente el ascenso de rivales hostiles como Rusia o China. Los críticos de izquierda asocian la era "neoliberal" de la globalización con el aumento de la desigualdad y la degradación del medio ambiente. Ambas críticas tienen algo de cierto. Pero la presión para cortar los lazos comerciales y de inversión no es simplemente un producto del creciente nacionalismo y de la tensión económica; también contribuye a ambos procesos.

A pesar de todos los descontentos que ha creado la hiperglobalización, sospecho que, en las próximas décadas, el período comprendido entre 1989 y 2022 llegará a considerarse una edad de oro de paz y prosperidad. El mundo puede descubrir pronto que la globalización es el peor sistema posible... a excepción de todas las alternativas.

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