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Entreabierta puerta coreana

El hecho de que Corea del Norte haya suspendido sus pruebas misilísticas entreabre una hendija de esperanza

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28 de febrero de 2018 a las 10:13

Cierta distensión hacia la elusiva paz en la península coreana fue un epílogo más trascendente que las destrezas deportivas y artísticas en los Juegos Olímpicos de Invierno en Pieonchang. La primera señal la dio Corea del Norte, probablemente bajo presión de China, cuando no solo aceptó participar en el evento en esa ciudad surcoreana sino que hasta las delegaciones de ambos países desfilaron juntas en la ceremonia inaugural. Aunque superficial, esta unión marcó un drástico cambio en las ríspidas relaciones belicosas entre sur y norte, países que están todavía en estado técnico de guerra desde el armisticio de hace 63 años.

Un paso mayor vino después, durante la clausura de los JJOO. En momentos en que ha acallado por ahora el tiroteo de amenazas y epítetos insultantes que se lanzaban a diario el dictador norcoreano Kim Jon-un y el presidente Donald Trump, el régimen de Pionyang anunció estar dispuesto a dialogar con Estados Unidos para atenuar las tensiones generadas por un posible conflicto nuclear. El cambio de posición se produjo durante un encuentro del presidente surcoreano Moon Jae-in con el general Kim Yong-Choi, a cargo de las relaciones internacionales de Corea del Norte y presente en los JJOO.

La reacción de Estados Unidos no deja por ahora mucho margen a un avance pacificador. La vocera de la Casa Blanca, Sarah Huckbee Sanders, condicionó eventuales conversaciones directas a que la dictadura norcoreana primero demuestre estar dispuesta a abandonar su agresivo programa de armamentismo nuclear, que ha incluido la producción de bombas y el frecuente lanzamiento de misiles capaces de alcanzar el territorio continental estadounidense. Este programa es el buque insignia de un régimen que le destina casi todos sus recursos, a expensas de la miseria de su población.

El presidente surcoreano, que actúa como mediador en procura de un entendimiento que aleje el peligro de una guerra nuclear que involucraría a las dos Coreas y otras naciones, se apresuró a instar a Estados Unidos a rebajar sus exigencias. También pidió a Corea del Norte que muestre "su determinación para avanzar hacia la desnuclearización". Luego de una reunión con Liu Yandong, representante de China en los JJOO, también pidió la intervención de Pekín para presionar a los norcoreanos. El papel de la gran potencia asiática es decisivo en este juego de gestiones. Corea del Norte depende exclusivamente de China para la supervivencia de la dinastía familiar que la gobierna desde el siglo pasado, ya que le vende el 90% de sus exportaciones y recibe diferentes formas de ayuda.

Es presumible que la decisión norcoreana de mostrar cierto acercamiento con Corea del Sur haya sido a instancias del gobierno chino, que se vería comprometido en una guerra nuclear que le dificultaría su actual política de expansión financiera y comercial por todo el mundo para arrebatarle a Estados Unidos la posición de primera potencia mundial. Por ahora todo son amagues. Pero el hecho de que Corea del Norte haya suspendido sus pruebas misilísticas entreabre una hendija de esperanza. Pero un avance mayor depende no solo de que el dictador norcoreano acepte bajar la cabeza bajo presión china, sino también de que Trump sea capaz de flexibilizar sus demandas, curso que va a contrapelo de su avasallante personalidad.

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