Hay una sensación que campea e incluso toma una publicidad de yerba. Dos caras muy típicamente uruguayas nos exhortan a derrotar a este mal año, el 2020. Un año globalmente trágico, pandémico, como de ciencia ficción. Empezó con los incendios devastadores de Australia que se arrastraban desde la primavera 2019, siguió con la pandemia y no ha parado. Los incendios no paran, los virus tampoco y no hay rincón alguno del planeta libre del desastre que empieza en la biología, sigue en la economía y seguirá en lo social.
Si en 2018 hubiésemos visto una serie de Netflix o Amazon o Youtube de ciencia ficción distópica y viésemos un primer capítulo llamado 2020, veríamos lo siguiente, que podría subtitularse “basado en hechos reales”.
El guión podría empezar con los cielos de San Francisco de color naranja de día y de noche por los incendios circundantes que no solo son los más grandes de la historia de California, también los más grandes de Oregon, luego de que se registraran allí las mayores temperaturas alguna vez medidas.
Pero también podría iniciarse con los incendios incesantes en nuestro continente, desde la Amazonia o el Pantanal a delta del Tigre.
Podría continuar con el anuncio de científicos en cuanto a que Groenlandia ha cruzado el tipping point, el punto de no retorno y se derretirá indefectiblemente liberando a la atmósfera miles de toneladas de metano. Tal vez más espectacular seria empezar en el ártico donde grandes cráteres se abren, metano que se expulsa a la atmósfera.
El metano ya ha empezado a salir, los científicos rusos descubrieron esta semana un inmenso cráter de 50 metros en una expedición a la península de Yamal sobre el Círculo Polar Ártico en julio, según la televisión estatal. Fue denominado Cráter 17 porque se han descubierto 16 similares en el extremo noroeste de Siberia desde que se observó por primera vez el fenómeno en 2014. Por el lado de la biodiversidad la World Wildlife Foundation, Fondo Mundial para la Naturaleza, ha informado que en los últimos 50 años ha declinado la población de animales silvestres en 68%%, un trabajo que ha monitoreado la evolución en más de 4.392 especies monitoreadas de mamíferos, aves, peces, reptiles y anfibios entre 1970 y 2016. El Informe Planeta Vivo 2020 de la organización pinta un panorama sombrío del rápido daño que está causando la civilización moderna en la Tierra, advirtiendo que “la naturaleza está siendo destruida por los humanos a un ritmo nunca antes visto, y este catastrófico declive no muestra signos de desaceleración”.
Si fuera en el cine, el espectador podría empezar a ponerse crítico en cuanto a que el guionista se ha puesto demasiado “apocalíptico”
Por supuesto el principal argumento del episodio 2020 es el virus. Que en realidad son dos, porque al Covid se agrega el muy contagioso de la fiebre Africana de los cerdos que ha matado decenas de millones de cerdos en China, y que esta semana se ha comprobado ha penetrado las defensas de Alemania que había cercado todo su territorio para evitar que jabalíes enfermos entraran. No hubo éxito, una jabalí fue encontrada ya en estado de descomposición repleta de virus. La enfermedad entró pues hace varios días y se ha propagado. Aunque no se ha detectado en criaderos, el principal productor de carne de cerdo de Europa ha quedado temporalmente fuera de los mercados de Asia.
La pérdida de biodiversidad y la irrupción de enfermedades han sido colocadas como dos caras de la misma moneda y la deforestación y la agricultura son una vez más acusadas. El informe encuentra que la deforestación y la conversión de espacios silvestres en tierras de cultivo se encuentran entre los principales impulsores de la destrucción natural, mientras que la sobrepesca está “causando estragos en la vida marina”.
Por supuesto que en este guión seguirían pasando otros horrores distópicos que no se originan en temas ambientales. Como el caso del periodista mexicano Julio Valdivia, que fue torturado y degollado esta semana por investigar los crímenes de los carteles que campean en México o el caso de la pakistaní que viajaba en la noche por una carretera de su país y tras quedarse sin nafta fue asaltada y violada frente a sus tres pequeños. Para que el jefe de policía del Estado de Lahore dijera que una mujer no debería conducir un automóvil por la noche. Los ambientales no son los únicos problemas, pero son los que tendencialmente más moldearán este siglo.
El 2020 puede parecer de pesadilla, porque además una de las vacunas que más promete, la de Astra Zeneca ha suspendido sus ensayos y en Europa la cantidad de casos vuelve a aumentar. Pero es importante darnos cuenta que lo que estamos viviendo es solo en parte un accidente que se solucionará algún día con una vacuna. En 2021 habrá más gases en la atmósfera porque seguimos quemando carbón y 100 millones de barriles de petróleo cada día.
Habrá menos áreas silvestres. Todas las causas de los problemas estarán más presentes aún. Y corremos un importante riesgo de que el verano uruguayo sea de sequía como para sentir en tierra propia lo que significa una sequía en un verano de la era del calentamiento.
Un informe de la agencia Associated Press esta semana relevó la opinión de varios científicos. “Se pondrá MUCHO peor”, dijo el miércoles el científico climático de Georgia Tech, Kim Cobb. “Lo digo con énfasis porque desafía la imaginación. Y eso es lo que da miedo saber como científico del clima en 2020”, sostuvo.
El jefe de ciencias ambientales de la Universidad de Colorado, Waleed Abdalati, excientífico en jefe de la NASA, dijo que la trayectoria del empeoramiento de los desastres y el cambio climático por la quema de carbón, petróleo y gas es clara, y la física es básica. “Creo firmemente que vamos a mirar hacia atrás en 10 años, ciertamente 20 y definitivamente 50 y decir: ‘Wow, 2020 fue un año loco, pero lo extraño’”, dijo Abdalati.
“Esto es de lo que estábamos hablando hace una década”, dijo la climatóloga del estado de Carolina del Norte, Kathie Dello.
Mientras, el precio de los granos llegó esta semana al mayor valor en los últimos dos años. El clima golpeó al cultivo de EEUU, mientras se ven venir las amenazas sobe los cultivos del hemisferio Sur.
El final del 2020 será festejado, las esperanzas al empezar un año nuevo con promesa de vacuna serán justificadas. Pero tampoco sería razonable abrazarse a ilusiones fáciles. Contra le cambio climático no hay vacuna. Esta semana los servicios meteorológicos estadounidenses elevaron su estimación de “Niña” en el Pacífico a 80%, 4 chances en 5. En lo doméstico vienen una sucesión de días “lindos” primavera, frescura y sol. De aquí en más el riesgo de sequía irá creciendo. Añoremos la próxima lluvia y festejemos cada chaparrón de aquí a marzo como si fuese un gol de la celeste. Esa que hace tanto no vemos jugar por la pandemia.