Lo sucedido no se presta para demoras así que lo contaré rápidamente y sin ningún berretín literario. Estaba yo leyendo en una mesa del boliche y tomando el café escandalosamente frío que suele servirme el mozo, cuando me di cuenta de que tenía enfrente a un hombre sesentón, peinado a la gomina y con bigote.
Estamos todos muertos
La historia casi verdadera del hombre que estuvo quince minutos en el más allá y volvió para contarlo