23 de julio de 2013 17:38 hs

Tal vez sea mucho decir que la economía uruguaya va “para donde sopla el viento”, pero sin duda que la marcha del resto del mundo, y de la región en particular, condiciona las posibilidades de nuestro país. Por eso conviene estar atento a las “alertas económicas” que llegan desde los distintos puntos cardinales en torno a este pequeño barco que navega en un inmenso mar


En el primer semestre del año, varias de las principales autoridades económicas del Uruguay –incluso el presidente José Mujica– hablaron de que “se terminó el viento de cola”. Otros economistas, entre ellos Javier de Haedo y el exministro Isaac Alfie, discrepan y señalan que ese viento (que consideran que no se aprovechó de la mejor manera) hoy sigue soplando, tal vez con menor intensidad; aunque también señalan que el viento del oeste –léase Argentina– podría bandearnos. Es importante analizar entonces, como soplan los distintos “vientos” y cuales pueden llegar a afectarnos.

Alerta roja: Europa

Las condiciones climáticas más adversas las atraviesa Europa. El viejo continente fue el que pagó más cara la última crisis financiera internacional y todavía hoy puede decirse que su rumbo es incierto. Las diferentes realidades de los países “atados” por el euro (por ejemplo, mientras Alemania creció 0,1% en el primer trimestre de 2013, Chipre cayó 1,3%) y las dificultades políticas para encontrar soluciones que dejen a todos contentos (por ejemplo, por tener que decirle a los alemanes que paguen impuestos para ayudar a los griegos) hicieron que el centro de la tormenta se trasladara a Europa, que no vivía una crisis semejante desde la primera guerra mundial. Algunos de los países más afectados atraviesan situaciones similares (al menos de acuerdo a algunos indicadores como los niveles de desempleo, deuda o déficit fiscal) a las que vivimos de este lado del Atlántico hace una década. Las tasas de desempleo, de países como España, están, y se han mantenido durante muchos meses, en niveles incluso más altos que los que vivimos en Uruguay en la crisis, cercanos al 20%. Hoy en España la tasa de desempleo está por encima del 27%, mientras en Uruguay se mantiene por debajo de 7%. En Portugal, aunque parezca increíble, los jóvenes están emigrando hacia sus excolonias en África y Brasil. En 2012 más de 10.000 personas anularon su solicitud de trabajo en el Instituto de Empleo, más del doble que en 2008, para emigrar. Aunque cualquiera que viaje a Europa notará las diferencias con la realidad que nos tocó vivir a principios del milenio. En Uruguay la pobreza llegó casi al 40% –hoy está en 12,4%–, mientras que en Grecia, uno de los países más afectados por la crisis, “apenas” alcanza el 20%.
La ayuda ha llegado del resto de la Unión Europea. Tal vez un poco tarde para Grecia, pero a tiempo para que la crisis no se propagara a todo el continente, lo cual era potencialmente posible si países como España o Italia, llegaban a situaciones similares. Cinco países reciben créditos de ayuda de los fondos de rescate, que son financiados por los otros 12 miembros de la eurozona, por un total de más de 600 mil millones de Euros (Grecia 350, España 100, Irlanda 85, Portugal 78, Chipre 9). Pero de ahí a la recuperación económica hay un gran paso, y los líderes europeos no parecen muy convencidos de hacia dónde darlo. Un movimiento en falso podría significar caer en un pozo más profundo, pero el suelo que pisan tampoco es firme. De hecho, en el primer trimestre del año, el PIB se contrajo un 0,2%, acumulando seis trimestres consecutivos de caídas.
Lo positivo para Uruguay es que, salvo que Europa viva una crisis de consecuencias globales, esta coyuntura no parece afectarlo demasiado, e incluso ha permitido que muchas inversiones hayan seguido los pasos de Colón al cruzar el Atlántico en busca de lo que allá no encuentran. Para entenderlo, basta ver, por ejemplo, la expansión de los bancos españoles en la región y en nuestro país en particular. Hoy, incluso a algunos de esos bancos, los números les cierran gracias a sus ganancias en América Latina.
Europa se mantiene en “alerta roja” y es la región que atraviesa las mayores dificultades, con las salvedades del caso, porque citando al director de Le Monde Diplomatique, Ignacio Ramonet, “vivimos en un mundo donde vale más ser una vaca europea –a las que subsidian con 4 euros diarios– que un ser humano en África –que vive con 1 euro por día–”. Sin embargo, no es desde el viejo continente desde donde pueden llegar a soplar los vientos en contra más fuertes para Uruguay.

Hay un cambio en el viento del norte: hasta hace un tiempo soplaba hacia la región trayendo consigo muchos dólares, ahora empieza a llevárselos de vuelta

Alerta naranja: Argentina

No es necesario tener demasiada buena memoria para recordar que fue Argentina la que nos terminó de arrastrar a la crisis de 2002. Por eso, si bien las circunstancias no son las mismas, muchos observan con preocupación lo que sucede en la vecina orilla y le temen al viento del Oeste. La política económica “heterodoxa” (por decirle de alguna manera) que viene aplicando el gobierno de Cristina Fernández y que se acentuó tras la muerte de Néstor Kirchner, hace que por lo menos se plantee un gran signo de interrogación sobre el futuro.
Hay algunas señalas preocupantes, como el doble dólar: oficial y paralelo o “blue”, con una brecha de 50% entre ambos; o una inflación superior al 20%, aunque los números del INDEC la ubiquen fraudulentamente más cerca del 10%. Además, la mala imagen internacional y los consecuentes problemas para conseguir financiamiento o los enfrentamientos con empresas extranjeras (por ejemplo IPF), han provocado que la inversión en algunas áreas (como la energética) no esté en los niveles que Argentina necesita para hacer sostenible su crecimiento a largo plazo.
Sin embargo, tampoco puede esperarse una crisis de un día para el otro, sobre todo si los vientos del lejano oriente siguen soplando tan fuerte como para mantener los precios de los alimentos, en particular de la soja, en niveles históricamente altos. De todas maneras, la situación económica argentina ya genera dificultades para Uruguay, y podría empeorar.
Vale decir que seguramente una crisis en Argentina no nos arrastraría de la misma forma que en el año 2002, por distintas razones. Hoy no existe la misma dependencia, ni el riesgo de un contagio similar a través del sistema financiero, al punto que el presidente del Banco Central, Mario Bergara, precisó que si todos los argentinos retiraran la plata que hoy tienen en Uruguay no habría riesgo de una crisis bancaria. Pero hay algunos sectores industriales, por ejemplo el textil, a los que les cuesta encontrar mercados alternativos al argentino por razones de costos y también culturales. De hecho, las exportaciones hacia Argentina bajaron 15% el año pasado, y la tendencia se mantiene en los primeros meses de este año. Además, el intercambio con el país vecino se da por otras vías, por ejemplo el turismo, donde la diferencia del tipo de cambio ya ha empezado a sentirse. Uruguay está caro para los argentinos, y además su gobierno hace todo lo posible para que no salgan de su país en vacaciones. Eso tiene también su reverso, y es que Argentina, como ya saben, está barata para los uruguayos. El economista Javier de Haedo no se cansa de repetir que cuando los uruguayos nos vamos en malón a Buenos Aires a “hacer compras” tiene consecuencias en la economía. Solo en el primer cuatrimestre del año, 500 mil uruguayos viajaron a Argentina (45% más que en 2012), y gastaron en total más de 20 millones de dólares. Por eso, sería tan inocente como peligroso creer que somos inocuos a lo que pase en la tierra del papa Francisco.

Los vientos del lejano oriente siguen soplando fuerte, tan fuerte como para cruzar todo el Pacífico, la cordillera y llegar a nuestro país

Alerta verdeamarela: Estados Unidos, China y Brasil

La economía de Estados Unidos parece estar dando los primeros pasos de una incipiente recuperación de la crisis que empezó allí en 2008 y se expandió sobre todo entre los países del primer mundo y los dependientes de la gran potencia norteamericana (en particular su “patio trasero”, como ellos le llaman a Centroamérica y el Caribe). Las bolsas han llegado a los niveles que tenían antes de la crisis (el Dow Jones está por encima de los 15 mil puntos), y el desempleo por primera vez desde entonces, está por debajo del 8% (cuando en 2010 supo llegar a 9,6%). Estos “primeros pasos” son literalmente como los de un bebé que empieza a caminar y puede tener tropezones. Y que hay que llevarlo de la mano. En términos económicos, eso se traduce en un dólar que se preveía que se mantuviera débil en el mundo al menos por un par de años, porque es una de las herramientas fundamentales que las autoridades estadounidenses usan para intentar salir de la crisis. Llenar de dólares el mundo le permitió a Estados Unidos ser más competitivo, incluso a costa de que otros sean los que paguen sus platos rotos. Y no hay que ir muy lejos para ver, por ejemplo, las dificultades que ha atravesado Brasil, por la apreciación del real frente al dólar. Esa política parece haberle dado resultados a Estados Unidos, a tal punto que los estímulos podrían irse recortando y las tasas de interés, que hoy se mantienen en 0%, podrían empezar a subir antes de lo previsto (cuando hasta hace un par de meses, se esperaba que se mantuvieran en los niveles actuales por lo menos hasta mediados de 2015). Eso llevará a que se termine el escenario del dólar débil, algo que ya ha empezado a pasar y se ha visto reflejado, por ejemplo, en las pizarras de nuestro país. Lo que quiere decir que hay un cambio en el viento del norte: hasta hace un tiempo soplaba hacia la región trayendo consigo muchos dólares, ahora empieza a llevárselos de vuelta. Esto es tanto una amenaza como una oportunidad, porque si bien esos dólares fueron bienvenidos, en el último tiempo provocaron una presión exacerbada en el tipo de cambio, lo que hizo que entre setiembre y abril, el peso uruguayo (sí, el humilde peso uruguayo) fuera la moneda del mundo que más se apreció frente al dólar. Por lo tanto, faltarán esos dólares, pero a su vez, si se logra recuperar competitividad, el mercado de una economía estadounidense en crecimiento puede ser muy atractivo para Uruguay, y Estados Unidos podría recuperar el protagonismo que tuvo hasta hace unos años en su comercio exterior (hoy representa menos del 5% de las exportaciones uruguayas, cuando hasta hace solo algunos años, era el principal destino).
Y hablando de lugares protagónicos, sin duda que China lo seguirá teniendo en los próximos años. Si todo sigue así, producto del boom de la soja y de que los chinos siguen creciendo a las tasas más altas del mundo, el gigante asiático va encaminado a convertirse en el principal destino de las exportaciones uruguayas. De hecho, ya le ha quitado a Brasil el primer lugar durante un par de meses. Los vientos del lejano oriente siguen soplando fuerte, tan fuerte como para cruzar todo el Pacífico, la cordillera y llegar a nuestro país. Y no solo para comprar soja y otros alimentos, sino que incluso se espera que en los próximos años se multipliquen las inversiones y las oportunidades de negocios. De hecho, en el primer semestre de 2013, las exportaciones a China aumentaron 101%, y tras la visita del presidente Mujica y su delegación, se abrieron oportunidades de inversión, por ejemplo, en el ferrocarril y el puerto de aguas profundas.
Brasil, por su parte, ha sido el mejor socio que ha tenido Uruguay en los últimos años. Se transformó en el principal socio comercial y hasta supo compensar, en parte, las dificultades en el comercio con Argentina. Si hubo un viento que sopló fuerte y a favor durante este tiempo, ese fue el viento del noreste. Sin embargo, el pronóstico es bien incierto. El primer trimestre de este año, el PIB creció 0,6% lejos del ya magro 1% previsto por el Banco Central), y si a eso le sumamos las medidas proteccionistas y la suba del dólar del último año y pico (de cerca de un 40%), podemos decir que el fuerte viento que soplaba desde el norte se ha transformado en una brisa. De hecho, en el primer semestre, las exportaciones a Brasil cayeron levemente, y China le pisa los talones, ya que fueron el destino del 16,4% y el 15,6% de las exportaciones uruguayas, respectivamente. De todos modos, aunque ya no empujará de la misma manera a la economía uruguaya, no habría razones para pensar, por lo menos desde el punto de vista económico, que se ponga de frente. Sin embargo, las manifestaciones sociales de las últimas semanas ponen un manto de duda. Si el gobierno de Dilma Rouseff logra sobreponerse sin grandes sobresaltos, entonces seguramente estemos a salvo de la tormenta, y solo nos salpique un poco, y el viento, aunque sea con menor intensidad, seguirá soplando a favor. Sin embargo, si esa tormenta se convierte en un ciclón extra tropical difícilmente podamos escapar a los vientos huracanados que la acompañen, y sería difícil prever dónde podemos terminar. Por ahora, las probabilidades de que este fenómeno se desarrolle parecen bajas. En las últimas semanas el capitán Fernando Lorenzo mandó izar algunas velas y bajar otras para acomodar la nave, porque no en vano los buenos navegantes logran mantener el rumbo (aunque no sea a la misma velocidad) venga de donde venga el viento. La incertidumbre de todas maneras es mucha, y parece lógico. Porque en los últimos años, los pronósticos económicos se parecen cada vez más a los meteorológicos.


Si hubo un viento que sopló fuerte y a favor durante este tiempo, ese fue el viento del noreste. Sin embargo, el pronóstico es bien incierto

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