Cada frase que dice Esteban Trebucq es un titular. Tal vez sea deformación profesional, por sus 20 años en el periodismo gráfico o por los seis años -y contando- de televisión. Habla sin tapujos y se enorgullece de eso.
“Siempre fui igual, quizás antes era más boludo que ahora. Me gusta la frase que dice que a ‘los tibios los vomita Dios’. Alguna vez me debo de haber arrepentido de algo que dije, pero no me acuerdo. A veces se arma tanto quilombo que me pregunto para qué lo dije. Igual si digo algo es porque lo siento así, o porque pienso así”, dice mientras toma una cerveza y come pizza en el parador Mía Bistró, donde trabaja desde el 2 de enero para la radio de El Observador.
Para un uruguayo puede ser extraño escuchar a Trebucq; no estamos acostumbrados a que los periodistas opinen abiertamente. Y menos de política. Sin embargo, el pelado -como le dicen desde que apareció por primera vez en A24- se niega a seguir guiones, y mucho menos a que le indiquen qué tiene que decir. No googlea a sus entrevistados y no cree en la objetividad del periodismo.
“El periodismo es subjetivo. En el momento en el que uno elige qué contar está siendo subjetivo. Es imposible para un ser humano que vaya en contra de su esencia. Ni siquiera es una aspiración ser objetivo. Eso sí, hay que ser objetivo en los datos, subjetivo en las miradas. Los datos tienen que ser contrastables, verificables, fiables y certeros”, asegura. Para ejemplificar, toma la botella de la que está bebiendo y agrega: “Si te digo que esto es una piedra te estoy mintiendo. Muchas veces pasa eso en Argentina”.
“No googleo a mis entrevistados ni a las chicas con las que salgo. Creo que te quita frescura y espontaneidad, prefiero que lo cuente el entrevistado. O si es una chica conocida le pregunto a ella”, explica.
Sus opiniones son divisivas y eso lo ha sometido al escrutinio del público. Cómo se viste, qué sube a sus redes, dónde vacaciona. Todo se transforma en noticia. Por eso, confiesa que cada tanto borra Twitter, “porque es donde hay más violencia”. Hoy, sin embargo, trata de no preocuparse tanto de lo que dicen los demás.
¿Cómo te lleva la exposición?
Los periodistas gráficos son socios del anonimato. La popularidad del periodista no hace a su estatura. Ganás más plata trabajando en la tele. Hace cinco años viajaba en tren para ir a trabajar y ahora me contrataron para venir a trabajar acá a Uruguay, a Punta del Este, porque estoy en la tele. Esas son las reglas del mercado, te pagan si sos bueno. Capaz parece un gesto de soberbia, pero es así.
Argentina atraviesa un momento muy volcánico, se confunde lo público con lo privado, se confunde todo. Todo lo que tengo lo logré con mi trabajo como periodista y mientras que algo sea derecho y sea lícito, puedo hacer lo que se me ocurra. Pero Argentina discute lo obvio.
Tus hijas te acompañaron varias tardes en la radio de El Observador. ¿Pasás mucho tiempo con ellas?
Disfruto mucho de estar con mis hijas, sobre todo cuando estoy con las dos juntas. Quería que mi primera hija fuera varón, le iba a poner Salvador, por Bilardo. Por suerte fue nena. Todas las cosas que yo quería compartir las comparto con ellas; ir a la cancha, ir al club.
¿A quién admirás?
Osvaldo Juan Zubeldía. Fue el hacedor de Estudiantes campeón del mundo y su mejor discípulo fue Carlos Bilardo. Me cuesta admirar a la gente. Quizás los admire a ellos por un tema de razón y de pasión por todo lo que significa Estudiantes para mí. Son seres que trascendieron a su tiempo.
En una nota te definen como "el periodista más cercano a Milei". ¿Es así?
No creo ser el periodista más cercano a Milei. Como tantos otros periodistas argentinos, lo conozco, hablo con él, pero no lo hago todos los días. Ni siquiera todas las semanas. Le tengo mucho respeto, respeto su investidura. En su momento, cuando no era candidato a nada, era un tipo muy generoso, muy caballero, atento, dispuesto a hablar. Capaz te colgabas una hora hablando por teléfono, ahora no tiene tiempo porque es presidente, ni siquiera se me ocurriría llamarlo para ello. Es una persona cercana a la gente, como los presidentes de Uruguay.
¿Qué opinás de la situación política en Uruguay?
Tengo una sana envidia por Uruguay, es un país maravilloso. No tiene las riquezas naturales y estructurales que tiene la Argentina, pero ha hecho de la calidad humana de su gente y de su humildad. Los argentinos son muy soberbios, los uruguayos tienen una capacidad maravillosa de entendimiento. Acá se respetan las instituciones, se respeta la democracia. Cambian los gobiernos y no hay grandes cambios en la economía. Vi a la vicepresidenta en la playa como una persona más, vi al presidente andando en moto. Argentina tiene mucho para aprender de Uruguay.
¿Ves a Cristina Kirchner cenando con Javier Milei?
No lo descarto. ¿Sabés cuál es la diferencia? Sin conocer en profundidad la política uruguaya, en Argentina muchas de esas personas tienen causas de corrupción y condenas por corrupción. En Uruguay no hay peronismo. Un sector del peronismo, no todo, es muy complejo, bravo, serpenteante y no se hace cargo de los desmanes que hizo la democracia argentina (dentro de la lógica de la democracia). Ahora hay unos sectores minoritarios con golpismo manifiesto, que quieren que el gobierno de Milei se termine cuanto antes, en el peronismo y en la izquierda radicalizada. Es muy difícil conversar con esa gente.
¿Qué es lo que más te entusiasma del gobierno de Javier Milei?
Ojalá que Argentina acepte nuevos conceptos culturales, porque los problemas de Argentina no son económicos, son culturales. Tenemos que desterrar muchas de las ideas que nos impusieron o que compramos, nos hacen mal, nos hicieron pobres, nos hicieron vivir peor. Si nosotros nos despojamos de todas esas ideas, si tenemos la cabeza abierta a que el liberalismo no es una mala palabra, al igual que el libre mercado y la competencia, a Argentina le va a ir bien.