5 de julio de 2020 5:00 hs

Al momento de escribir esta columna todo hace pensar que los artículos de la LUC referidos a las áreas protegidas no serán aprobados en Diputados. Una decisión tan razonable como importante desde varios puntos de vista que abre a la vez todo un espacio de análisis y diseño de políticas ¿qué política ambiental queremos? ¿Qué política en torno a la biodiversidad, las aguas, el cambio climático, el manejo de residuos?

Si estos artículos no se votan se ganará la posibilidad de analizar los temas ambientales escuchando al saber científico uruguayo y eso no se puede hacer en los tiempos de una ley de urgente consideración. El reto por delante no es menor. ¿Cómo se armoniza el país productivo con el país que es capaz de conservar su vida silvestre, sus praderas y montes naturales, sus paisajes más valiosos, sus recursos hídricos? La complejidad del tema aconseja evitar las urgencias pero no la ejecutividad.

Los temas ambientales no dejarán de aumentar en su importancia en la agenda global y serán cada vez más un factor que los inversores tomarán en cuenta en su toma de decisiones. Esta misma semana se batió el récord desde que hay emisiones en las temperaturas del Ártico, la Deutsche Welle mostró a los habitantes locales felices chapoteando en las aguas bajo un sol que parecía tropical. Los incendios en la Siberia se disparan, según el periódico Moscow Times, hay 1,35 millones de hectáreas en llamas en zonas tan remotas que no hay chance de que se pueda hacer nada para detener el fuego. El humo empieza a llegar a Alaska.

 Y en el Brasil como hace un año van en aumento. De acuerdo a las cifras oficiales del país vecino en junio hubo 2.248 incendios, contra 1880 del año pasado y la cifra más alta en 13 años. También en esta semana en la revista Nature se publicó un artículo que afirma que el Polo Sur se está calentando a un ritmo que es tres veces mayor al del promedio de la Tierra.

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El calentamiento y los problemas de salud ambiental, animal y humana no faltan. Desde China se informó de una nueva mutación de virus de la gripe en cerdos potencialmente peligrosos para los humanos. Investigadores chinos anunciaron haber encontrado una cepa “G4” del virus H1N1 que tiene “todas las características esenciales de un posible virus pandémico”, según el documento, publicado por la revista estadounidense Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS). Mientras que en Mongolia dos personas que comieron carne de marmota contrajeron peste bubónica. Tal vez antes pasaba lo mismo y no nos enterábamos. Pero lo cierto es que hay una situación mundial de sensibilidad y alarma ante estos temas que hacen muy inconveniente avanzar en legislaciones que amenacen el cuidado de la salud ambiental.

Pero los temas ambientales también persistirán en la agenda uruguaya. Los vecinos de Canelones sigue luchando contra dudosos basurales que se podrían instalar en una zona productora de alimentos boutique, desde peras para Italia a lácteos. Los temas ambientales son mucho más que las áreas protegidas y son necesariamente sinérgicos con la producción. Es cuidar la cuenca del arroyo Solís Chico y parajes que aunque no sean reglamentariamente áreas protegidas, igual deben protegerse.

Si el parlamento confirma la no inclusión de estos artículos habrá dado además un paso republicano, porque son dos artículos que hasta ahora no se sabe quién los ha redactado originalmente. Son  de “autor anónimo” y eso no es una buena señal. Y porque un mérito de la LUC ha sido justamente el ser una ley conversable desde su inicio, abierta a aportes y a tachaduras.

Si los artículos avanzaran, dejarían en falso la posición del Uruguay Natural, entre otras razones porque violaría el principio de no regresión, que objeta leyes que signifiquen cuidar menos al medio ambiente que antes. La decisión parlamentaria permite mantener el tema en agenda y buscar las soluciones racionales a las tensiones que genera un cambio de paradigma. Ya no se trata meramente de optimizar la facturación. Hay que optimizar también la regeneración. Revertir la tendencia a menos diversidad biológica, revertir la tendencia a más emisiones de gases a la atmósfera y de fósforo, nitrógeno y otros contaminantes al agua.

A partir de esta votación los jóvenes, que son los que van a tener que vérselas con graves problemas ambientales en la segunda mitad del siglo, podrán confiar en que el Parlamento uruguayo tiene capacidad reflexiva.  Lo que no se propuso en campaña electoral no debe pasar sin una profunda discusión científica y parlamentaria. Una discusión que se centre en cómo mejorar tanto lo ambiental como lo productivo.

A partir del rechazo parlamentario  vienen tantos otros desafío. ¿Cómo lograr que un productor que conserva  dentro de un área protegida sea compensado por su tarea y por la renuncia a algunas opciones productivas y tecnológicas? Cómo aplicar todas las tecnologías disponibles para que el cuidado del ambiente sea eficientemente logrado y valorice al conjunto de los productos que Uruguay genera, al turismo y a la imagen país? Cómo aumentar las áreas protegidas que son solo 1% y la proporción territorial más baja de América del Sur sin inutilizar productivamente esas superficies? Como sumar a empresarios como los forestales que han colaborado significativamente en la promoción de la biodiversidad a una lógica que acepte no invadir con pinos o eucaliptus las áreas protegidas y potencie aún más la buena imagen que dan las certificaciones ya en curso?

A partir de esta decisión del parlamento se abre una hermosa oportunidad para que técnicos y legisladores de todos los partidos trabajen en equipo para buscar las mejores soluciones, basadas en ciencia, respetuosas de los tenedores de tierra en estas áreas, capaces de generar beneficios económicos conservando.

Si todo debe pensarse en términos de la oportunidad que Uruguay tiene por delante, frenar estos artículos reafirma esta sensación de oportunidad. No se trata de convalidar un ecologismo más ideológico que científico que se opone automáticamente a una ley de riego, a la biotecnología y a veces a la propia agricultura y ganadería. Todo lo contrario.  Con una ganadería pastoril sobre campo natural, trazabilidad, una agricultura en rotación con pasturas y un sector turístico que precisa de una recuperación post pandemia, es posible visualizar a las áreas protegidas no como un sector en el que se renuncia al beneficio económico sino como una herramienta nacional de valorización del país, desde el software, la genética y los drones para medir con precisión hasta la ganadería, la apicultura, los textiles capaces de prosperar en convivencia con la vida silvestre. Se supone que este lunes podremos decir aliviados tras la votación parlamentaria “casi nos hacemos un gol en contra….pero no”. Y en seguida podrá convocarse a la ciencia para que como en el caso del covid-19, asesore sobre las mejores estrategias posibles en materia de áreas protegidas, cambio climático, política de aguas, economía circular, profundización de los cambios en la matriz energética y tantos otros temas en los que Uruguay debe destacarse. 

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