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Excusas para escuchar un vals de Leonard Cohen

Las brevedades que se exponen aquí abajo son una excusa para que luego usted vuelva hacia arriba y escuche estos versos de Federico Garcia Lorca a los que Leonard Cohen les puso más musica

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11 de septiembre de 2012 a las 00:00

La máquina del tiempo

Una estrella se apaga y nosotros seguimos viendo su brillo durante mucho tiempo. La explicación científica reside en la cantidad de años que demora esa luz en llegar a la tierra. Pero no nos damos cuenta de que estamos siendo protagonistas de algo increíble. En la noche tenemos la posibilidad de montarnos en la máquina del tiempo y de mirar el pasado. Lo que vemos ya no existe. No conozco una maravilla mayor, y esta ahí arriba todas las noches
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Los dinosaurios nunca existieron

Hay quienes sostienen que el mundo tiene menos de 20 mil años. Que los hombres no guardan memoria de la creación y Dios repartió fósiles y otras pistas falsas para que nos imaginemos un pasado más ancho y entretenido. Además, juran que el Juicio Final ocurrió un día del año 1696 sin que nadie se diera cuenta o sin que nadie dejara registro.

Las futuras generaciones de los condenados vienen pagando sus culpas con impuestos, privaciones surtidas y una espantosa tendencia a pedir Crema del Cielo cuando van a las heladerías

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El miedo a lo desconocido

Es falaz la idea de que el hombre le teme a lo desconocido. Porque para temerle a alguien o a algo hay que conocerlo al menos en parte. Por ejemplo, en las antiguas costas del Pacífico conocían muy bien la devastación de los terremotos. En el Río de la Plata ni siquiera intuían ese fenómeno. Sin embargo, es fácil deducir que era en las orillas de aquel océano en donde le tenían miedo a los temblores de tierra.

Lo sobrenatural, que no es lo mismo que lo desconocido, genera más curiosidad que otra cosa. Cualquier ladrón mete más miedo que el más elaborado de los fantasmas. Lo que nos estremece es la certeza de que dejaremos de existir, y no la posibilidad de un fantástico más allá.

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Esa tristeza

Hay que ser muy hábil para describir la felicidad sin parecer bobo. Es preferible entonces no promocionarnos demasiado cuando andamos contentos. Y, además, uno se expone menos si cuenta desgracias que conmueven aunque sean expresadas con torpeza.

Pero hay quienes se exceden e insisten en contar sus tristezas en voz alta para repartir culpas y, finalmente, se convierten en unos pesados. Entonces, nada mejor que ser felices. Pero si no podemos, en vez de odiar, de gritar y de juzgar, quizás convenga considerarnos todos culpables, todos inocentes, y abrazarnos todos y llorar juntos.
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Y usted cómo se ríe?

Existen varias formas de reírse a través de la escritura y de los signos, pero ninguna demasiado eficaz para dar a conocer que el otro nos ha tocado con la magia del humor. Yo prefiero el “jajaja” clàsico cuando me hacen reír mucho.

También uso algún “je” si la broma se recuesta en la ironía. Es especialmente práctico el emoticón :), pero también le echo mano para transmitir ternura, lo que puede llevar a equívocos. A veces me reí mucho con un “jaaaaaaaaaaa” pero después me arrepentí por el exceso. Me espantan los “juuaaaas” que vienen a ser una contracción del “juajuajua”. En definitiva, es difícil expresar con onomatopeyas lo que uno siente frente al humor que es un estado superior de la inteligencia.

Tan superior que si me hacen pensar, simplemente agradezco. Pero si me hacen reír me vuelvo feliz por un rato. Y, si me hacen pensar y reír, me enamoro. Y entonces dejo de reírme.

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