14 de noviembre 2015 - 5:00hs
Las condiciones de producción de una obra artística son un mundo aparte. Un aspecto que puede convertirse en excusa ante resultados mediocres o en martirización de artistas incomprendidos. Al mirar a la escritora Irene Némirovsky, sin embargo, el trasfondo se hace necesario.

Habiendo escrito ya una docena de libros, la novelista de origen ucraniano se embarcó en su proyecto más ambicioso, Suite Francesa, una disección de la Segunda Guerra Mundial durante su mismo transcurso. El resultado, truncado por la muerte de la autora en Auschwitz, fueron dos historias que, pese a tener una forma clara, no habían alcanzado el refinamiento deseado por la autora.

Centrándose en la segunda parte de la novela, en la que los franceses se ven forzados a convivir con los nazis alemanes, la recién estrenada adaptación cinematográfica de Suite francesa (2014) tenía la posibilidad de elevar la historia a las expectativas de perfeccionamiento de su creadora.
Más noticias

No obstante, la película ofrece una historia parisina convertida en angloparlante (solo la radio habla en francés) y pasada por la bruma londinense. El foco es la historia de amor entre la joven francesa Lucile (Michelle Williams) y el oficial alemán Bruno (Matthias Schoenaerts), entorpecida por la enemistad que enfrenta a sus pueblos y por la suegra de Lucile, Madame Angellier (Kristin Scott Thomas), que aguarda la vuelta de su hijo de la guerra.

Sin embargo, ese amor no se traduce en pasión, tanto en términos narrativos como actorales. Williams, una actriz de increíble rango, explorado en filmes como Wendy and Lucy, Blue Valentine y Meek's Cutoff, se ve demasiado delicada, sutil, mientras que el estoicismo de Schoenaerts nunca logra quebrarse convincentemente.

Asimismo, la voz narradora de Williams, que acompaña el relato, se evidencia desde el principio como redundante, sin confiar en las capacidades interpretativas de los actores ni en la comprensión de los espectadores. Ese fino acento inglés dice, de una forma monótona, aquello que Williams es perfectamente capaz de transmitir con su propio rostro.

La emotividad más cautivante, empero, llega de mano del personaje menos esperado, Madame Angellier, que demuestra gallardía bajo un exterior gélido. La figura de la suegra, secundario, no logra imprimir la fuerza necesaria. Aunque los conflictos internos tienen una clara presencia, se sienten descuidados. El romance también está, pero no hay arrebatos. No hay paroxismo.

La frialdad es incrementada por una impecable ambientación, un desarrollo de época que no descuida detalles y una fotografía impoluta, sofisticada, pero sin personalidad. Como película de época, Suite Francesa es un límpido ejemplar, pero, como adaptación, no honra la depuración a la que quería llegar Némirovsky.
Temas:

cine Suite Francesa

Seguí leyendo

EO Clips

Te Puede Interesar

Más noticias de Argentina

Más noticias de España

Más noticias de Estados Unidos