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Guía para armar la mochila de viaje de una manera eficaz

Si hacer valijas es un verdadero arte, lograr ser práctico y previsor para travesías largas y por distintas geografías puede llegar a ser un acto de magia 

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24 de septiembre de 2018 a las 05:02

Pablo Trochon
Especial para El Observador

Un viaje de largo aliento en que se atravesarán diferentes estaciones y geografías, un país de playas por el verano, el recorrido de varias capitales europeas o trekkings en Nepal y el norte de India demandarán diferentes decisiones al momento de armar la mochila para el periplo. Sin embargo, lo que nunca hay que olvidar es la máxima de oro: llevar solo lo extremadamente indispensable y útil.

Todo aquello que no se vaya a usar regularmente será un lastre para los hombros y la espalda así que hay pensar dos veces antes de llevar algo que quizás sea de utilidad solo al final del viaje. Es preferible estar preparado para comprar alguna cosa por el camino, que andar meses con ella a cuestas. Del mismo modo hay que aprender a desprenderse de otras, o dejarlas transitoriamente en algún sitio al que se volverá, o mandarlas de vuelta a casa en una encomienda por barco.

La mochila de viaje

Excepto que el plan consista en avión-transfer-resort-transfer-avión, en todos los otros casos la mochila es el equipaje recomendable porque da la movilidad, comodidad e independencia que necesaria para trasladar todas las cosas de un punto a otro, a veces bajo inclemencias climáticas.

Lo más recomendable es que tenga una capacidad de 60 litros máximo (que implican unos 10-12 kilos) porque es suficiente para llevar lo necesario para una semana o diez días, que es la unidad de cálculo ideal, independientemente si luego se viaja un mes o un año. Un tip es que la mochila no debe empezar llena porque seguro a medida que avance la travesía se sumarán nuevos elementos.

 Es ideal que tenga tiras y cinturón acolchados, algunos bolsillos para ayudar en el orden, un compartimiento independiente abajo para el sobre de dormir o campera, un cierre transversal (impermeable) que facilite el acceso, y funda para proteger la mochila de la lluvia, para mantener la ropa libre de polvo y por seguridad ante los pickpockets.

Si se ajusta el cinturón, la pechera y los hombros para que la mochila siempre quede bien ceñida al cuerpo (por lo cual se recomiendan aquellas que traen una redecilla separadora para que la transpiración de la espalda no traspase a tu ropa) y que se ubique entre la mitad de la cola y la mitad de la cabeza, y no se cuelgan elementos como championes, ollas o toallas, se distribuye el peso en forma equilibrada para que no se convierta en una carga pesada e incómoda y no sobre exija ninguna parte del cuerpo.

¿Qué llevar?

Poner todas las cosas en una cama o una mesa facilita visualizar con claridad, especialmente en el proceso de quitar lo innecesario. Pensar sobre la utilidad de cada compartimiento, además, permitirá de antemano empezar a organizar tus cosas por grupos.

Para lograr que el centro de gravedad de la mochila y del cuerpo queden alineados, brindando una mayor estabilidad, las pertenencias del viajero deberán estar ordenadas en forma compacta, distribuyendo lo más pesado y que usen a diario pegado a los dos tercios finales de la espalda; lo más liviano, en el fondo, y lo de peso medio en el tercio superior, donde, lógicamente, se llevan las cosas de uso diario.

La ropa debe ir en la parte exterior-superior de la mochila, enrollada y atada con gomas para evitar que se arrugue; así se ahorra espacio y se agiliza su extracción sin que el resto del contenido se desacomode. 

Al momento de elegir qué prendas llevar, no hay que olvidar que muchas de ellas se perderán o se desgastarán por el uso reiterado, así que mejor dejar en casa aquellas de alto valor afectivo. 

Como se va a lavar a lo largo del viaje, se calcula ropa solo para una semana o diez días, que combine entre sí, que no se manche fácilmente, que no tarde mucho en secar (evitar el algodón) y que sea práctica. Se recomiendan los pantalones desmontables bien finos y mallas térmicas para complementar, campera de plumas comprimible, varias capas de ropa para superponer en caso de frío, y una remera térmica manga larga (se lava por la noche y se seca muy rápido).

El calzado también se debe guardar en bolsas (al igual que la ropa sucia) y utilizarlo para poner medias en su interior. Para ciudad: championes livianos transpirables, chancletas o sandalias para el descanso o para países muy calurosos y en el recorrido hay montaña, botas de goretex impermeable. En los bolsillos exteriores, van los elementos de aseo personal (cepillo de dientes, jabón y shampoo y pasta de dientes pequeños), repelente, protector solar, y todo lo que se necesite regularmente. Para el pequeño botiquín es suficiente paracetamol, curitas, antihistamínicos o antialérgicos, suero y vendas para torceduras. En lugares tropicales con más riesgos, sales de rehidratación oral, crema antibacteriana y pastillas contra la malaria. 

Aunque existen productos de calidad súper livianos y resistentes, es importante pensar si se va a usar con cierta regularidad la carpa, el aislante y el sobre de dormir. Caso contrario, mejor dejarlos; ya se resolverá de un modo más práctico o se puede comprar en una tienda de usados o a algún viajero que ya no los necesite. 

Los extra no tan extra

Un candado (para el locker y/o para tu mochila), navaja multiuso (solo en caso de que se vaya a acampar y si no se toman vuelos low cost), taper en lugar de plato (es más práctico y permite guardar comida para luego), cubiertos, hilo y aguja, traje de lluvia y/o paraguas (todos reniegan de él, pero puede ser salvador), termo y toalla de microfibra. El pareo sirve de sábana para los trayectos nocturnos en tren, para la playa, para hacer un picnic y, para las mujeres, para cubrirse hombros o rodillas en países en donde no sea correcta su exhibición.

Además, claro, bolsitas ziploc, encendedor, cargadores y adaptadores (hay que revisar la tensión y el tipo de enchufe que se utilizan en el país de destino), una zapatilla para cargar varios dispositivos en un solo enchufe, disco duro externo para backups de fotos y lentes de sol.

La mochila de paseo

Es una mochila de 20 o 30 litros para llevar cosas de valor durante los traslados, y donde va lo necesario para ir a la playa, a un pequeño trekking o a visitar la ciudad. Es ideal que tenga un compartimiento acolchado para laptop y redes laterales para tener botellas o termo a mano. La documentación y las tarjetas es mejor llevarlas en riñoneras interiores mientras el viajero se mueve de un punto a otro, luego dejarlas en el locker del hostel y solo salir con fotocopia del pasaporte. l
 

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