Tras un periplo fílmico que comenzó en 2002 y duró cinco años, el director Sam Raimi demostró con su trilogía del Hombre Araña que la adaptación de estos extraordinarios personajes de la historieta al cine podía ser realizada de manera espectacular. Apenas cinco años más tarde de aquel desencanto que fue la última entrega de la saga, el director Marc Webb (500 días con ella) fue el encargado de renovar la franquicia del superhéroe arácnido con un elenco e historia completamente nuevos.
El recibimiento de El sorprendente Hombre Araña (2012) fue positivo y a Webb se le pidió que se mantuviese en la silla del director para dos instancias más. Al mismo tiempo, Sony Pictures, el estudio dueño del personaje de Marvel, decidió emular el éxito de las “megafranquicias” actuales y anunció que lanzarían varias películas del Hombre Araña y personajes de su historieta en el correr de los próximos años.
Parte de esta decisión –impulsada por motivos comerciales– es una de las razones por las que El sorprendente Hombre Araña 2: la amenaza de Electro resulta una película entreverada y excesiva, con ecos que recuerdan a los peores momentos de la trilogía de Raimi.
La secuela de Webb presenta a Peter Parker (el carismático Andrew Garfield) ya más asentado en su rol heroico como el Hombre Araña. Ya graduado, Peter entra en una vida adulta en la que trata de manejar su tiempo como fotógrafo freelance, su deber como el Hombre Araña y las ideas y vueltas amorosas con Gwen Stacy (interpretada por la también adorable Emma Stone).
Con el difícil encargo de expandir el universo fílmico del protagonista, Webb se ve enredado en su propia telaraña narrativa. La misteriosa aparición de un viejo amigo, una conspiración empresarial que rodea el secreto de la muerte de los padres de Peter y el surgimiento de un villano tras otro, son solo algunas de las subtramas que comienzan a aglutinarse en los 142 minutos del largometraje, lo que deja la sensación de que esta secuela podría haber sido mejor si los guionistas se centraban en un gran conflicto.
De todas formas, la película cumple con su cuota de entretenimiento y no faltan los momentos para maravillarse. Las escenas del Hombre Araña columpiándose por los rascacielos neoyorquinos y las secuencias de acción entre el héroe y sus enemigos son impecables.
El reparto, a excepción del retrato demasiado caricaturesco de Jamie Foxx en el rol del villano del título, vuelve a dar con el papel. El intercambio entre Garfield y Stone (quienes son pareja en la vida real), es gran parte del motor emocional que carga con la película.
A nivel cinematográfico, este es el mejor Hombre Araña que se ha visto en el cine, pero cuesta concentrarse en ello debido al resto del amotinado espectáculo que lo rodea.