27 de abril 2022 - 5:04hs

"Hay que resolver además si la condición de cis(género) es requisito para algunos cargos o ministerios. ¿Cuál sería el fundamento de ello?", es uno de los cuestionamientos que desliza un documento de la Arquidiócesis de Montevideo discutido la semana pasada en el Consejo Presbiterial, un ámbito que se conoce coloquialmente como "el senado del obispo", en este caso circunscripto al arzobispado de Daniel Sturla en la capital.

Fue el cardenal quien encargó ese trabajo a los presbíteros Javier Galdona –sacerdote de la parroquia Santa Elena en Buceo– y Valentín Goldie –director del liceo Jubilar en la Cuenca Casavalle– como "insumo para su discernimiento", y luego lo pasó a consideración del Consejo.

El texto titulado "Pautas pastorales para nuevas situaciones vinculadas al tema sexo-género", al que accedió El Observador, desarrolla distintos elementos para el debate y plantea preguntas que hoy no tienen una respuesta clara en la tradición eclesial. 

Si bien el documento de Galdona y Goldie dista de ser una postura definitiva de la Iglesia Católica en Montevideo, la deliberación ya produce visiones "diversas" en la interna, según supo El Observador, y augura un análisis más profundo. 

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Género y sexo

En un primer término repasa que durante el siglo pasado distintos estudios académicos tienen entre sus principales conclusiones que "no todo aspecto de la realidad sociocultural de ser varón o mujer está ligado a la biología". El trabajo incluye citas a la histórica feminista Simone de Beauvoir –quien expresaba que "no se nace mujer, se llega a serlo"– y a la filósofa Judith Butler –en cuya concepción antropológica se acoge para hablar sobre la "ideología de género" como una dimensión independiente del sexo–. 

Galdona y Goldie detallan que a partir de 1995 la ONU adoptó insumos de esta concepción y empezó a impulsar a sus miembros a promover leyes al respecto, a lo que se sumaron "procesos de movilización locales de una minoría radicalizada". Los dos presbíteros destacan que la ideología de género comenzó entonces a "generar cultura", difundiendo contenidos educativos y audiovisuales para niños en redes sociales.

Camilo Dos Santos Cúpulas de la Iglesia Matriz

"El resultado es que empiezan a emerger cada vez más jóvenes que declaran ser varones cuando son mujeres, o, mejor dicho, que declaran pertenecer a un género que no se corresponde con su sexo", escriben, y se basan además en una reciente publicación de la experta Lisa Littman al sintetizar que se está "ante un fenómeno que está siendo efectivamente potenciado por el ambiente cultural". 

Con todo ese trasfondo, los autores aterrizan en el contexto uruguayo, donde "no es raro comenzar a tener alumnos, generalmente alumnas, que se identifican con el género que no corresponde a su sexo". Según ellos genera "no poca perplejidad" en los centros educativos "donde también hay personas fuertemente influenciadas por la ideología de género, quizás porque sea el único marco teórico que permite integrar a los jóvenes con esa característica".

Ambos aclaran que "se vive con intensidad el deseo de integrar a niños y adolescentes que se identifican como trans", lo que supone "un auténtico desafío pastoral" con "pocas certezas" y "muchas cuestiones abiertas".

Certezas

Los presbíteros enumeran cuatro certezas con el tema. La primera es que "los derechos humanos de toda persona como hija de Dios no se deben ver afectados cuando se identifique con el género que no se corresponde a su sexo", estipulando que un joven que se reconoce como trans "debe ser protegido como todo otro alumno de cualquier tipo de agresión". "Esto puede implicar la necesidad de adaptaciones edilicias o de otro tipo", señalan, tomando como ejemplo el uso de baños.

Segundo, afirma que "la distinción entre sexo y género es aceptable" para clarificar algunos casos, pero no lo es "la separación" de ambos conceptos. Con citas a la exhortación apostólica del papa Francisco, indican que "la masculinidad y la femineidad no se agotan en lo biológico", existiendo una articulación con una pata sociocultural que "requiere de mucha mayor profundización". 

Los autores defienden además que no existe un "sexo asignado al nacer". "Estamos configurados por determinada genitalidad desde la concepción", según los criterios clínicos del médico que asiste el parto y llena un formulario. "Una persona es además sexuada desde antes del nacimiento", agregan basado en lo que es constatable desde el desarrollo dentro del útero materno. "Por tales motivos consideramos que la expresión 'sexo asignado al nacer' no debería usarse en nuestros discursos en ningún ámbito católico", sugieren. 

Por último, Galdona y Goldie desarrollan que el sexo "es relevante en la construcción de la identidad personal". Por más que el ser humano es "complejo y multifacético", el sexo biológico es uno de los elementos de la identidad que no se pueden elegir, sino que "simplemente se deben asumir"

Aspectos a resolver

El trabajo encargado por el cardenal Sturla sugiere formar una comisión interdisciplinaria –entre expertos en biología, sociología, filosofía, teología, y otros– de modo de dar con un "horizonte antropológico explícito y bien articulado" que esté contemplado en el discurso de la iglesia. A continuación, enumera aspectos para los que aún falta algún tipo de resolución canónica.

Por ejemplo, para los bautismos y confirmaciones se plantea: "¿Qué pasa cuando se bautiza a un trans? ¿Cómo se registra? ¿El que haya cambiado su sexo registral es relevante?". Los presbíteros dan cuenta de que es evidente que un ministro no puede verificar el sexo biológico al que la persona manifiesta pertenecer, por lo que no tiene otro recurso que los documentos de identidad o la misma palabra. 

En ese sentido dice que es "particularmente compleja la realidad de los nombres de pila". "¿Existen nombres que deben ser reservados exclusivamente para varones o mujeres? De hecho, existen algunos nombres neutros, y otros que son masculinos en una cultura y femeninos en otra", señalan. 

El último planteo refiere a si la condición de cisgénero –cuando la identidad de género coincide con el sexo biológico– es exclusiva para cargos y ministerios eclesiales, como lo puede ser un sacristán o un ministro de la comunión. 

Los autores concluyen en que el camino debe ser "el de acogida, recepción y respeto", y aluden al "gran desafío" de construir un discurso que así lo fundamente.  

Temas:

Member Arquidiócesis de Montevideo Valentín Goldie Javier Galdona

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