Nacional > El derecho a vivir en familia

INAU jerarquiza los programas de adopciones e intentará agrandar los sistemas de acogida

En hogares de primera infancia, infancia y adolescencia se alojan 5.665 menores; hay tres puertas de entrada, donde los niños y adolescentes van por cerca de dos meses.

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01 de agosto de 2020 a las 05:04

La mesa estaba llena de los materiales que Romina compró para prepararle el regalo de cumpleaños a su novio. Sobre una tabla de dibujo trazaba líneas que servirían para completar una manualidad bastante avanzada: en unos cartones están pegadas ocho fotos de la pareja, hay varios corazones recortados y algunas golosinas alrededor. La adolescente de 15 años aprovechaba uno de sus días de vacaciones del liceo en Magnolia, un centro de breve estadía del Instituto del Niño y Adolescente del Uruguay (INAU).

Desde la habitación de al lado se escuchaba música. Un grupo de cinco jóvenes sentadas en un sillón se intercambiaban el control de la televisión para elegir las canciones como Porfa, de Feid & Justin Quiles y La Boca de Mau y Ricky y Camilio, escucharlas y cantar.

La directora de Magnolia, Claudia Peralta

Magnolia es una de las tres puertas de entradas que tiene el INAU para los niños y adolescentes que, por determinación del Poder Judicial, tienen que ingresar a un centro de atención 24 horas. Este hogar, ubicado en Lezica y con capacidad para 34 personas, es exclusivo para adolescentes mujeres. Además hay otro centro de breve estadía para varones y otro que atiende a la primera infancia.

En Magnolia –el árbol que está en el amplio y verdoso patio le da el nombre al centro– las adolescentes están en promedio poco más de dos meses y luego el juez define su destino. Son derivadas allí porque han sido víctimas de violencia o de alguna otra situación de vulneración de sus derechos, explicó a El Observador la directora de Magnolia, Claudia Peralta.

En los primeros días en el centro, el equipo técnico hace un diagnóstico de la situación de la persona y se define qué trabajo realizarán los referentes que se designen.

La mitad de las adolescentes que llega a los hogares de ingreso vuelve a su casa o a la casa de algún familiar de referencia. La otra mitad ingresa al sistema de hogares o tiene otra atención especializada dentro de INAU, que abarca el trabajo sobre problemas de salud mental, adicciones, de víctimas de maltratos o abusos, informó a El Observador el director de los centros de adolescentes de Montevideo, Daniel Clausen.

“Lo más deseable es que los gurises puedan volver a disfrutar de su derecho de vivir en familia que es un derecho básico y fundamental”, comentó.

 

En algunos casos, cuando “las redes familiares no se sostienen”, se trabaja en proyectos de autonomía para que los adolescentes se adapten a vivir solos y tengan un trabajo. 

Los hogares 24 horas del INAU  están divididos en tres: primera infancia (niños de 0 a 3 años), infancia (de 6 a 12) y adolescencia (de 13 a 18). En todo el país son 5.665 los menores que atiende este sistema.

Adopciones descentralizadas

Una de las salidas de los hogares de primera infancia es la adopción porque esa es la edad más solicitada por quienes iniciaron el proceso, dijo a El Observador el presidente del INAU, Pablo Abdala. El interés por las adopciones en la adolescencia, en cambio, es casi nulo.

La ley de urgente consideración que promulgó el Poder Ejecutivo en julio incluye cambios en el sistema de adopciones. Uno de los artículos establece que se acortan los plazos del proceso de adopción. Toda la etapa, hasta estar inscrito en el Registro Único de Adoptantes, debe durar como máximo 18 meses.

Hoy son 400 las familias que están siguiendo alguna de las etapas del proceso de adopción, mientras que son cerca de 75 las que ya fueron evaluadas, están en el registro y esperan la tenencia.

El directorio del INAU resolvió este miércoles que el departamento de Adopciones, que hasta ahora estaba dentro del programa Familia del organismo, sea un programa autónomo como “forma de jerarquizar” el tema.

Para agilizar el trámite, el INAU resolvió a fines de junio una reorganización de la gestión de adopciones. Hasta ahora, criticó Abdala, todo el proceso se centralizaba en Montevideo, sin distinguir si la familia que aspira a adoptar vive en la capital o en cualquier otro punto del país.

Para agilizar el trámite, entonces, el INAU dispuso que el inicio del proceso de adopción –que incluye la inscripción y una primera entrevista– se realice en cada departamento. Y para la segunda etapa se sumarán tres equipos regionales en el interior. 

La regiones trabajarán con una dupla de asistente social y psicólogo y estarán en Tacuarembó –para la región del norte–, en Flores –para el centrosur– y en Lavalleja –para el este–.

Abdala aclaró que para esta tarea no se incorporarán nuevos funcionarios públicos sino se contratarán servicios profesionales a través de un contrato de arrendamiento de obra por un plazo de siete meses. Esta etapa incluye talleres y una serie de entrevistas con los psicólogos y trabajadores sociales en las que se analizan las historias de vida, los antecedentes, las condiciones en las que viven, el entorno, los vínculos familiares y la economía de la familia, apuntó el jerarca.

Los niños que esperan ser adoptados son cerca 400 y están en algún sistema de protección del INAU, que puede ser un centro de 24 horas o en una familia de acogida.

La prioridad en las adopciones la tiene un integrante de su familia biológica o con quienes el niño tenga vínculos significativos; en segundo lugar, a una familia del Registro Único de Adoptantes; en tercer lugar, una familia de acogida; y, en cuarto lugar, el cuidado del niño quedará a cargo de un hogar.

Luego el juez tiene 45 días, en caso de que el niño sea menor de dos años, para decidir si está en condiciones de ser adoptado, y 90 si tiene tres o más.

Una tensión constante

Romina está en cuarto año de liceo y estudia en el liceo Zorrilla. Es una de las adolescentes que tuvo una licencia –una alternativa para que los menores retornen paulatinamente a sus familias– y vivió unos días en la casa de su abuela, donde no tenía conexión a internet y tuvo problemas para seguir las clases a distancia. “Espero no repetir”, dijo y contó que está indecisa de seguir la orientación biológico o humanístico el año que viene, pero está segura de que quiere ser psicóloga.

En Magnolia viven 20 adolescentes y hay lugar para 34 personas. Si bien hay cupos libres en este lugar, en los hogares 24 horas del INAU hay una constante tensión porque la Justicia deriva cada vez más situaciones. La semana pasada, ejemplificó Abdala, llegaron 60 órdenes de internación, pero no había lugar en los centros de 24 horas.

El Sindicato Único del INAU (Suinau) ha tomado medidas para que se ajusten el número de atendidos en los centros con la candidad de camas. El presidente del Suinau, Joselo López, señaló a El Observador que en 2019 fueron 11 los centros en los que hubo medidas por los problemas de hubo: “No recibíamos más de la cantidad necesaria que se podía atender”.

Carlos Salaverry, secretario general del Suinau, dijo a El Obsevador que durante el segundo semestre de 2019 había niños que dormían en el piso. “Estamos al borde en varios lugares. El de ingreso de adolescentes hace una semana había superado el número de camas y después se corrigió. Tenemos que estar en ese forcejeo porque el INAU tiene que dar respuesta, no puede no darla”, planteó el sindicalista.

Abdala admitió que el INAU no puede cumplir a tiempo con las órdenes judiciales y planteó que lo que se busca desde el organismo es “avanzar en el camino de la desinternación y fortalecer los sistemas” de vínculos familiares, que no solo comprende “dinamizar” las adopciones, sino también agrandar los sistemas de acogida.

“Esto nos va a permitir dos cosas: mejorar la respuesta del Estado en la perspectiva de los derechos humanos y el derecho de vivir en familia. Y nos va a permitir mejorar la respuesta en las situaciones donde no hay más remedio que institucionalizar un niño o un adolescente. En la medida que haya menos internados, se va a generar una situación de descompresión”, explicó Abdala.

Daniel Clausen, director de los centros de adolescentes de Montevideo

Clausen apuntó que la intención es que los menores vinculados con el INAU no estén institucionalizados porque “vivir en las instituciones hace daño”. Por esto, se buscan caminos alternos “para disfrutar del derecho de vivir en familia”. “El énfasis está puesto en el trabajo hacia afuera”, subrayó.

En Magnolia, muchas de las adolescentes, están un tiempo en el hogar y otro tiempo con algún referente de la familia, aunque sin perder el apoyo de los técnicos del INAU. Peralta contó que a veces, aunque las menores no estén en el centro, quieren juntarse para hacer una pijamada y celebró el sentido de pertenencia que hay.

La rutina en Magnolia incluye viernes de pizza y karaoke y sábados de cine y pop. También hay talleres de capoeira, pilates y pintura y un espacio para que en algún momento las adolescentes hagan una huerta, que ya tiene un limonero, un ciruelo y plantas de palta y calabacines. En algunas paredes están pegadas cartulinas  para las compañeras o los técnicos que ya se fueron del centro, en las que las menores dejaron escritos mensajes que muestran el cariño de familia.

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