Opinión > EDITORIAL

Infelices declaraciones

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11 de septiembre de 2019 a las 05:04

Las declaraciones críticas sobre Brasil por parte del ministro de Defensa, José Bayardi, y la reacción del canciller Rodolfo Nin Novoa, restándole relevancia al tema, son dos señales de unas relaciones exteriores del país que se han alejado de una gestión de política de Estado, que represente a todos los partidos políticos, como llegamos a exhibir con orgullo en el pasado reciente, aunque hoy parezca una realidad muy lejana.

Desde que asumió el gobierno de Jair Bolsonaro en Brasil, en enero pasado, miembros del gabinete de Tabaré Vázquez, y peor aún, de figuras muy cercanas al primer mandatario, han expresado opiniones políticas antipáticas y ofensivas contra el jefe de Estado del poderoso vecino, que es, además, nuestro segundo socio comercial, después de China. 

En octubre pasado, un día antes de las elecciones en primera vuelta en Brasil, Nin Novoa insinuó su posición en contra de la candidatura de Bolsonaro. También entonces hubo opiniones opuestas a Bolsonaro de la ministra de Educación, María Julia Muñoz, y de la titular de Turismo, Liliam Kechichián.

Y la semana pasada, el ministro Bayardi hizo consideraciones públicas en el programa Quien es Quien sobre la destitución de la expresidenta Dilma Rousseff, el 31 de agosto de 2016, por una mayoría del Senado que la consideró culpable de la violación de leyes presupuestales. 

Bayardi puede opinar que Venezuela no es una dictadura, aunque no lo compartimos como la mayoría absoluta de los países de Occidente. Pero es el punto de vista del gobierno de Vázquez, que se ha difundido en todos los foros internacionales, y que el ministro de Defensa tiene todo el derecho de argumentar.

Pero no es lo mismo si afirma que “Brasil tendría que haber sido sacado (del Mercosur) por lo que significó la última elección y el desplazamiento de Dilma Rousseff.”

Bayardi, como antes Nin Novoa, Muñoz y Kechichián hablan más como dirigentes políticos que como secretarios de Estado, una actitud que no favorece al gobierno. 

Hay un gran desconocimiento en las formas y las responsabilidades de un ministro, que son bien diferentes a las de un dirigente político.  

No le compete al ministro de la cartera de Defensa hacer consideraciones de política interna de otro país, y, además, sobre un caso laudado.

El gobierno de Brasil, a través del embajador en Montevideo, Antonio José Ferreira Simões, envió una carta a El Observador en la que plantea su “absoluta perplejidad” por las declaraciones de Bayardi sobre Brasil; las consideró “livianas y fuera de contexto”, prejuiciosas e “incomprensibles” dado el estrecho vínculo entre ambos países y, además, de una frontera compartida.

Pero los cuestionamientos del diplomático brasileño -que también dijo que le “causó espanto y rechazo” las afirmaciones de Bayardi sobre el Mercosur- no parecen preocupar a nuestro canciller porque no representan desde el punto de vista diplomático una “protesta formal”.

Tiene razón Nin Novoa en que el canciller y el presidente son los responsables de las relaciones internacionales. Pero se equivoca en creer que la voz de un ministro en un asunto de política exterior no puede terminar comprometiendo al gobierno.
No en vano, Vázquez sigue esperando una reunión oficial con Bolsonaro, al único presidente del Mercosur que todavía no recibió.

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