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Juan Ignacio Regusci y Cecilia Coll, dos navegantes que aman la adrenalina

Compiten en los Juegos Olímpicos de Buenos Aires en yachting en clase Nacra 15 donde la velocidad y los golpes están a la orden del día 

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10 de octubre de 2018 a las 05:01

Adrenalina. Esa es la palabra con la cual Juan Ignacio Regusci y Cecilia Coll, de 17 años, definen qué sienten al navegar en Nacra 15, la clase en la cual están en plena competencia en los Juegos Olímpicos de la Juventud que se desarrollan en Buenos Aires. 

En un entrenamiento de preparación realizado en julio, en Buenos Aires, alcanzaron la velocidad de 23 nudos, lo que en tierra equivaldría a poco más de 40 kilómetros por hora (un nudo es una milla náutica, que equivale a 1.852 metros). 

“Miedo no sentí nunca”, dice Regusci, el timonel del barco, “nervios sí, sobre todo cuando tenemos que dar vuelta en una boya y vienen muchos barcos a alta velocidad”. 

“Yo sí siento miedo”, se sincera Coll, tripulante, encargada de manejar la vela mayor y del spinacker. 

“¿No te acordás lo que nos pasó esa vez en Buenos Aires?” ¿Qué pasó? El barco tumbó, Regusci se engachó un pie y quedó colgado con la cabeza sumergida en el agua. 

“Yo a veces me quedo en blanco, pero esa vez reaccioné bien. Me pude desenganchar porque quedé enredada en un cable y la vela, y me tiré al agua para levantarle la cabeza. Le contaba ‘uno, dos, tres’, me hundía y le levantaba la cabeza”, recuerda. 

“En realidad, con el movimiento del agua podía respirar un ratito y después me quedaba la cabeza metida, pero me pude desenganchar. Solo me quedó el pie bastante hinchada”, agrega Regusci.

“Cualquier paso mal dado o cualquier ola te puede llevar a tumbar. Con esa velocidad los palos son grandes, pero las caídas son muy divertidas, podés salir catapultado o podés engancharte y tumbar. En definitiva es un deporte de riesgo. Por eso usamos cascos. Al principio no me gustaba, pero después entendí que es lo mejor porque te podés golpear la cabeza contra un mástil y lastimarte”, afirma Coll. 

“Tengo la piel sensible, y cuando me veo llena de moretones me pregunto por qué no me quedé jugando el hockey. Además, el frío duele, quedo violeta y el agua te corta la circulación cuando está congelada, el abrigo aunque nunca es suficiente y el mayor problema es cuando parás o cuando salís”, agrega. 

Coll comenzó a navegar porque sus padres lo hacían. Gustavo Coll, su padre, es el comodoro del Yacht Club Uruguayo (YCU). 

Como todos se inició en el optimist, pero como se aburrió se dedicó al hockey. Volvió a instancias de una amiga, Luana González, para correr en el 29er y ahí le agarró definitivamente el gusto a este deporte. 

Regusci, quien tiene planeado estudiar Arquitectura Naval en Buenos Aires el año próximo, se enganchó con la vela en una colonia de vacaciones del club Náutico y no se bajó más del barco. Después del optimist empezó a navegar con su hermano en clase 420 y poco después se compraron un barco olímpico, un 470, con el cual aspira a futuro estar en un Juego Olímpico de grandes. 

El proyecto de navegar juntos se forjó a fines de 2016 y a instancias de Pablo Defazio quien compitió en Nacra 17 en los Juegos Olímpicos de Río 2016 junto a Mariana Foglia. 

“Quería devolverle a las nuevas generaciones todo lo que aprendió en su campaña olímpica. Fue un apoyo clave en nuestra preparación”, dijo Regusci quien fue el líder del proyecto y tuvo que insistir a fondo a Coll para convencerla de ser su tripulante. 

“Tengo la piel sensible, y cuando me veo llena de moretones me pregunto por qué no me quedé jugando el hockey. Además, el frío duele, quedo violeta y el agua te corta la circulación cuando está congelada, el abrigo aunque nunca es suficiente y el mayor problema es cuando parás o cuando salís”, Cecilia Coll.

“Le dije que saliera a navegar una sola vez y que si no le gustaba no le pedía más”, confesó. “Pero me encantó y acá estamos”, dijo ella. En Buenos Aires, evento al que se clasificaron en el Norteamericano de 2017 disputado en Miami donde le ganaron la plaza a Chile. 

“En Buenos Aires somos 14 barcos y aspiramos a quedar entre los siete u ocho primeros”, dice Regusci. 

“También queremos disfrutar del evento y que esto sea la preparación para poder llegar a un Juego Olímpico de mayores”, agrega Coll. De la adrenalina se encarga el barco. 

La preparación 

El binomio entrenó en el Nacra 17 de Defazio-Foglia y cuando estos lo vendieron consiguieron un F18, un barco catamarán similar. En Nacra 15 solo corrieron en torneos internacionales donde la organización provee barcos iguales para todos por sorteo, como en Buenos Aires. 

Los costos

“Cuando querés hacer una campaña olímpica, además de invertir mucho en materiales como velas, orzas o timones, tenés que ir a competir a Europa y eso implica viajar, alquilar otro barco o comprarlo, alquilar un gomón, pagar entrenador y hacer seis o siete campeonatos por año de nivel, para nosotros eso es imposible”, expresa Regusci. 

Así les va

10º puesto es el que ocupan ocupan en Buenos Aires tras cinco regatas disputadas: 10º, 15º, 5º, 7º y 13º. El jueves y viernes vuelven a correr.

Las frases

"Además de entrenar con Pablo Defazio lo hicimos con Guillermo Moreira que es el técnico del YCU para los barcos olímpicos. Fueron claves en nuestro aprendizaje".

"El Río de la Plata es una gran escuela para navegar pero Montenvideo y Buenos Aires tienen sus diferencias, acá es más profundo, hay más ola y el agua a veces es dulce y a veces salada por lo que el barco flota más que en el agua dulce que hay siempre en Buenos Aires", Ignacio Regusci 
 

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