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Justin Timberlake vuelve al Superbowl con un disco más afro

No es la superestrella pop Justin Bieber, sino Timberlake, quien editó un nuevo disco y cantará este domingo en el intermedio musical

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04 de febrero de 2018 a las 05:00

Cuatro años después de grabar un dueto con Michael Jackson, prueba fehaciente de su ADN común, y de coronarse brevemente en 2016 como nuevo "rey del pop" con el hit Can't stop this feeling, Justin Timberlake vuelve más sucio y sureño, con el oído puesto en otro ídolo de la realeza musical, y dispuesto a tomar el mundo del pop por asalto, pasando a ser el Justin más relevante en lugar del exitosísimo Bieber.

En Man Of The Woods, quinto álbum de estudio de su carrera en solitario que se publicó este viernes, ocho años después del disco doble The 20/20 Experience, Timberlake cargó las guitarras y los juegos lúbricos de palabras hasta hacer inevitables las comparaciones con el otro príncipe de la industria, el más genuino en realidad, Prince.

Timberlake, el otrora llamado "príncipe del pop", cumplió el jueves 37 años y lo celebra con la salida de un trabajo que empapa las formas del icono de Minneápolis con las músicas del suroeste estadounidense: country, blues, rock and roll, rockabilly, funk, r&b y, por supuesto, soul de Memphis, de donde procede el rubio intérprete y compositor.

Quizás no es la idea a la que conduce de primera ni el título, ni la portada del disco, en la que su autor cambia el esmoquin y el corbatín de The 20/20 Experience por la ropa informal (jeans y camisa a cuadros) y un paisaje bucólico de pinos más propio de un artista folk a lo Bon Iver.

Timberlake explicó que Man Of The Woods hace referencia a Silas ("pequeño lobo", según algunas traducciones), que es el nombre del hijo nacido en estos años de silencio discográfico de su unión con la actriz Jessica Biel, quien también participa en algunos cortes y figura en los créditos como Jessica Timberlake.

Ganador de 10 premios Grammy y cuatro Emmy, Timberlake ha vendido más de 32 millones de álbumes y en la noche de este domingo vivirá otro episodio para su gloria personal.

Se trata, dijo, de su disco "más ambicioso", como si desde el revolucionario FutureSex/LoveSounds (2006) no se hubiese caracterizado por ofrecer un "plus" en cada uno de sus trabajos, templados siempre a fuego lento. Esta vez la idea era asumir su propio influjo rock y revestirlo de vanguardia.

Para ello se ha rodeado de una confluencia de productores que sorprende más que nunca por su número y prestigio: Danja (colaborador de Madonna y Britney Spears), Rob Knox (Rihanna, Prince Royce), Eric Hudson (Mary J. Blige, Trey Songz), J-Roc (Beyoncé, Missy Elliott) y Timbaland (junto al que definió el sonido del citado FutureSex/LoveSounds).

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Suyo es el arranque arrollador con Filthy (sucio, en español), primer sencillo que se dio a conocer y también el más chocante de todos los cortes, quizás demasiado en una primera escucha para los oyentes ávidos de sinuoso rythm and blues, golpeado aquí por oleadas de cuerdas eléctricas y apocalípticas y un magnetismo vocal que bien podría haber asumido Prince como propios. La guitarra eléctrica juega un papel fundamental frente a discos previos y, en ese sentido, cabe destacar el aporte de su inseparable Elliott Ives, de su banda The Tennessee Kids y con influencias mixtas de funk, hip hop y rock clásico.

Además de la participación en Morning light de Alicia Keys, resulta fundamental a lo largo de todo el álbum el aporte de The Neptunes, dúo conformado por Pharrell Williams y Chad Hugo, cuyo toque se hace especialmente evidente en Midnight summer jam, el segundo corte. Porque la música negra sigue ahí irremediablemente, aunque los titulares se los llevará por novedosa la incorporación del country a su repertorio, reforzada a través de colaboraciones como la de Chris Stapleton y algún que otro ukelele y steel guitar.

Ganador de 10 premios Grammy y cuatro Emmy, Timberlake ha vendido más de 32 millones de álbumes y en la noche de este domingo vivirá otro episodio para su gloria personal como protagonista del intermedio musical del Súper Bowl. Allí probablemente sonará Filthy y quizás entonces pueda Timberlake, desde su clave sureña, conjurar el lujurioso espíritu de Prince.

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