Al iniciar el juego, nuestro protagonista (un rey o una reina; la designación es aleatoria) aparece en un oscuro bosque montado a caballo. Al salir de allí encuentra un páramo y algunos desposeídos vagando sin rumbo. Unos monedas mediante y pasan a ser sus vasallos, a los que se puede entrenar como arqueros, obreros, campesinos y –eventualmente– caballeros. Con estos primeros reclutas, se enciende el que será el fuego del campamento principal. No es menor la mención al fuego. Si ha sido siempre la luz que hace retroceder a la oscuridad, en Kingdom esto no será la excepción. Construir velozmente es imprescindible: con la llegada de la noche llegan las criaturas.
Kingdom: el peso de la corona
Este juego propone de una manera tanto novedosa como nostálgica la construcción y defensa de un territorio en un alucinante viaje de estrategia