19 de mayo 2024
Dólar
Compra 37,45 Venta 39,65
2 de febrero 2020 - 5:00hs

Siempre hubo algo enigmático en la fascinación que ejerció Kobe Bryant durante toda su vida, hasta esta muerte abrupta, en un accidente de helicóptero que dejó consternada a toda la familia de la NBA en el mundo entero.

Bryant jugó durante 20 temporadas en la mejor liga del mundo, donde estaban los mejores de todo el planeta. Vistió durante toda su carrera los colores de Los Angeles Lakers, el club del espectáculo en la ciudad del espectáculo; el club donde había jugado su ídolo de la infancia, Magic Johnson.

Salió campeón cinco veces, fue elegido mejor jugador de la temporada una vez y participó en el juego de las estrellas 18 veces. Se retiró en el tercer lugar en la carrera de los máximos anotadores de todos los tiempos, con 33.643 puntos, por detrás de Kareem Abdul-Jabbar y Karl Malone. El día anterior a su muerte fue sobrepasado en esa lista por LeBron James.

Más noticias

Sin embargo, el público nunca se rindió a Kobe Bryant con la facilidad que sí lo hizo por Magic Johnson o por Michael Jordan. 

Kobe entró en la NBA en plena era Jordan. El jugador de los Chicago Bulls era la fuerza dominante del juego cuando Bryant llegó a la NBA sin pasar por la universidad, en 1996.

Para este jovenzuelo a quien sus padres tuvieron que firmarle el primer contrato, porque todavía no había cumplido 18, su destino estaba muy claro: superar a Jordan.

Uno de los trucos que ideó para lograr tal hazaña fue estudiar al detalle cada movimiento de la superestrella y después recrearlo en la cancha. Tenía tanto talento y era tan obsesivo que llegó a calcar las jugadas más espectaculares de Jordan e incluso los mismos tics para expresar su arrogancia invicta.

A diferencia de Jordan, Bryant debió luchar por el liderazgo en su propio equipo, porque el mismo año en que llegó también lo hizo el hombre grande más dominante del momento y uno de los más dominantes de todos los tiempos: Shaquille O’ Neil.

Juntos ganaron tres campeonatos seguidos, en 2000, 2001 y 2002, pero cada vez quedaba más claro que no cabían los dos en el mismo equipo. La hinchada de los Lakers se dividió entre los incondicionales de Shaq y los de Kobe, y lo mismo sucedió entre los dirigentes del club. Finalmente Kobe ganaría la partida y el club dejaría ir a O’ Neil.

Durante esa primera etapa, Kobe tenía tantos admiradores como detractores, incluso en la ciudad de Los Ángeles. En ese contexto, en 2003, fue acusado de violación por la empleada de un hotel en Colorado, donde estaba haciendo una rehabilitación física.

La fiscalía de Colorado tomó el caso y se fue a juicio, pero se suspendió cuando la víctima decidió no declarar. Luego se formalizó un caso civil, que también se suspendió por un acuerdo entre acusadora y acusado. 

Bryant perdería varios de sus sponsors, aunque luego los iría recuperando y seguiría jugando durante 13 años, en los cuales volvió a salir campeón dos veces, sin Shaquille.

El “incidente de Colorado” fue un punto de inflexión en su trayectoria. Kobe dejó de querer convencer a todos y adoptó el papel de villano, con un sobrenombre que sacó de una película de Tarantino: Black Mamba.

Los últimos años de su carrera estuvieron plagados de lesiones y al empezar la temporada 2015-2016 anunció que esa sería la última, con la publicación en The Players Tribune de un poema de su autoría, “Querida pelota”, que luego se adaptaría al cine con su propia locución y ganaría el Oscar al mejor corto animado.

Durante esa última temporada cada partido era una despedida: la última vez en Nueva York, la última vez en Boston, la última vez en Los Ángeles, que fue su último partido, contra Utah y en el que Bryant convirtió 60 puntos.

Daba toda la impresión de que empezaba otro gran capítulo que traería logros también asombrosos, como narrador, como creador de historias, como mentor, pero no pudo ser. 
 

Temas:

Kobe Bryant

Seguí leyendo

Te Puede Interesar