La escritora bielorrusa Svetlana Alexiévich, galardonada hoy con el Premio Nobel de Literatura 2015, es una maestra del reportaje literario, género con el que relata con toda su crudeza el fracaso de la utopía soviética.
La escritora bielorrusa Svetlana Alexiévich, galardonada hoy con el Premio Nobel de Literatura 2015, es una maestra del reportaje literario, género con el que relata con toda su crudeza el fracaso de la utopía soviética.
La Guerra de Afganistán, acontecimiento que precipitó la desintegración soviética, es el protagonista de Los chicos del zinc (1989), pero desde el punto de vista de los veteranos y de las madres de los caídas en el país centroasiático.
Para escribir esa obra, Alexiévich dedicó cuatro años a viajar por la Unión Soviética e incluso visitó Afganistán, pero su publicación estuvo rodeada por la controversia, ya que la escritora fue acusada de profanar la memoria de los héroes de la guerra.
Una vez consumada la caída de la URSS, Alexiévich dio una nueva vuelta de tuerca en su investigación sobre el fracaso de la utopía comunista con Hechizados por la muerte, un reportaje literario sobre el suicidio de aquellos que no soportaron el fracaso del mito socialista (1994).
Voces de Chernóbil (1997) documenta las vivencias orales sobre el trauma que supuso la mayor catástrofe nuclear de la historia de la humanidad (1986) y que puso de manifiesto la amenaza que el fallido proyecto soviético representaba para el resto del mundo.
Alexiévich cerró el ciclo sobre el "homo sovieticus" con Tiempo de segunda mano, publicada en 2013, un año en el que sonó como una de las favoritas al Nobel.
En su opinión, el título de ese libro alude a que los soviéticos viven de prestado, ya que no estaban preparados ni para la Revolución Bolchevique, ni para la Perestroika, ni para la pesada carga de libertad que trajo la caída del sistema comunista.
"El homo sovieticus nunca ha tenido experiencia de libertad o democracia. Creímos que nada más derribar la estatua de (el fundador del KGB, Félix) Dzherzhinski, seríamos Europa. La democracia es un trabajo duro que lleva generaciones", indicó.
La escritora rememora el viejo debate entre Alexandr Solzhenitsin -"el campo de trabajo hace al hombre más fuerte"- y Varlam Shalámov, quien opinaba que "el campo destruye al hombre, ya que al salir ya no puede seguir viendo, pues cree que el mundo entero es un GULAG".
Los interlocutores de Alexiévich están atenazados por un profundo "sentido derrotista", no tanto por la decepción que supuso la caída de la Unión Soviética, sino por el fin de un gran imperio.
Comparada a menudo con Solzhenitsin y con el polaco Ryszard Kapuscinski, la bielorrusa, autora de tres piezas teatrales y de 21 guiones para cine, prepara ahora una nueva novela que se aleja de su ciclo rojo: el amor