El adjetivo de la bajada de esta nota no tiene nada de irónico ni de reprobatorio. Conviene aclararlo desde el principio porque en esta variante de programas de concursos, tan dados a ser una mera excusa para la explotación de eventos de farándula (peleas, escándalos, acusaciones subidas de tono y demás concepto de TV chatarra) siempre lo que se concibe como “artístico” es un concepto difuso que apenas sirve como legitimación de todo lo otro que sucede y que en realidad hace a la venta del programa y, aparentemente, al rating.
La cara más buena del circo de Tinelli
Soñando por cantar pasó por el Palacio Peñarol con una superproducción, jurados “cariñosos” y récord de aceptación