La otra opción, a todas luces más atractiva, es buscar una salida que podría dejar contentas a las dos partes y asegurar un período de algunos años de paz. Esto, no obstante, implicará ceder en algo a las exigencias palestinas.
El siguiente paso
En el gabinete israelí se hacen más fuertes las voces de los halcones que piden una operación militar por tierra que no se limite a la eliminación de los túneles que ingresan a Israel, y permiten a los yihadistas realizar atentados en su territorio. Pero en oposición, Netanyahu estaría feliz de pactar un cese al fuego que ponga fin a las hostilidades, en base a la propuesta presentada por Egipto y sobre la cual trabaja el secretario de Estado de EEUU, John Kerry, según medios israelíes.
“El objetivo final de Israel en el conflicto de Gaza es convencer a la dirección de Hamas de que los futuros ataques contra Israel son demasiado costosos para llevarse a cabo”, señala Daniel Byman en un análisis publicado por Foreign Policy.
Por eso, afirma, la respuesta de Israel es dura, aunque las más de 840 víctimas –en su mayoría civiles– empañen su imagen en el mundo y condicionen el apoyo de sus principales aliados.
Si bien Estados Unidos mantiene el respaldo incondicional al derecho de Israel a defenderse de los misiles que dispara Hamas, el incremento de las víctimas civiles ha llevado a la administración Obama a tomar una posición más activa en la búsqueda de un cese al fuego. Washington también ha sido enfático al pedir que los ataques reduzcan al mínimo las muertes de inocentes. Eso no solo no se está logrando, sino que se agravaría con una ofensiva terrestre a gran escala.
La comunidad internacional también está elevando la presión sobre Israel. La ONU condenó los ataques sobre civiles y su Consejo de Derechos Humanos acordó el miércoles –con la negativa exclusiva de EEUU– realizar una investigación por posibles “crímenes de guerra” cometidos por Israel en Gaza.
Costo-beneficio
El efecto disuasorio que busca Israel también puede quedar en entredicho si las acciones se postergan en el tiempo. Por un lado, la imposibilidad de las Fuerzas de Defensa de Israel (IDF) de detener el lanzamiento de misiles desde la franja de Gaza es un estímulo para Hamas. Es cierto que hasta el momento el IDF ha reivindicado la destrucción de unos 30 túneles que ingresaban a territorio israelí y la neutralización de decenas de puntos de lanzamiento de cohetes, pero el tiempo dirá si el costo asumido vale el logro conseguido y si es suficiente para detener los ataques terroristas y las incursiones en territorio israelí.
La invasión por tierra ya provocó más víctimas militares (34) que las operaciones Plomo Fundido en 2008 –en la que murieron 1.200 palestinos y 13 israelíes– y Pilar Defensivo en 2012. Un número elevado de bajas militares puede volcar en contra del gobierno a la opinión pública en Israel y fortalecer la posición de Hamas.
Además, la posibilidad de que soldados israelíes puedan ser capturados –vivos o muertos– por los islamistas se incrementa con la extensión de las acciones en territorio gazatí, con el riesgo de elevar el poder de negociación futuro de los islamistas. Ese factor también contribuye a socavar el factor disuasorio de la operación.
El último soldado israelí capturado por Hamas, Guilad Shalit, fue intercambiado por más de 1.000 prisioneros palestinos luego de permanecer más de cinco años en cautiverio. En la operación actual, IDF ya tuvo que admitir la desaparición de uno de sus soldados, Oron Shaul, que ayer fue dado por muerto. Antes, Hamas había reivindicado su captura sin especificar si estaba vivo. No sería la primera vez que Jerusalén accede al intercambio de prisioneros palestinos para recuperar el cuerpo de uno de los suyos.
En los últimos días Hamas también ha logrado pequeñas victorias.
Por un lado, consiguió la cancelación por 48 horas de los vuelos a Tel Aviv que realizan las cuatro mayores aerolíneas de Estados Unidos, luego de que un misil cayera a unos tres kilómetros del aeropuerto Ben Gurion. Más allá de que las autoridades israelíes afirmaron que no había ningún riesgo de que la terminal aérea fuera alcanzada, la decisión de las aerolíneas fue luego secundada por varias compañías europeas, entre ellas Lufthansa, Air, Berlin, Air France e Iberia, entre otras.
Por otro lado, el hecho de que ningún alto mando de Hamas, ni político ni militar, haya sido eliminado hasta el momento, también puede ser visto como un golpe para Israel.
En la vereda de enfrente, el aumento de las muertes civiles está logrando que Hamas capitalice en su favor el respaldo popular de los gazatíes, que perciben a los grupos armados como la resistencia palestina al invasor.
El 22 de julio, el sitio electronicintifada.net –que respalda la causa palestina– publicó una carta firmada por una centena de académicos, activistas y figuras públicas de Gaza en la que realizan un llamado al cese del fuego, pero solo si se cumple con las condiciones que hoy exige Hamas.
La carta también afirma que el grupo armado “representa el sentimiento de una vasta mayoría de los residentes de Gaza” y que un cese del fuego que ignore las exigencias palestinas significaría “restablecer el status quo con todas las restricciones que Israel impone al territorio palestino”, lo que significaría volver a “la muerte en vida”.
Esa clase de respaldo es la que lleva al líder de Hamas en el exilio, Jaled Meshal, a declarar desde Catar no estar dispuestos a aceptar una tregua con Israel hasta ser escuchados. “Todo el mundo quiere que aceptemos un alto el fuego y después negociemos nuestros derechos. Pero no aceptamos esto ni lo vamos a aceptar”, dijo Meshal esta semana.
Toma y daca
La actual rigidez en la posición de Hamas condiciona a Israel a mantener la ofensiva o a ceder a las exigencias de los islamistas.
Pero cumplir con las condiciones, sin conseguir un desarme de Hamas, podría plantar la semilla de un nuevo y más amplio conflicto.
Los islamistas, por un lado, piden el levantamiento del bloqueo económico que sufre la franja de Gaza desde 2007 y la apertura de todos los pasos fronterizos, incluyendo el de Rafah con Egipto.
Junto a eso, exigen la liberación de todos los detenidos que debían ser excarcelados a cambio de la liberación de Shalit, pero que todavía continúan presos o fueron recapturados.
Un análisis de Barak Ravid, publicado por el diario israelí Haaretz, repasa las opciones para Israel y concluye que el gobierno de Netanyahu se encuentra en “un aprieto”.
Menciona, no obstante, la posibilidad de recurrir a un acuerdo que ponga fin a las hostilidades similar al alcanzado en 2006 en la segunda guerra del Líbano.
Esa idea ha estado presente en conversaciones en el ámbito del Ministerio de Defensa, de los asesores de Netanyahu y del Ministerio de Relaciones israelí, afirma Ravid, en referencia a la resolución 1701 de la ONU que puso fin al conflicto con Hezbollah.
Los principios planteados en esa resolución –que avanzaba en la desmilitarización del sur de Líbano, el aislamiento internacional de Hezbollah, y el despliegue de observadores internacionales en la zona– podrían servir de metas diplomáticas de Israel, afirma el analista. No obstante, implicaría ceder también a los reclamos palestinos.
Ravid señala que una resolución de la ONU debería incluir los siguientes aspectos.
* Una declaración de que la autoridad legítima en Gaza es el gobierno del presidente Mahmoud Abbas de Al Fatah, lo que obligará a Israel a trabajar con un gobierno de unidad palestino que incluya a Hamas. Este extremo ha sido rechazado por Israel desde que el partido de Abbas se reconcilió con Hamas, lo que puso fin a las negociaciones de paz con Israel.
* Un nuevo despliegue de las fuerzas de la Autoridad Palestina en las fronteras de Gaza y en los cruces con Israel y Egipto.
* La construcción de un mecanismo que asegure la desmilitarización de la franja de Gaza de misiles, túneles y armamento pesado, junto al envío de inspectores de la ONU.
* Cambios significativos de Israel en su política referente a los cruces fronterizos, en especial para el paso de personas y mercancías entre Gaza y Cisjordania.
* La rehabilitación de la economía y la infraestructura de Gaza bajo supervisión internacional, para evitar el desvío de materiales a la construcción de túneles y búnkers de armamento.
El análisis de Haaretz recuerda que la resolución 1701 que puso fin a la guerra con Hezbollah no fue perfecta, y que incluso uno de sus principales críticos fue el hoy primer ministro Benjamin Netanyahu.
Sea cual sea el camino que se tome, en ningún caso será una victoria plena para ninguno de los contendientes. Hoy por hoy, la variable de ajuste parece ser cuántas víctimas inocentes, de un lado y de otro, están dispuestos a tolerar los involucrados y la comunidad internacional.
El enfrentamiento se extiende a Cisjordania
El conflicto en Gaza generó tensiones en la ocupada Cisjordania. Varios médicos dijeron que cinco palestinos murieron en incidentes separados cerca de las ciudades de Naplusa y Hebrón, incluyendo un disparo que testigos dijeron que fue realizado por un colono judío. El jueves por la noche, 10.000 manifestantes marcharon en solidaridad con Gaza, cerca de Ramallah