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La derrota del cuerpo

La mente de Tom Petty decía una cosa, el cuerpo dijo otra

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22 de enero de 2018 a las 05:00

De pronto la vida pasa factura y en un santiamén la juventud queda definitivamente atrás. Se convierte en la gran utopía concluida, en un tiempo imposible de rebobinar. Aunque el calendario y ciertos momentos de pasajera intensidad puedan hacer pensar en un fulgor de juventud recobrado, todo no es más que una ilusión.

Cuando la vejez llega, se hace notar de la peor forma: con dificultades para hacer que el cuerpo cumpla las órdenes de la mente, con notorio deterioro físico, y dolores que se pueden hacer intolerables. Si bien nadie escapa a este panorama, no deja de sorprender cuando la víctima es una estrella de rock and roll, la cual en el escenario representa la imagen de la eterna juventud, tocando en vivo canciones que la hicieron famosa hace 30 o 40 años, como si no hubiera pasado un día entre ese tiempo y el presente.

Sin embargo, cuando el cuerpo vuelve a la realidad lejos de los reflectores y de los aplausos, la soledad del dolor se hace presente de igual forma que en cualquier otro mortal. Aunque seguía componiendo, tocando a toda máquina, y viajando de un lado a otro con energía similar a la de sus comienzos, Tom Petty estaba aquejado de varias dolencias: sufría de enfisema pulmonar, de problemas en una rodilla, y tenía una cadera fracturada, cuyos dolores debió soportar durante la gira previa a su muerte, que incluyó 53 conciertos, de tres horas y pico cada uno.


El extraordinario compositor y cantante había ido perdiendo control de su cuerpo y en la última noche de su vida sintió que tomar cualquier riesgo era mejor que seguir tolerando el dolor que le impedía tener una percepción lúcida de la realidad.

Según informó su familia el viernes pasado, Petty recurrió a los calmantes que le había recetado el médico, pero como no hicieron efectos, subió la dosis por su cuenta y los mezcló. Con opioides quiso matar al dolor, pero en la batalla el que salió derrotado fue el corazón. La mezcla de poderosos analgésicos produjo el paro cardiaco que terminó con su vida el pasado 3 de octubre. No hubo forma de reanimarlo. Tenía 66 años.

Poco antes había dicho que tenía energía como para seguir por 10 años más en los escenarios. La mente decía una cosa, el cuerpo dijo otra.
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