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Archivo. Fachada del Banco Central Europeo

Mundo > Aumento de tasas en EEUU y Europa

La economía mundial con pronóstico reservado

La suba de tasas de la Reserva Federal y la que concretará en julio el Banco Central Europeo podrían desembocar en una recesión global. En la zona del euro, además, asoma una nueva crisis de deuda soberana 

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16 de junio de 2022 a las 09:19

Aunque en línea con lo que recomiendan los manuales y con lo que esperaba la mayor parte de los analistas e inversores para frenar la inflación, la decisión de la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed) y el Banco Central Europeo (BCE) de endurecer sus políticas monetarias en forma agresiva pone a la vuelta de la esquina un panorama recesivo.

Para el Banco Mundial (BM) se trata del mal menor frente la posibilidad de un largo período de estanflación -suba de precios y débil crecimiento- como el que atravesó la economía mundial en la década del 70, cuando el precio del petróleo se cuadruplicó entre 1973 y 1974 -por la decisión de la Opep de suspender sus envíos a Estados Unidos, en represalia por el apoyo de Washington a Israel en la guerra de Yom Kipur-, y luego se duplicaron entre 1979 y 1980 -en esa ocasión, por el derrocamiento del Sha de Irán-.

La determinación de la Fed de ubicar sus tasas de referencia que rigen el costo del dinero en un rango de entre el 1,5 y el 1,75 por ciento anual, sin bien amortiguará la inflación -que alcanzó un pico interanual del 8,6 por ciento en mayo, y podría subir aún más en julio-, también frenará el gasto de los consumidores estadounidenses, que ya descendió según el Departamento de Comercio el mes pasado un 0,3 por con relación a abril, cuando la expectativa era que creciera un 0,2 por ciento.

El tema de los precios ocupa un lugar casi excluyente en la agenda de la Casa Blanca. Tanto el presidente Joe Biden, como el titular de la Fed, Jerome Powell, y la secretaria del Tesoro, Janet Yellen, están en el centro de las críticas. En la primavera de 2021 desestimaron los primeros indicios de la aceleración. La calificaron como “transitoria”. En el otro se bando alineaban los que la señalaban como “permanente”. El comunicado de la Fed llegó para subsanar la cuestión. Subraya la "fuerte determinación de llevar la inflación al objetivo del 2 por ciento anual".

El texto deja en claro que la “fuerte determinación” refleja la posición de la mayoría de los integrantes del Comité de Política Monetaria (CPM). La mayoría estimó que las tasas deberán ubicarse en un rango de entre el 3,25 y el 3,50 por ciento hacia fin de año para lograr la meta. Un sacudón. El mismo Powell, en conferencia de prensa, estimó que es “muy probable” un nuevo incremento de hasta 75 puntos porcentuales en julio.

"En retrospectiva, probablemente hubiera sido mejor subir las tasas antes", admitió Powell el mes pasado en una entrevista con The Wall Street Journal. También Yellen reconoció su error, en este caso al comparecer ante el Congreso. Lo concreto es que la suba, la mayor en 27 años, llegó luego de que Biden recibiera en la Casa Blanca al titular de la Fed, organismo en teoría independiente del Poder Ejecutivo.

El CPM tomó la decisión en su primera reunión desde que Powell comenzó oficialmente su segundo mandato y luego de que la demócrata Lael Brainard se convirtiera en vicepresidenta de la entidad. La reunión, además, estuvo caracterizada por el arribo de dos nuevos gobernadores: Lisa Cook, la primera afroamericana en ocupar ese cargo, y Philip Jefferson, un académico que tuvo el absoluto respaldo de los senadores republicanos durante el proceso de designación.

Por lo pronto, Biden seguirá pagando el costo político por ser el rostro a quien los estadounidenses culpan por tener que abonar 5 dólares el galón (3,7 litros) de gasolina. Un tema complicado para los demócratas. Los republicanos también cavan en la grieta. Aprovechan el malhumor social de cara a las elecciones de medio término de noviembre. Una votación de enormes consecuencias para la segunda mitad del mandato de Biden. Se renovarán 435 escaños de la Cámara de Representantes y un tercio de los miembros del Senado.

Biden, en tanto, continúa culpando a su par ruso, Vladimir Putin, por la escalada de los precios de los combustibles y alimentos, al tiempo que The Washington Post y The York Times dan cuenta de off the records en los que los funcionarios de la Casa Blanca admiten que la Fed no podrá llevar la inflación a un nivel razonable antes de los comicios. Según estimó el organismo, la tasa de desempleo quedará en el 3,7 por ciento a fines de este año. De cumplirse será una buena para Biden. apenas por encima (+0,2%) que la estimación de la reunión anterior. Muy cerca del nivel de febrero de 2020, el más bajo de la historia del país. La noticia, sin embargo, llegará tarde a las urnas.

En lo inmediato, el panorama se perfila muy complejo. En un país donde el crédito es el principal lubricante del consumo, la tasa de interés promedio de la línea de préstamo hipotecario más popular subió a su nivel más alto desde la crisis financiera de 2008 y las solicitudes de compra cayeron un 15 por ciento con respecto a 2021, informó esta semana la Asociación de Banqueros Hipotecarios. Según la entidad, “el stock de viviendas se encuentra en un mínimo histórico y la falta de acceso al crédito junto con el aumento de las tasas han afectado la demanda”.

Antes del endurecimiento de la FED, la tasa fija para una hipoteca a 30 años había aumentado un 0,25 por ciento y se ubicaba en el 5,65 por ciento anual. Por encima del nivel que registraba cuando comenzó la crisis de las subprimes y arrancó la última gran recesión. La situación promete complicarse todavía más para los deudores. Al subir las tasas de la Fed, también suben los rendimientos de los bonos del Tesoro, que funcionan como referencia para los créditos hipotecarios.

Si la inflación es un problema, no menor es la caída en el nivel de actividad que se espera. Horas antes que la Fed anunciara la suba de las tasas, el propio organismo informó que la actividad manufacturera en la región de Nueva York aumentó en junio, pero “no lo suficiente como para compensar la caída de mayo”. La desaceleración está en macha. Seguramente, se acentuará y la posibilidad está en línea con la estimación del CPM, que recortó al 1,7 por ciento su previsión de crecimiento económico.

Más allá de la responsabilidad que Biden le achaca a Putin, los analistas afirman que las causas que contribuyen a la inflación son varias. Señalan un gasto fiscal excesivo, un mercado laboral al rojo vivo, el salario en aumento a máximos en una generación y los shocks por el lado de la oferta global, primero por la pandemia y ahora por la guerra entre Rusia y Ucrania.

La Fed, además, está preocupada por la expectativa inflacionaria, que reduce las barreras para que las empresas no aumenten los precios, mantiene a los consumidores gastando en forma acelerada y, sobre todo, erosiona la credibilidad del organismo. Hace menos de un mes, Biden puso a Powell en el centro de la escena cuando dijo que el organismo, y no la Casa Blanca, jugaría un rol central en el combate contra la inflación.

Una forma de admitir el fracaso del grupo de trabajo que creó mediados del año pasado con empresas minoristas y líderes de logística para enfrentar los problemas en las cadenas de suministros y que, adicionalmente, se enfocó en las acciones anticompetitivas en sectores clave; además de comenzar a liberar reservas estratégicas de petróleo para amortiguar la suba del precio de los combustibles. Hoy, las reservas acumulan una caída de 100 millones de barriles y se ubican en el nivel mínimo de los últimos 35 años, según la Agencia de Información sobre Energía. Sin embargo, el precio de los combustibles siguió subiendo.

Las tensiones en la eurozona

El panorama no es menos complejo en Europa. El Banco Central Europeo (BCE) también está obligado a un delicado equilibrio. Deberá subir sus tasas para contener la inflación y, al mismo tiempo, sostener el nivel de actividad en la zona del euro. En este caso se suman las tensiones que generan las deudas soberanas de los países del sur, en particular de Italia.

Las turbulencias en el mercado de deuda soberana comenzaron cuando el BCE anunció hace una semana el fin de la era del dinero abundante y barato. Siguiendo a la Fed y a otros bancos centrales importantes, anunció por primera vez desde 2011 que elevará su tasa de referencia un 0,25 por ciento en julio. Además, anticipo una nueva suba, muy posiblemente mayor, en septiembre.

La reacción del mercado obligó a la presidenta del BCE, Christine Lagarde, a convocar a una reunión de urgencia por la disparada de las primas de riesgo que pagan los países más endeudados. En un intento por retomar el control, afirmó que la decisión para la suba de las tasas para frenar la inflación es compatible con la intención de reducir los excesivos diferenciales que afrontan las economías del sur con relación a las del norte.

El objetivo es alejar el fantasma de una nueva crisis de deuda, como la que puso a la eurozona al borde de la ruptura en 2010. Los guardianes del euro se comprometieron a flexibilizar su política de recompra de bonos del plan de emergencia lanzado durante la pandemia -conocido como PEPP-, mediante el cual el BCE adquirió ya deuda pública por 1,8 billones de euros entre marzo de 2020 y marzo pasado. Además, prometió diseñar un nuevo instrumento para combatir los diferenciales.

Para algunos analistas, el cambio de rumbo en la política monetaria conlleva el riesgo de que los estados se endeuden a niveles muy distintos. Los más frágiles serían penalizados Los inversores les exigirían primas más altas. En lo inmediato, el anuncio no causó el efecto buscado. Los diferenciales que pagan Italia, Grecia, España y Portugal siguieron ampliándose con respecto al bono del Tesoro alemán a diez años.

Sin márgenes para errar

Por el momento, a los mercados financieros de Estados Unidos y Europa les gustó la decisión de la Fed y la que adoptará el BCE en julio. Una política monetaria agresiva que cierra a nivel global los tiempos del crédito abundante y barato. Sin embargo, la inflación no cederá en lo inmediato. "Vendrá un período incómodo en el que la inflación será alta y los costos de endeudamiento también aumentarán", advirtió Kathy Bostjancic de Oxford Economics.

En un sentido similar se manifestó Gregory Daco, economista jefe de la consultora EY-Parthenon: "La mayoría de los bancos centrales de las economías avanzadas y algunos de los mercados emergentes están ajustando la política de manera sincronizada. Es un entorno global al que nos hemos desacostumbrado en las últimas décadas, y eso representará repercusiones en el sector empresarial y para los consumidores en todo el mundo", dijo a la BBC Mundo.

Se podría agregar que no solo eso. Habrá que ver cómo evoluciona la guerra en Ucrania y cómo afectará su dinámica los precios de las commodities, ya sea petróleo, gas, granos o metales. Lo mismo con la estrategia “cero Covid” de China, que ralentiza el comercio mundial. Por no citar la escalada geopolítica global y las correcciones que harán los mercados financieros en el futuro. La historia, al menos, es clara: la suba agresiva de tasas siempre trajo recesión. ¿Será el mal menor?, como señalan los manuales. Se verá.

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