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La educación, entre matones y corderos con diarrea

Los gremios docentes, pero particularmente el gremio de secundaria de Montevideo, violentó la dignidad de los estudiantes hasta el asco y sin límites.

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05 de noviembre de 2013 a las 00:00

Han ensayado todas las basureadas imaginables que solo se le pueden hacer a quienes nada tienen y a quienes no tienen a nadie que los defienda. Cuando se les acabaron los versos de la plata, los locales y los programas, un día pidieron seguridad en la puerta de los liceos, y pararon en pos de eso, y cuando le pusieron policías tratando de atender sus reclamos, entonces pararon porque no querían policías en los liceos.

Los gremios docentes, pero particularmente el gremio de secundaria de Montevideo, violentó la dignidad de los estudiantes hasta el asco y sin límites.

Una de las militantes radicales que junto a Jorge Zabalza e Irma Leites irrumpió violentamente en la Suprema Corte de Justicia era docente y fue procesada junto al resto de los que violentó la ley. Resultado: el gremio de docentes de Montevideo paró y dejó a los muchachos sin clases en defensa de esta militante radical.

En solidaridad con alguien que violó la ley -y podrían haberlo hecho de muchas maneras (se sugiere quemarse a lo bonzo como los monjes tibetanos, una fórmula que provoca gran impacto)- le hicieron perder clases a los estudiantes en una demostración más del grado de impudicia a que han llegado estos gremios con el aval de las autoridades.

Después de haberlas sometido a todo tipo de escarnio y de haberles hecho ver quien mandaba en la educación anunciando que no recuperarían los días de paro en vacaciones, los gremios lograron que las autoridades de Secundaria, que por imperio de la ley de Enseñanza no son otra cosa que exgremialistas, les descontaran los paros en cuotas.

A esta altura las heridas infligidas a la educación en su conjunto y a los alumnos en particular por parte de algunos gremios son tales que cualquier avance en la enseñanza solo será posible sobre la base de una derrota amplia y contundente de los sindicatos.

Pero mientras eso no pase el resto de la sociedad, la sociedad toda, la que manda a sus hijos a liceos públicos y ya bajó los brazos, la que no tiene hijos en el liceo o la que pudo salvarlos enviándolos al sector privado, deberá hacer una examen de conciencia, mirarse a sí misma y verse como al pusilánime que ve como en el recreo dos cobardes le pegan a uno más débil y él guarda compostura, mira para otro lado o, lo que es peor, observa la masacre con rostro impávido.

Los matones están descuartizando el futuro de los más débiles y ahí estamos todos, como corderos cagados, sin atinar a nada.

Mientras, la educación ha perdido toda referencia porque cuando los liceos dejan de funcionar por causa de la solidaridad con una delincuente, no hay dos lecturas: los liceos se convierten en una cueva de inmorales en los que, la verdad, resulta tan peligroso y dañino que haya paro como que haya clases, porque al fin y al cabo las van a dictar estos especímenes del sindicalismo local que, como dijo el poeta, reptando por oscuros laberintos imponen la moral de su estatura.

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