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La escasez de gas reaviva las polémicas en torno al uso de gas de esquisto en Alemania

La inminencia del invierno y la disminución del suministro de gas ruso han puesto sobre el tapete la discusión sobre posibles soluciones para cubrir la demanda energética

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17 de agosto de 2022 a las 17:28

Se avecina el invierno en Europa y una de las mayores preocupaciones para sus habitantes radica en la incertidumbre existente sobre la continuidad normal del suministro de gas ruso que en casos como el de Alemania representa el 50% de su abastecimiento doméstico.

Los planes de contingencia energética en Berlín ante un corte o disminución dramática del gas que viene del Este se pueden sintetizar en tres vías principales de acción que permitan superar la emergencia: la importación de gas licuado (LNG), la reapertura de plantas de carbón discontinuadas y aún la suspensión de los cierres programados de las plantas nucleares que aún funcionan en el país.

Sorpresivamente, en algunos sectores vinculados a las políticas energéticas y en el propio gobierno, toma cuerpo la idea de recurrir a la explotación de los depósitos de gas de esquisto mediante la práctica de la fractura hidráulica (fracking), técnica que está prohibida en Alemania y en varios países europeos por sus potenciales consecuencias negativas hacia el medio ambiente.

En lo inmediato, Berlín está construyendo aceleradamente la infraestructura portuaria y de almacenamiento para posibilitar la importación de LNG desde Estados Unidos, según un acuerdo firmado en marzo.

Para recurrir a la explotación del sale gas mediante el fracking en su territorio, Alemania tendría que modificar su legislación, ya que esa técnica se encuentra prohibida desde 2017, debido al impacto ambiental causado por el descomunal consumo de agua necesario, la introducción de químicos en el subsuelo que pueden afectar las napas subterráneas de agua y la liberación de gas metano, un gas de invernadero cuyo impacto en el calentamiento global es más de 80 veces mayor que el del anhidrido carbónico, según Sascha Boden, un experto en clima y energía de la Acción ambiental alemana (NGO).

La explotación del gas de esquisto está permitida en Alemania por métodos tradicionales de explotación, aunque sometida a rigurosas normas regulatorias y representa actualmente sólo el 5% del suministro total de gas. Los defensores del fracking sostienen que ambos sistemas son muy similares y que, si es posible controlar y regular el tradicional, también sería posible lograr una “buena” práctica del no tradicional.

Los yacimientos comprobados de gas de esquisto en Alemania están ubicados al noroeste del país, en la Baja Sajoni, Wesfalia y el Rhin del Norte, y según estimaciones de los especialistas podría representar entre 3 y 320 veces el volumen existente de gas convencional, aunque es posible que sólo la mitad de los yacimientos sean explotables a costos redituables.

Con respecto a la opinión que la sociedad tiene sobre el tema, una encuesta reciente mostró que sólo un 27% de los encuestados aceptaban el fracking como una solución de corto plazo para la crisis energética, mientras que un 81% apoyaba la expansión de la energía eólica.

Otras opciones, como el uso del carbón o el límite a la velocidad en las autopistas recibieron el 61% de apoyo cada una.

En el mundo de la política también las opiniones están divididas, Torsten Herbst, parlamentario miembro del Partido Demócrata Libre (FDP) que forma parte de la coalición de gobierno, opina que “bajo los modernos estándares de seguridad el fracking no causa daños relevantes al medio ambiente”.

También Holger Weiß, miembro del comité de tecnología del Parlamento, estima que “en la actualidad, el fracking puede ser realizado con un aceptable riesgo residual”.

En la vereda de enfrente, Robert Habeck, vicecanciller alemán y miembro del partido Verde disiente con sus socios de coaliciónpuntualizando que la técnica prohibida hasta hoy no es una solución a la crisis y que su eventual aprobación legislativa seria muy difícil.

KjellKuhne, un activista climático y director de la Iniciativa “Déjenlo en el suelo”, tachó de “oportunista” la apelación al fracking, ya que “serían necesarios varios años antes de poder extraer gas del subsuelo alemán”. Y agregó que “el fracking no nos dará nada ni este invierno ni el que viene”.

Para los defensores del medio ambiente, la solución pasa por acelerar la transición hacia energías de fuentes renovables y la disminución del consumo.

Gerald Neubauer, de Greenpeace, dijo que es crucial en esta fase de carencia de gas, el ahorro energético y la transición a fuentes de calefacción renovables, instrumentando una campaña masiva por el uso de bombas de calor (una nueva tecnología que aprovecha el calor residual del subsuelo), energía solar y el correcto aislamiento térmico de las viviendas.

De hecho, la medida adoptada por la Unión Europea el 9 de agosto que determina una reducción del 15% en el consumo de gas por los países miembros, parece ir en ese sentido.

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