21 de marzo de 2018 5:00 hs

Con el ingreso a la escuela el niño amplía su contacto con la sociedad y se inserta en el estudio, que pasa a ser la actividad fundamental durante esta etapa. El estudiante se enfrenta a un ambiente nuevo para aprender de sus maestras y lograr ser aceptado por sus pares. En el centro educativo, adquiere herramientas que lo ayudan a desenvolverse en el mundo adulto.

A partir de allí comienza a formar parte de un ambiente formal que le exige un desempeño objetivo en campos hasta ahora no explorados. El niño tiene que echar mano a las fortalezas acumuladas en las etapas anteriores de su desarrollo.

Podría decirse que se resume la historia previa y se vuelca hacia el descubrimiento y conquista de un mundo mucho más amplio, competitivo, agresivo, pero atractivo a la vez.

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Quienes transitan la etapa escolar suelen mostrarse muy interesados en aprender constantemente. Absorben conocimientos tanto del colegio como de su casa. Su capacidad de observación crece y su habilidad para memorizar está en su mejor momento.

Como todo momento nuevo, algunos aspectos pueden llevar más tiempo de lo normal. Por ejemplo, aprender a escribir y a leer. Muchos niños tienen dificultades para mantener el ritmo del resto de la clase en el desarrollo del aprendizaje. En estos casos no solo se ven dificultades con su propio idioma, sino que los problemas de lectura también se trasladan a una segunda lengua como el inglés. Esto puede llevar a que el chico pierda interés por el colegio y se crea que no sirve para estudiar.

Los padres pueden detectar estos problemas a tiempo al ver síntomas como morderse las uñas, tener irritación en la piel, estar más inquieto de lo normal, que falte concentración y que se noten dificultades para conciliar el sueño.

Por otra parte, es aconsejable mantener una comunicación estrecha con los maestros y funcionarios en el centro educativo. Es la manera de estar más presente en su proceso de aprendizaje y poder detectar de forma temprana si surge algún problema.

A tener en cuenta en casa

A pesar de que el mundo de referencia se amplíe con la escuela, la figura de los padres continúa siendo fundamental, por lo que hay que fomentar los hábitos saludables en el hogar. Son los padres quienes deben marcarle responsabilidades al niño paulatinamente.

Con respecto a su alimentación, hay que asegurarse de que coma sano y variado, tanto en el hogar como en las viandas y meriendas que lleva a la escuela. Es importante que incorpore frutas, verduras, pan, productos lácteos y proteínas.

Asimismo, es fundamental que el niño duerma entre nueve y once horas por noche, lo que debe darse de forma rutinaria. Es importante que no consuman alimentos o bebidas con cafeína antes de acostarse, ya que pueden retrasar el sueño.

En la misma línea, el niño debe hacer alguna actividad física o practicar un deporte. Muchos centros educativos los incluyen, pero en caso de que no se aconseja enviarlo a un club deportivo.

El deporte puede tomarse como un juego, que lo ayuda a aprender, a aumentar la confianza en sí mismo y a mejorar sus habilidades personales y sociales. Además, lo va a fortalecer físicamente.

Las computadoras y los juegos electrónicos solo deben usarse una o dos horas por día.

Se puede alentar al niño a que pruebe diferentes actividades creativas, como aprender a tocar un instrumento musical, participar de un taller de pintura, entre muchas otras. No es conveniente que los padres elijan el pasatiempo de sus hijos, es importante darle el lugar a él.

Se debe ser cuidadoso con que no sean demasiadas y sean acordes a su edad, para que no se frustre ni le resulte demasiado exigente.

Durante esta etapa es vital ayudar al niño para que adquiera cada vez más conciencia respecto a dónde están los riesgos de accidentes para prevenirlos. Así se comienza a cuidar de sí mismo, una herramienta fundamental para una sana independencia.

Los niños están expuestos a través de los medios de comunicación y de sus propios compañeros y amigos a muchas cuestiones relacionadas con la violencia, la drogadicción y la sexualidad, es importante que se les hable de estos temas en forma abierta para compartir inquietudes o corregir conceptos errados.

Para estimular al niño a que se exprese libremente –y hable de sus miedos e inquietudes- los padres deben demostrales interés en hablar sobre su día. El fin es generar una comunicación fluida.

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