Lebowski Fest es una celebración de todo lo relacionado con la comedia negra de culto de los hermanos Coen estrenada en 1998, El gran Lebowski. Es una fiesta de dos noches en honor a la historia del alivianado fumón caracterizado por Jeff Bridges y sus particulares compañeros de época, que normalmente se abre con actuaciones en vivo y la proyección de la película y que concluye con un tumultuoso campeonato de bowling –deporte oficial del filme– con concurso de disfraces de los personajes de la película a la noche siguiente. Es decir, una convención de fanáticos en todo sentido.
También es notoria la influencia de la ciudad sobre el festival. “Las convenciones en New York son bastante concurridas pero la gente llega sobre la hora, se gritan líneas de la película entre ellos y cuando todo termina se van...” sostiene. En Los Ángeles, las convenciones son más numerosas, explica Nord.
Con la arenga inicial de Will Russel, otro de los organizadores, dio inicio a la fiesta y al show de Chipocrite, un músico de Philadelphia que compone y adapta bandas sonoras al espectro musical de un gameboy. En esta ocasión, como no podía ser de otra manera, el set completo estuvo centrado en el soundtrack de la película y alcanzó el clímax con una enérgica versión en 8 bits de Hotel California.
El número siguiente le correspondió a Los Duderinos, tributo en formato metal (y por única vez) a la banda sonora del filme, que se paseó muy cómodamente entre versiones de Viva Las Vegas, Looking out my back door y The man in me.
Luego, pantalla gigante, película y la locura. Para este momento de la noche ya hay cerca de 400 fanáticos en la sala. Varios ya se han tomado un número interesante de White Russians (de hecho, a una de las barras del evento se le acabó el Khalua, compuesto esencial con el que se prepara la bebida preferida del protagonista de la película) y no es extraño que unos cuantos de ellos repitan a grito pelado cada gag clásico y absurdo de la película. Todos los Walter le gritan a los Donny presentes que se callen, todos los Dudes les dicen a los Jesus que “bueno, esa como que...tu opinión, loco” y todos los nihilistas le gritan a los Dudes que le van a cortar el “Johnson”.
Para el segundo día quedan reservadas varias referencias. Durante el campeonato de bowling se pudo ver más de una vez a Walter sacando una pistola de plástico del bolso, distintas versiones del baile de Jesus cada vez que caían los ocho pinos y el monólogo entero de “Con Jesus no se jode”. Es casi un detalle anecdótico que el campeonato lo haya ganado un equipo formado por dos Maudes, Bunny, un Nihilista y una alfombra.
Pero esta no es la única competencia que se lleva a cabo durante la LebowskiFest. En otro sector del Bowlmor Lanes se lleva a cabo un concurso de trivia “lebowskera” para los entusiastas menos agraciados en el arte de derribar pinos. Y la batalla es tan encarnizada como la pelea callejera que le cuesta la vida al personaje de Steve Buscemi. Luego de dos horas ininterrumpidas de preguntas y respuestas, Pete (un seguidor “incondicional” de la convención según sus propias palabras) se alza con el pequeño trofeo.
El plato fuerte de la noche lo protagoniza el concurso de disfraces. Es en este momento cuando muchos de los asistentes entran realmente en trance. Hacer mención solamente del ganador sería un acto de injusticia con el resto de los participantes, varios de los cuales aparentan estar incorporados por el espíritu del personaje al que representan.
“Estás entrando en un mundo de dolor”, fue la advertencia que Walter le extendió a Smokey para que no se marcara un strike por pisar la línea. Una advertencia similar debería lucir la entrada de esta convención. Entrar en la LebowskiFest no es entrar en un mundo de dolor, pero ciertamente es tan extraño como divertido